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Jueves 16 de julio de 2020

Son las seis. Llevamos varias noches de ventanas abiertas y fresco agradable. La casa ya parece la misma, aunque sigo limpiando cada mañana, porque todavía el suelo está empañado. Sobre todo en la buhardilla. Y tengo una impresora nueva, negra, por cierto, color que me desconcierta cada vez que la miro.

Me propongo cumplir la misma rutina limpiadora hoy. Y luego pasarme al curso, que ya empecé y me ha parecido flojito de teoría, reguleras de hacer estructuras y tomar decisiones y poco de escribir.

Ayer vino G a vernos, por el aniversario, qué majo. Nos pasamos la tarde juntos. Luego charlé un poco con JCA, compañero del instituto, y su hijo, también alumno mío.

Hice también un vídeo de mí misma, en la buhardilla, presentando las actividades de verano, y me hace ilusión ver que sigo teniendo visitas.

En conclusión, todo sigue parecido, incluido nuestro medio confinamiento personal y voluntario, pero no nos aburrimos ni agobiamos. Hasta mañana.

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Miércoles 15 de julio de 2020

Hoy es el trigésimo octavo aniversario de nuestra boda. Treinta y ocho años son dos tercios de nuestra vida. Nos conocemos desde hace más aún, de forma que poca existencia recuerdo sin JC. Apenas dieciséis años, de los cuales, obviamente, hay que descontar los primeros, por poco conscientes. Qué barbaridad, solo la infancia.

Son las seis y diez. Hoy también empiezo un curso de novela policíaca, que no sé yo si va a tener suficiente enjundia. El primer tema es bastante light. Y el plan de trabajo, también. Veo que la materia teórica está repartida en tres cursos consecutivos de seis semanas. No sé si para que le cunda más. O para que no parezcan cursos tan densos o caros, o inabordables. Lo más probable es que sea por todas esas razones juntas.

El aula virtual es tan sencilla, que se ven los foros de todos los cursos. No tienen más que información general, hay luego un acceso privado. Supongo que también sirven así de reclamo informativo. He visto las continuaciones del que yo empiezo, aunque no sé para cuándo serán las siguientes convocatorias,y me vuelve a parecer demasiado simplista. Jo. Espero equivocarme al respecto y poder sacarle juguillo.

Respecto a la obra, tenemos ya reconquistada la casa, porque ayer nos dimos la gran paliza y lo limpiamos todo. Solo falta devolver el pc a la buhardilla. Y conectar la nueva impresora, pues la previa no resistió el traslado y se apagó total y absolutamente.

Por último, confieso que tenemos poca cosa especial para el aniversario, más allá de un paseo por el centro de la ciudad. Con la pandemia estamos reticentes a las multitudes. Pero lo importante es que estamos juntos y bien. Lo demás es accesorio.

Amanece. Así que me voy a la buhardilla, a limpiar de nuevo. Todavía tendremos que darle unas cuantas pasadas a toda la casa para que regrese la total normalidad. Buenos días.

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Martes 14 de julio de 2020

Son las 6:11. He dormido profundamente. Aún está oscuro y entra fresco por la ventana. Tecleo en el móvil.

Ya no tenemos escaleras subiendo al tejado, ni herramientas en las terrazas. Se nota una extraña ausencia, la de los operarios que nos invadían cada mañana y dejaban tras ellos un halo de ocupación difícil de definir, pero que se siente. Es curioso.

Se fueron ayer, JC les agradeció el trabajo y lo cuidadosos que habían sido. (Es cierto que han trabajado rápido y que no han sufrido paredes, suelos o puertas. Al menos, aparentemente.) Entonces ellos contestaron que nosotros habíamos sido muy amables y buenos. No como otros. Y comentaron que hay gente para todo y quienes les han llegado a negar un vaso de agua. Del uso de un cuarto de baño, mejor ni hablar.

Madre mía, qué vergüenza ajena. No hago más comentarios, lo dejo así.

En cuanto amanezca, me dedico a lo que queda, que, a pesar de una pasada de aspirador y varias de fregona, es polvo. Y eso, ya se sabe, se ha extendido por toda la casa. Seguiré fregando suelos y restañando muebles, puertas y cristales.

Luego quitaremos las protecciones del suelo, y las sábanas que cubren los muebles. Con paciencia. Habrá que seguir limpiando, despacio, varias veces. No hay prisa. Recuperando, así, el terreno y la casa para la vivencia usual.

Mañana será nuestro aniversario. 38 años. Recobrar la serenidad perdida es un buen regalo.

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Lunes 13 de julio de 2020

Gijón, playa de San Lorenzo

Otra semana nueva por estrenar, ventanas abiertas toda la noche porque ya refrescaba a las nueve, cuando salimos de paseo, hoy promete ser un buen día. Con alguna nubecilla y máximas por debajo de 35°C. Tal vez, incluso, con el final de la obra. Por favor, qué ganas, sí.

