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Mi novela NINA en preventa

Ya estamos en ello, en esa preventa con que la editorial se cubre las espaldas y, a la vez, explora las posibilidades de cada manuscrito editado. Espero no ir mal. Los amigos y la familia se portan, qué majos. Ya veremos cuánto da de sí este sistema. Tampoco es que me vayan a poner en la cúspide de nada, pobres de nosotros. Eso solo pueden hacerlo las muy grandes editoras. Yo me conformo con haber pasado el filtro de dos y con seguir escribiendo.

He enviado B72 a un concurso. Sigo trabajando B81. Mi canal de Sintaxis ronda los 300 suscriptores. No me puedo quejar. Y hoy, por fin, han citado a JC para la vacuna, en el Wanda 🙂

Seguimos. La derechona mentirosa y corrupta ha ganado las elecciones que convocó a su conveniencia. Más leña al fuego. Son los dos años que ya tenían, pero ahora con más facilidades de movimiento para seguir desmantelando lo público con su trumpismo vergonzante. Seguimos, sí. Como podemos.

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Más galeradas y más correcciones

Esta vez he imprimido la maqueta del manuscrito. No solo es que se ve precioso y me ilusiona, es que en papel se lee mejor. Ha sido buena idea.

Lo sorprendente es que hace dos meses lo creía limpio y correcto, pero no. He vuelto a encontrar repeticiones y cacofonías. Incluso he dejado otras por imposibles. Me siento frustrada, inmersa en una tarea irrealizable.

En febrero llegué a sentir impotencia y que no era capaz de darle otra vuelta al manuscrito. Creo que porque en pantalla resulta más agobiante. Ahora mismo sí veo posible hacerle nuevas rondas. Me abruma menos. Me parece más manejable en su conjunto. Habrá que darle tiempo, sin embargo, para que no me sature. Según me dijo el editor, tengo todo abril. Debo ir con prudencia, porque esta es ya la definitiva.

Luego me asalta la duda de hasta dónde llegaré con esta editorial, que hace preventas como primera medida empresarial. No se me escapa que es una forma de arriesgar poco en los títulos. Apenas los anticipos a la imprenta, porque enseguida les llegarán los ingresos de los compradores para pagar el gasto restante.

Solo están un pasito más allá de la coedición: no piden dinero a los autores, pero se lo sacan a los amigos y familiares. Andan muy cerca de los que hacen un crowfunding. Estos solo llegan a imprimir si se alcanza una cantidad mínima. En teoría, porque pueden tardar meses, que es lo que sucede con el libro de PM. Si es que finalmente lo imprimen y no dan la campanada y se piran sin haberlo sacado. Pero esa es otra historia.

Mi editorial tiene gente ya con experiencia. Y supone que venderá su primera y brevísima edición entre los contactos de cada autor. Solo ahí arriesga un pelín, podrían no vender todas las tiradas. Y por eso necesita muchos títulos. Porque, con el mismo esfuerzo económico, hay más posibilidades de que unos sujeten a otros. Porque es menos riesgo varios poquitos, que grandes tiradas de pocos títulos.

Una de las novelas se ha agotado en preventa. Señal de que no han encargado muchas. Ahí está la prueba.

No me quejo, solamente reflexiono. Las cubiertas y la edición parecen majas. Aunque el pobre F se lo tiene que currar él solito: portadas, maquetación de texto y correcciones (únicamente las que le indicamos los autores, no tienen ese servicio, y tampoco él es un experto en esa materia). También lleva las presentaciones on-line y no sé si las preventas.

¿Es el único empleado? Dice que están pendientes de ampliar y que será el coordinador cuando lo hagan, pero, ¿cuándo? Quizá esperan a los primeros beneficios. Por lo que cuenta, me parece que va a gestionar, también, las firmas y los envíos, porque la segunda tanda, que pensé que sería ya, de inmediato, me comentó ayer que la calcula para primeros de mayo. Vamos, que necesita ese tiempo intermedio para sacarlo todo adelante. Y a la vez, va organizando y presentando una tercera tanda, que, a este ritmo, será la del otoño, entiendo.

