Llevamos poco aquí y no está resultando como queríamos, porque me tortura una lumbalgia recalcitrante y las caminatas que nos pegamos no son lo mejor para que ceda.
A cambio, menos mal, tenemos buen tiempo y ayer mismo disfrutamos de una visita interesante al museo de los refugios antiaéreos de la ciudad.
Aunque tomo medicación, la dichosa lumbalgia no cede. Así que es posible que nos volvamos a casa antes de lo pensado, para descansar mi espalda dolorida.
Este año JC disponía de bastantes días de vacaciones, así que las estamos disfrutando juntos. Verdaderamente no haciendo nada especial más que eso, estar juntos, que no es poco. Y así hemos celebrado Nochebuena, Navidad y Fin de Año con G y B. También con mi hermana y sus chicos, menos mal que ya por fin, después de dos diciembres de pandemia y aislamiento.
Llevo, entonces, un par de semanas de dolce far niente. Supongo que le vendrá bien a mi mente cansada. No tanto al cuerpo, porque estamos comiendo de más, el gran pecado de las fiestas navideñas. Habrá que empezar la dieta en cuanto esto acabe. Jajajaja. Absolutamente necesario.
La próxima semana volveré a las rutinas domésticas y creativas, incluyendo el curso de la FCPJH y el Club de Lectura. Mientras tanto, me dejo llevar por la holganza.
Últimamente se me va el tiempo en tontadas, no me cunde como antes. Será porque necesito descansar la vista y ya no puedo pasarme una mañana entera ni leyendo, ni escibiendo, como antes. Menos mal que estoy jubilada, porque la pesadilla de corregir sería ahora muchísimo peor. O será que me estoy acostumbrando a una vida más muelle, todo es posible. Y ahí me digo a mí misma, ¿y por qué no? Ya soy una jubilauta, pues a vivir con júbilo, no necesito mantener la tensión emocional de antes, porque gracias a eso ya no me ataca el estrés como antes.
Vamos, que todo estupendo ahora, en este presente suave, sin melancólicas añoranzas del ajetreo del ayer 😉
Apunto, también, una buena noticia: el lunes firmé el nuevo contrato con Valhalla Ediciones para mi novela Barrio 1972.
No sé cuándo saldrá, tampoco me importa si es antes (jajajaja) o después del verano. Lo que sea será bien recibido, porque menuda suerte poder seguir publicando, hacerlo cada dos años. Para Barrio 81, casi concluida, ya veremos si me acompaña la diosa Fortuna como hasta ahora. Supongo que todo dependerá de que tal se comporte la previa, así que pondré en ella, como he hecho y sigo haciendo con Nina, todo mi interés y esfuerzo
Este diciembre las fiestas del 6 y el 8 hacen una semana rara de día sí y día no, porque caen en martes y jueves. Madrid está desbordada de turistas y la lluvia amenaza con anegarlo todo.
G tiene sobredosis de trabajo por cerrar el año, JC no hace puente y yo voy pergeñando qué vamos a hacer estas próximas fiestas, por fin sin restricciones.
Y ya está. Poca cosa glamurosa que reseñar. La vida sigue. Y las fiestas navideñas son demasiado propicias a una melancolía que no quiero que me invada, así que aquí lo dejo.
Con el lío de preparar el viaje, el viaje mismo y el desconcierto que sucede, siempre, a la ruptura de la rutina, resulta que llevo casi un mes sin poner ni una línea por aquí. Además, lo que podría haber escrito (incluida la misma foto) lo incorporé ayer mismo a mi blog de autora, que también andaba necesitado de actualizaciones. Y ahí va, por cierto, el enlace del susodicho post, para enriquecer esta pobre bitácora personal.
Todo fluye de forma sencilla. Sigo leyendo y escribiendo (la novela, con tanto lío, poco), vuelvo a intentar curso de idiomas en la UC3M (de italiano o de inglés, en su defecto), y he resuelto problemas de variada índole, no pierdo el tiempo.
Esta semana nos bombardean con las rebajas del Black Friday, que muchas veces no son tales descuentos. Sin embargo, he conseguido un 33% en las uñas, mire ud qué bien, sin pretenderlo, simplemente acudí cuando me tocaba. Y he pedido algunas colonias y productos cosméticos que conozco bien y sé, entonces, que han bajado verdaderamente de precio.