Se acabó la Semana Negra, que he seguido online. El año pasado volvíamos a casa por estas fechas, este año no tenemos nada en mente. Ni nos apetece, ni nos atrevemos.

Así que me aferro a la escritura y al canal para mantenerme activa y ocupada. Tras la pausa del fin de semana, vuelvo al trabajo. Los vídeos se mueven, no desisto, por ello.

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Domingo 12 de julio de 2020

«Cómo se pasa la vida, tan callando». Los versos de Manrique vienen a mi memoria mientras escribo la fecha de hoy. Son las seis y media, he recuperado el sueño de ayer, me despierto más lúcida y serena. Buenos días.

Otra jornada de tranquilidad en medio del desbarajuste de la obra. Hay una escalera en el patio delantero y otra en la terraza sobre el garaje. Y están llenos de materiales y herramientas la habitación de invitados, la buhardilla y el garaje. Las terrazas y los canalones que rodean el tejado, además del lucernario, tienen que limpiarse de escombros y tejas (nuevas y rotas) antes de ser convenientemente tratados con algún producto que no sé definir ni nombrar, un tipo de impermeabilizante con fibra de vidrio. Una vez hagan eso y retiren los restos de su invasión, se habrá terminado todo el jaleo.

Una semana llevan. No agotarán la próxima. Menos mal.

El miércoles espero poder disfrutar del día, ya sin gente, porque es nuestro aniversario. 38 años, madre mía.

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Sábado 11 de julio de 2020

Mi guarida en la habitación de G

Hoy he dormido cinco horas escasamente, me he despertado demasiado pronto por el calor y ahora ando malhumorada, con dolor de cabeza, necesitando dormir e incapaz de coger el sueño. Es un defecto de fábrica que se acentúa con los años.

Tecleo en la habitación de G, que me lleva acogiendo una semana y que dejaré pronto, porque la obra no va a durar mucho. Posiblemente el martes se vayan y podamos volver a nuestra paz, qué bien. El cuarto de G es pequeño, comparado con mi enorme buhardilla, pero me está resultando acogedor y me siento muy cómoda aquí. Disfruto de la experiencia, aunque también lo haré cuando vuelva a mis cuarteles. Es divertido cambiar de vez en cuando y que no nos invada la rutina. Mucho más en estos tiempos raros de confinamientos y pocos estímulos.

No la hacemos por eso, es obvio, pero hacer obra tiene mucho de estimulante, y en el sentido más duro. Por ejemplo, ayer, con radiales sonando sobre mi cabeza, hice un vídeo sobre el complemento indirecto y otro sobre el circunstancial. Acabé un poco tarumba de tanto ruido y me tuve que refugiar en el sótano, donde seguí leyendo Nina en papel, para verle los errores, y cosí un par de mascarillas más. No debo bajar al sótano, me pongo a coser a la mínima 😉

El primer vídeo lo subí anoche, después de luchar con el sonido un buen rato porque estaba ya mentalmente agotada. Al segundo pensaba dedicarle la mañana de hoy, pero no me atrevo a abordarlo porque estoy muy espesa, muy falta de sueño. Necesito lucidez para que salga rápido, claro y bien.

Voy a tomarme un analgésico, a ver si mejora mi dolor de cabeza. Espero que, a pesar de todo, este sea un buen día.

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Viernes 10 de julio de 2020

Gijón y «la escalerona» en la playa de San Lorenzo

Me sorprende escribir esta fecha y no estar de vacaciones. Llevábamos muchos años saliendo en julio. Incluso el pasado, que dejamos el viaje más importante para septiembre, cuando fuimos a Portugal, estuvimos también fuera en julio. De hecho, una semana en León y otra en Gijón, hermosas ciudades que hacen bonitas rimas internas en mi texto.

Este extraño 2020, sin embargo, estamos aquí por la obra y porque con la pandemia no nos sentimos cómodos. Evitamos tener demasiados contactos, no nos apetece viajar, ni a Alicante siquiera, porque presentimos que va a venir una nueva ola, mucho peor.

Acabo de leer que el ministerio de sanidad está sorprendido por la ausencia de focos en Madrid, tal como yo me llevo preguntando. Me temo que los de la consejería autónoma no tiene suficientes rastreadores y que cuando el asunto dé la cara, sea inmanejable y obligue a un nuevo confinamiento.

La desfachatada de IDA le echará la culpa al gobierno central y ya está, como si encontrar una cabeza de turco solucionase algo. Esta inepta solo barre para sus fines, la población, en general, le da lo mismo. Y es muy triste que la voten en lugar de botarla. Muchos millones de idiotas, en el más puro sentido griego, que no valoran lo que hace, que solo adoran sus siglas, sin entender que la ineficacia les mata. Nos mata a todos. También a los que no tenemos nada que ver con esa impresentable.