No da margen para otra cosa. Ediciones cortas, no creo que de más de 75 o 100 ejemplares, para la preventa. Y, luego, a demanda, seguramente. Por lo que distribución, poca, poquísima. No muy allá, me temo. Eso es caro.

La primera tanda está a punto de terminar esas preventas, estaré pendiente de ello, a ver qué tal se ven los autores y sus títulos. Ahora mismo, en las redes, nada. La proyección que hayan conseguido por su cuenta. Pero eso no es verdadera distribución, como la que yo he experimentado con el libro de Rodrigo, viendo el título en miles de librerías y distribuidoras.

En fin. Es lo que hay. Mi compañero G también saca libro, sesudo y de investigación, y solo lo distribuyen dos librerías, una en Salamanca y otra en Valladolid. Estamos en las mismas. No están los hornos editoriales para bollos muy exóticos. Por lo que parece.

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Finalista en concurso

Bueno, ahí está la prueba visual. Mi primera novela, finalista en un concurso.

Poco más que esto puedo contar. Ni se me sube el pavo, ni me creo nada del otro mundo. Un poco de trabajo y otro tanto de suerte.

Nunca sabré si habría ganado. No creo. Estoy contenta con la oportunidad que me da otra editorial, sin concurso, que directamente me publica: Valhalla. Dos sellos ya, si cuento también Urano, con reminiscencias al universo. Como si Rodrigo me sonriese entre las nubes.

Sé que mi libro será modesto; pero, también, que se va a hacer con dedicación plena. Con editores jóvenes y animosos. Con cariño. Con ganas.

Pacece un sueño: mi querida Nina, un personaje que salió de mi imaginación, al alcance de todos.

La tareas de maquetado empezarán en enero. Mientras llegan, sigo escribiendo. Y haciendo vídeos. Y leyendo. Y con mis dos talleres.

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Alea jacta est

Me decidí por fin, firmé el contrato y lo envié. Enseguida me contestó mi editor, dándome la bienvenida. Anunciarán mi novela en diciembre, empezaremos a trabajar portada y maquetación en enero y después, saldrá. Así de sencillo parece.

Escribieron, también, los de Radio Gaga. El programa que grabamos en junio saldrá este jueves 29. No tenemos contratada la televisión por cable, no sé cómo haremos. Además me da mucho pudor verme en pantalla, así que no sé cómo me las voy a apañar. Iré contando.

Tuve anoche mi primera clase presencial en la FCPJH. Me pareció poco participativa, pero interesante. Habrá que darle tiempo al tiempo, pero ya tengo claro que no va a acompañar mis tareas escribidoras demasiado de cerca. Sin embargo, lo que ayer hablamos fue útil. Algo desordenado, me temo. Y la próxima sesión, por Zoom, de meros oyentes, volverá a ser un poco frustrante. Los del grupo A, que la experimentaron por primera vez, también se mostraban incómodos por el audio. Otra cosa que debo seguir comprobando para tener una opinión completa.

Leo Matar un ruiseñor, para el Club de Lectura. También me toca la Crónica de una muerte anunciada para el Taller. Bien. Me gusta cómo empiezan el trimestre y las actividades elegidas.

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Pensando

Llueve. He vuelto a dormir poco. Tengo una mañana ocupada con peluquería, compra y una visita al instituto para colaborar en la jubilación de Manuela. Pero, sobre todo, ando meditabunda desde que hablé con el editor y me envió el contrato.

En vez de ir dando saltos de alegría, estoy tentándome la ropa.

