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Alea jacta est

Me decidí por fin, firmé el contrato y lo envié. Enseguida me contestó mi editor, dándome la bienvenida. Anunciarán mi novela en diciembre, empezaremos a trabajar portada y maquetación en enero y después, saldrá. Así de sencillo parece.

Escribieron, también, los de Radio Gaga. El programa que grabamos en junio saldrá este jueves 29. No tenemos contratada la televisión por cable, no sé cómo haremos. Además me da mucho pudor verme en pantalla, así que no sé cómo me las voy a apañar. Iré contando.

Tuve anoche mi primera clase presencial en la FCPJH. Me pareció poco participativa, pero interesante. Habrá que darle tiempo al tiempo, pero ya tengo claro que no va a acompañar mis tareas escribidoras demasiado de cerca. Sin embargo, lo que ayer hablamos fue útil. Algo desordenado, me temo. Y la próxima sesión, por Zoom, de meros oyentes, volverá a ser un poco frustrante. Los del grupo A, que la experimentaron por primera vez, también se mostraban incómodos por el audio. Otra cosa que debo seguir comprobando para tener una opinión completa.

Leo Matar un ruiseñor, para el Club de Lectura. También me toca la Crónica de una muerte anunciada para el Taller. Bien. Me gusta cómo empiezan el trimestre y las actividades elegidas.

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Mis actividades 2020-21

Tuve una primera y brevísima reunión del Club de Lectura de la Biblioteca municipal. Por Zoom. Duró menos de 15 minutos y pude constatar que los participantes se conocían de otros años y que son gente mayor, salvo una jovencita aterrorizada que me da a mí que no sigue. El profe, por cierto, es también el que imparte los cursos de EdE de Getafe. Supongo por el acuerdo que tienen con el Ayuntamiento. Así que, qué buena coincidencia, me interesa conocerlo más, por si finalmente llega a dar un curso de proyectos o algo que me interese.

Se llama Adolfo Gilaberte, por cierto, que no se me olvide. Hace una Novela I este curso, además de Relato Breve, así que supongo que el año próximo hará la II. Lejos me queda, me temo, entonces, un curso de Proyectos. Aunque soñar no cuesta, ¿verdad?

Pero, lo que contaba, nos vimos por vídeo conferencia (por cierto, en el Zoom de EdE), solo para convenir el título que leer y que comentaremos en noviembre. Salió elegida Matar un ruiseñor de una lista rarísima, condicionada por lo que ya han leído los socios antes y por los libros de los que la bilioteca puede proporcionar muchos ejemplares. A mí me toca las narices que sea un texto traducido y siempre espero que mi traducción no sea una birria, porque si es así me enerva cantidad. En fin, me consolé pensando que también tiene una película que ver y con la que comparar guión y novela.

El asunto es que llevo ya un veinte por ciento y es bastante aburrida. La conseguí también en inglés y pensaba hacer una segunda lectura en su idioma original, pero creo que no me apetecerá nada. Confieso, además, que si fueran otras las condiciones, ya habría desechado el texto. Porque los años me han vuelto más selectiva e intemperante respecto a lo que leo. Le doy pocas oportunidades a lo que empieza mal, o es lento, o tiene errores tipográficos, o un ritmo flojo… No estoy diciendo que ese clásico norteamericano tenga todos esos defectos, pero desde luego el planteamiento es lentísimo y bastante pesado. Vale, soy yo la que aguanta poco. Ya he leído mucho y no soporto perder el poco tiempo que me queda en tonterías. Me puede este último desdén.

Así que, bueno, el Club me va a obligar a seguir lo que por mi cuenta dejaría sin contemplaciones. Supongo que una lectura al mes no será cosa de mucho agobio, puede que hasta me venga bien, por eso me he enrolado. La lista no abusa de norteamericanos, pero sí hay bastantes traducciones. Es inevitable, me temo. El asunto de la prosodia es que ni se lo plantean. En todo caso, esa lista es más larga que las reuniones posibles, hay incluso libros de poemas, ya veremos en qué termina.

De cómo se comenten las obras y de los egos y manías de los participantes supongo que hablaré en otras entradas. Un contacto rápido me hace temer algunos plastas en ese sentido. Lo común, por otra parte, en estos mundos. Idem de lienzo sucederá en el taller de narrativa. Iré contando.

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Lunes 12 de octubre de 2020

Dried flowers and book on wooden background

Empieza la última semana de vacaciones para JC y seguimos casi confinados, saliendo solo a lo necesario. Pero cada vez que le comento que me apeno por él y por si echa en falta no aprovecharlas viajando más, como otros años, me contesta que no les dé la importancia que no tienen. Considera que, en estas nuevas circunstancias, no hemos salido más porque realmente no nos sentimos cómodos fuera, ni en Alicante, que es casa propia también.

Tiene toda la razón del mundo cuando me explica que aquí estamos protegidos y no nos falta de nada. Quizá solo las interacciones sociales, (que no es poca deficiencia, aunque de momento resulte llevadera), le digo yo. En ese sentido la vida se ha vuelto extraña. La sobrellevamos, sí, pero a la larga me parece que ese aislamiento terminará siendo muy nocivo y me da miedo que se haga crónico.

Para evitarlo, y más en mi situación de recién jubilada, ya el curso pasado y sin pandemia amenazante, busqué grupos con los que compartir aficiones. El de costura no me funcionó. Tampoco el de Photoshop. Pero el de Proyectos Narrativos de EdE me encantó mientras pude ir presencialmente, y fue una grata compañía durante todo el confinamiento.

Este segundo curso de pensionista, y con tantas restricciones, he conseguido dos actividades en el barrio relacionadas también con el campo literario: un Taller de Narrativa, con tres sesiones mensuales, y un Club de lectura que se reúne el primer martes de cada mes. Pero de eso ya hablaré mañana.