Todo bien. Y que siga así, porfa. La Navidad ahí, a la vuelta de la esquina, me apetece poquísimo. Entre medias, dos nuevos compañeros que se jubilan hacen que el insti sea cada vez más un mundo antes conocido y ahora ajeno. ¡Qué nostalgia!
Empiezo a tener rutinas de nuevo: leo (Annie Ernaux ha sido un increíble descubrimiento), escribo y reviso B81 (a unas páginas ya solo del punto final), y acabo de ponerme la vacuna de la gripe, para ir con esa inmunidad dentro de diez días. Lo que nunca cambia y me aburre mucho son las domesticidades, pero hay que hacerlas y las hago.
En ese sentido parece que empezamos a funcionar en el grupo de narrativa. Hay gente que se conoce desde años y comparten bromas y complicidades, pero hay buen rollo y algunos de los textos que leemos resultan interesantes. Por contra, y enturbiando el ritmo y el ambiente, algunos egos son esteatosféricos, cómo no en el mundillo. La paradoja está en que los más soberbios son los más mediocres. Suele suceder. De resultas, la profesora, que es un encanto, tiene que lidiar con ellos a brazo partido. Jajaja. Pobre.
Se me pasan los días, sí, haciendo poco, nada en concreto. Es verdad que disfruto de no tener tantas obligaciones, y por ello puedo leer, escribir o darme el capricho de ver varios capítulos seguidos si una serie me gusta. También, por supuesto, hago domesticidades, aunque las puramente necesarias, sin agobios. Así, voy a la compra más a menudo, ahora que puedo, y cocino cada día para nosotros dos.
Las redes sociales me estresan, por lo que las visito poco y las actualizo lo justo para no desaparecer. Incluida esta pobre bitácora de pensamientos y reflexiones. Quizá lleguen tiempos de más exposición, quién sabe 🙂 De momento, esto es lo que hay.
El Club de Lectura, bien, ya que el impresentable no se presentó. Tengo en digital el libro seleccionado, que por cierto me está gustando, aunque finalmente no iré a la segunda sesión porque coincide con un viaje. Qué le vamos a hacer, era la única fecha disponible. Truman Capote escribe de una forma tan especial… Y, además, me encantó el prólogo donde explica sus pensamientos acerca del hecho de escribir y cómo hacerlo.
La profe de narrativa me pareció estupenda. El grupo, somos 14, interesante. Buenos apuntes, al estilo EdE y calidad en los escritos que he leído hasta ahora. Estoy contenta al respecto.
Esta vez sí que empieza al nuevo curso. No el escolar, ya no ejerzo, sino el de las actividades. La semana viene cargadita: lunes tarde, Taller de Narrativa en la FCPJHierro; martes por la mañana, Club de Lectura de la Biblioteca; miércoles y jueves sendas presentaciones de inauguración de ciclo, y el sábado, la de NINA en el Centro Asturiano de Madrid.
Nada más volver a casa nos hemos sentido mal los dos, con febrícula y dolor de garganta. Un resfriado flojo pero persistente que ha durado siete días y se fue como llegó, de forma inesperada.
Este lunes JC vuelve al trabajo y yo aprovecharé para apuntarme a un curso en la FCPJosé Hierro. Quizá salgan adelante unas clases de italiano en la UC3M, estoy a la espera.
Veo una serie en el salón, me he despertado muy pronto y apenas he desayunado aún. Poco más puedo contar. Nada demasiado interesante, solo unos apuntes para no perder el hilo.
Ya estamos en casita de nuevo. La experiencia viajera ha sido muy buena, a pesar del gentío. No podíamos esperar otra cosa en pleno agosto, ya contabamos con ello, pues es cuando los chicos tienen vacaciones. Aun así, todo genial. Karaokes incluidos.
Aquí sigue haciendo mucho calor. Parece que, al menos , refresca por las noches. Yo me he traído una coriza alérgica, de tanto aire acondicionado, posibles ácaros y la convivencia con multitudes.
JC vuelve al trabajo el día 1 y los chicos este lunes. Entonces intentaré regresar a rutinas escribidoras. De momento aún me acompañan las sensaciones de mar.
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