La conversación ( y la foto del whatsapp) me mostraron a un editor joven, que decía tener experiencia, y que andaba sobrecargado de trabajo siguiendo a distancia (él en Benicásim, ella en Torrelavega) las indicaciones de la editora jefa, la que contrata y firma. Muy charlatán, algo nervioso, me explicó las fases del proceso que seguirá la edición del libro como se hace con novatos, aunque yo no lo sea. Se dice mi editor, pero no ha leído todavía mi texto, porque no se encarga de la selección. Asegura, eso sí, claro, que lo hará más adelante. Y que anda un poco sobrepasado porque ha asumido el trabajo de otra compañera (creativa, portadista) que ha dejado el proyecto. (Al parecer porque le gusta más lo artístico y menos la edición. ¿O será que huye por otras razones?). Deduzco por sus palabras que la editorial, entonces, está remodelándose según necesita, que esos cambios le sorprenden y que, claramente, no participa en esa toma de decisiones. O sea, que es un empleado, o un freelance que cobra por trabajo hecho, ¿también un comercial? no sé. Y, en su simplismo, me comentó los cambios a mí. Que lo hiciera con tanta franqueza ¿se produjo porque no tenía aviesas intenciones que ocultar, o es un defecto producido por su habla nerviosa?

Comprendo bien que firmar ese contrato es una apuesta, un salto en el vacío creyendo en la solvencia y honestidad de esa ¿empresa?, más bien de esos editores. O editora, porque el contrato es con ella. Y como empieza de cero, no puedo comprobar calidades y precios de sus libros. Tampoco puedo saber, en estos estados tan iniciales, si es un proyecto por el que van a pelear (y podría, entonces, ser parte de algo bonito y con futuro), o un intento chapucilla de hacer un dinero y luego salir corriendo dejando pufos e impagados.

Consultaré el contrato con expertos por si ven más que yo. Desde luego no parece de coedición, pero puede que simplemente hagan edición a demanda. Vamos, que apenas impriman los ejemplares que se les pida para cada presentación, arriesgando así lo mínimo. Su capacidad de comercialización y distribución no la conozco. Me temo que no será gran cosa, pero se atreven a editar cinco a la vez ahora, este trimestre, y otros cuantos más en 2021. ¿No se necesita una inversión inicial grande para tantos títulos? ¿Hacen tantos libros juntos otras editoriales independientes?

Por otra parte, reflexiono, apostar por varios libros en lugar de uno, cuidando al máximo la cantidad impresa, parece comprensible en una editorial que está empezando y no quiere pillarse los dedos. Supongo que es mejor tener varias opciones, pero para poder permitírselo necesitan tener muy controlado el número de copias.

Sabiendo cómo son los contratos de coedición, compruebo que este no cita nunca ejemplares que yo deba adquirir. Pero hay una cláusula sobre los que dejan en depósito al autor, que debe devolver o pagar al completo, y que se le parece un poco. Me doy cuenta de que también podría ser una salvaguarda legal. Así que solo me queda comprobar cómo se devuelven. O si, simplemente, se puede no pedir libros en depósito.

Me mosquea también la cláusula de las regalías. Dice que serán anuales (esto es lo corriente) pero que el autor debe solicitarlas, ( y esto es lo extraño). Se trata de un redactado raruno, que me recuerda excesivamente los de coedición que he llegado a leer. ¿Es lo normal o tiene trampa? Necesito que alguien con experiencia me diga si es un contrato estándar o una chufa en esos dos puntos fundamentales.

Concluyo mis meditaciones: si no hay pufo legal, si son serios, pequeños pero honrados, no me importa su humilde capacidad de divulgación. No busco dinero. Por supuesto que para hacer yo casi todo el trabajo de presentaciones la autopublicación da más pasta, pero solo pretendo que haya un sello de auténtica editorial detrás. El quid de la cuestión es ¿hasta qué punto se trata de una «editorial tradicional» ?

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El asunto literario sigue su curso

El martes 6 recibí un email en el que un editor decía estar «interesado en mi novela» y me rogaba que rellenase un cuestionario. El jueves 15 me ha vuelto a escribir para concertar una cita telefónica, porque «han considerado mi texto publicable y hay muchas papeletas de que finalmente lo sea.» Hemos quedado para el lunes 19.

