
Empiezo a tener rutinas de nuevo: leo (Annie Ernaux ha sido un increíble descubrimiento), escribo y reviso B81 (a unas páginas ya solo del punto final), y acabo de ponerme la vacuna de la gripe, para ir con esa inmunidad dentro de diez días. Lo que nunca cambia y me aburre mucho son las domesticidades, pero hay que hacerlas y las hago.
En ese sentido parece que empezamos a funcionar en el grupo de narrativa. Hay gente que se conoce desde años y comparten bromas y complicidades, pero hay buen rollo y algunos de los textos que leemos resultan interesantes. Por contra, y enturbiando el ritmo y el ambiente, algunos egos son esteatosféricos, cómo no en el mundillo. La paradoja está en que los más soberbios son los más mediocres. Suele suceder. De resultas, la profesora, que es un encanto, tiene que lidiar con ellos a brazo partido. Jajaja. Pobre.