Parece que la cosa va. Aunque todavía puede quedar en nada, me emociona mucho saber que lo que escribo llega a interesarle a alguien. Lo suficiente, además, como para publicarlo. Si finalmente no saliera, al menos me quedo con ese espaldarazo emocional, que me ayuda no solo a seguir escribiendo, sino a enviar mis textos como propuestas editoriales. Porque dejarlos pudrirse de aburrimiento en un archivo del PC no puede ser ya nunca más una opción. Si no sale con esta editorial, hay otras. Si no es en 2020 será en 2021. Hay que intentarlo.

Hago constar, además, que no solo voy a luchar por Nina, mi primera novela. Es que sigo cuidando del libro de Rodrigo y que tengo una segunda novela terminada que defender.

Ese segundo texto fue el que acabé en junio y de momento, se halla en hibernación, pues lo envié a un concurso de los que exigen total exclusividad. Yo me temo mucho que es de los amañados, pero me hacía ilusión participar. Y ya que la pandemia les obligaba a recibir los manuscritos on-line, fui yo y me di el lujo. En otras circunstancias el gasto en copias y en correo para que ni se lo mirasen, no me lo habría planteado. De esa manera, podré presumir ante mis nietos (si es que alguna vez los tengo) de mi participación. Una experiencia intensa en medio de esta adocenante crisis de contactos sociales no viene mal, ¿verdad?

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Mis actividades 2020-21

Tuve una primera y brevísima reunión del Club de Lectura de la Biblioteca municipal. Por Zoom. Duró menos de 15 minutos y pude constatar que los participantes se conocían de otros años y que son gente mayor, salvo una jovencita aterrorizada que me da a mí que no sigue. El profe, por cierto, es también el que imparte los cursos de EdE de Getafe. Supongo por el acuerdo que tienen con el Ayuntamiento. Así que, qué buena coincidencia, me interesa conocerlo más, por si finalmente llega a dar un curso de proyectos o algo que me interese.

Se llama Adolfo Gilaberte, por cierto, que no se me olvide. Hace una Novela I este curso, además de Relato Breve, así que supongo que el año próximo hará la II. Lejos me queda, me temo, entonces, un curso de Proyectos. Aunque soñar no cuesta, ¿verdad?

Pero, lo que contaba, nos vimos por vídeo conferencia (por cierto, en el Zoom de EdE), solo para convenir el título que leer y que comentaremos en noviembre. Salió elegida Matar un ruiseñor de una lista rarísima, condicionada por lo que ya han leído los socios antes y por los libros de los que la bilioteca puede proporcionar muchos ejemplares. A mí me toca las narices que sea un texto traducido y siempre espero que mi traducción no sea una birria, porque si es así me enerva cantidad. En fin, me consolé pensando que también tiene una película que ver y con la que comparar guión y novela.

El asunto es que llevo ya un veinte por ciento y es bastante aburrida. La conseguí también en inglés y pensaba hacer una segunda lectura en su idioma original, pero creo que no me apetecerá nada. Confieso, además, que si fueran otras las condiciones, ya habría desechado el texto. Porque los años me han vuelto más selectiva e intemperante respecto a lo que leo. Le doy pocas oportunidades a lo que empieza mal, o es lento, o tiene errores tipográficos, o un ritmo flojo… No estoy diciendo que ese clásico norteamericano tenga todos esos defectos, pero desde luego el planteamiento es lentísimo y bastante pesado. Vale, soy yo la que aguanta poco. Ya he leído mucho y no soporto perder el poco tiempo que me queda en tonterías. Me puede este último desdén.

Así que, bueno, el Club me va a obligar a seguir lo que por mi cuenta dejaría sin contemplaciones. Supongo que una lectura al mes no será cosa de mucho agobio, puede que hasta me venga bien, por eso me he enrolado. La lista no abusa de norteamericanos, pero sí hay bastantes traducciones. Es inevitable, me temo. El asunto de la prosodia es que ni se lo plantean. En todo caso, esa lista es más larga que las reuniones posibles, hay incluso libros de poemas, ya veremos en qué termina.

De cómo se comenten las obras y de los egos y manías de los participantes supongo que hablaré en otras entradas. Un contacto rápido me hace temer algunos plastas en ese sentido. Lo común, por otra parte, en estos mundos. Idem de lienzo sucederá en el taller de narrativa. Iré contando.

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Lunes 12 de octubre de 2020

Dried flowers and book on wooden background

Empieza la última semana de vacaciones para JC y seguimos casi confinados, saliendo solo a lo necesario. Pero cada vez que le comento que me apeno por él y por si echa en falta no aprovecharlas viajando más, como otros años, me contesta que no les dé la importancia que no tienen. Considera que, en estas nuevas circunstancias, no hemos salido más porque realmente no nos sentimos cómodos fuera, ni en Alicante, que es casa propia también.

Tiene toda la razón del mundo cuando me explica que aquí estamos protegidos y no nos falta de nada. Quizá solo las interacciones sociales, (que no es poca deficiencia, aunque de momento resulte llevadera), le digo yo. En ese sentido la vida se ha vuelto extraña. La sobrellevamos, sí, pero a la larga me parece que ese aislamiento terminará siendo muy nocivo y me da miedo que se haga crónico.

Para evitarlo, y más en mi situación de recién jubilada, ya el curso pasado y sin pandemia amenazante, busqué grupos con los que compartir aficiones. El de costura no me funcionó. Tampoco el de Photoshop. Pero el de Proyectos Narrativos de EdE me encantó mientras pude ir presencialmente, y fue una grata compañía durante todo el confinamiento.

Este segundo curso de pensionista, y con tantas restricciones, he conseguido dos actividades en el barrio relacionadas también con el campo literario: un Taller de Narrativa, con tres sesiones mensuales, y un Club de lectura que se reúne el primer martes de cada mes. Pero de eso ya hablaré mañana.

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87 días seguidos

Voy acercándome a otra cifra mágica, el 90. O ya puestos, el 100. De momento, mientras tenga algo nuevo que contar, aquí lo haré. Sería absurdo otra cosa.

Y mientras, ahora mismo, compruebo que son las ocho y media en Portugal y comprendo que empieza la segunda hora en ese trabajo que ya no ejerzo. Tela marinera. Me siento afortunada por poder disfrutar de vacaciones en este momento, pero también ajena a mí misma, como que no termino de creérmelo. Supongo que es cuestión de tiempo.

Ah, por cierto, y me han dado plaza en el curso de Photoshop del catálogo municipal. Así que tengo cubiertos dos de mis tres ámbitos de actuación. Ya solo falta que salga el curso de escritura para hacer pleno.

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Una decisión escribidora

Llevo demasiado tiempo atorada en los desenlaces y sin comentar mis dudas aquí. Margarita me dice que escriba ya el final, sin pararme a hacer cambios y me parece sensato.

Pero me siento incapaz. Ya no es cuestión de escribir a tientas, intercalando relatos intuitivamente. Las conclusiones deben estar muy bien planeadas y ejecutadas y yo ni siquiera tengo los argumentos totalmente claros.

He charlado un poco con JC y eso me ha colocado las ideas: proyectaré escaletas para cada trama por separado y luego ya veré cómo las mezclo.

Para eso tendré que desgajar cada historia desde el principio y redactar así los cierres con visión de conjunto. Me he prometido no dedicar tiempo a hacer cambios o reajustes, porque podría perderme por el camino. Como me aconsejó Margarita.

Para ello, creía tener todo el mes de agosto, pero finalmente no será tanto tiempo, según nos acaba de contar la profe. Espero que me alcance.

Aunque, bien pensado, sobrepasará las tres semanas, no serán pocos días si los sé aprovechar. Cuento con los últimos de julio de la próxima semana y no tendré que reportarme hasta el 21-24 de agosto. Casi, casi llego a 30.

Y en todo caso, sin agobios, en septiembre todavía podré disponer de algunos días más. ¡En marcha!

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Escribo

Lumbalgia aparte, ayer me senté a escribir toda la mañana, de ocho a una.

Rehice la escaleta del desenlace. Improvisé una estructura para la escena que tenía que redactar y me lancé al vacío.

Al final apenas son tres páginas. Pero el asunto es que ya he vuelto a empezar.