La obra sigue rápido y bien. Ayer cayeron unas gotas, pero ya está casi todo hecho. Hoy supongo que terminan lo más llamativo y que luego seguirán los remates, que son latosos y lentos, pero lo más importante para que el resultado sea perfecto.

Son las seis y media, llevamos toda la noche con temperaturas muy agradables. Hoy toca vídeo para el canal, porque la novela necesita distancia. Hasta luego.

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Jueves 9 de julio de 2020

Hoy escribo muy tarde, cerca de las diez, cuando he podido. Sigue la obra. Finalmente no llovió y hoy amenaza ser un día tan caluroso como fueron el lunes o el martes. Tecleo en la habitación de G, donde he abierto mi pequeña sucursal de trabajo para estos días. Oigo a los operarios hablar con el jefe en el tejado. Debe de estarles revisando las tareas de ayer, que hicieron deprisa por si llovía. Espero que todo vaya y quede bien.

Respecto a lo demás, seguimos como confinados, saliendo poco, en escaso contacto social: los chicos de vez en cuando y ahora los de la obra, aunque andan casi siempre en el tejado y evitamos cruzarnos o estar demasiado cerca. Todo con prudencia y mascarillas.

La revision de Nina creo que ya casi está. En breve me pongo con el otro proyecto. Los vídeos son ahora la actividad a la que menos caso hago. Me siento menos motivada, además de que la locución, con radiales sonando, no es para estas circunstancias. Pero no he desistido, que conste que voy haciendo la parte de PowerPoint y ya tengo otro a medias. Es todo caso, estamos en verano y tampoco se espera una gran actividad, supongo.

Hoy recuerdo, también, que es el cumple de mi padre. 92 podría haber hecho, aunque haga ya quince que no nos acompaña. Andan cerca los cumpleaños también de los primos de Cantabria, y el aniversario de M, once años ya sin él, cómo pasa el tiempo…

Por estas fechas les vimos en Torrelavega, y anduvimos luego por Gijón, en la Semana Negra, con Monchu y la hermosa playa de san Lorenzo de fondo siempre… Fueron unas hermosas experiencias, tanto que sigue siendo hermoso recordarlas.

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Miércoles 8 de julio de 2020

Con todo el tejado al aire, se ha puesto a llover. Habíamos elegido estas fechas tórridas para evitar la lluvia, y mira qué horror. Despiertos a las cinco y media de la mañana, nos tuvimos que lanzar a proteger un poco la zona más expuesta a la que teníamos acceso. Manda narices. Menos mal que finalmente fueron cuatro gotas

Los operarios vienen a las siete y media. Hoy, dicen las predicciones, habrá alguna nube y bajará un par de grados la temperatura. Esperamos que les sea el trabajo, por tanto, un poco más llevadero.

Mi tarea re-escribidora va bien. Creo que ya me hago con la nueva estructura, pero todavía tengo que darle unas vueltas más. Esto de rehacer parece a ratos inabordable, porque el texto completo no se puede manejar en una mañana y no sé dónde hacer los descansos. Sin embargo, voy completando tareas y siento que progreso en la línea pretendida. Es más sencillo hacer desde cero, eso es obvio. Por tal razón me parece tan importante tener clara la estructura y la secuencia de hechos antes del acto de la mera escritura. Supongo que estoy intentando salvar mi primera novela y su planteamiento y desarrollo irregulares. Fueron demasiados meses de elaboración, con demasiadas interrupciones y se nota.

Me propongo, también, romper la monotonía de los últimos días y hacer un par de vídeos más para ese canal diminuto mío. Sigue aumentando, aunque va muy despacito, cosa, por otra parte, normal siendo verano. Pero no me quejo, porque tampoco está paralizado. Qué curioso. En fin, todavía tengo en el tintero muchos temas de los que me gustaría hablar y quiero disfrutar de todo el proceso, así que no hay ninguna prisa.

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Martes 7 de julio de 2020

Son las cinco y media, poco he dormido hoy, pero ya sé que no podré volver a coger el sueño, así que ni lo intento. Me he despertado por el calor, he abierto las ventanas y disfruto del fresquito que ahora sí, a diferencia del bochorno de anoche, entra y refresca toda la casa.

Porque ayer tuvimos una alerta por ola de calor. Y a tres pobres operarios en el tejado, aguantando esa situación horrorosa. Menos mal que se fueron a las cuatro. Hoy vendrán a las siete y media, un poco antes, con la idea de irse también antes y evitar las peores horas. No son muy invasivos, apenas andan por la casa, y parecen eficaces. Espero que todo vaya bien y se resuelva según lo previsto.

Sigo peleando con las correcciones, a veces muy avanzada, otras rehaciendo lo revisado porque no me termina de convencer. No me rindo. Lucharé hasta que me guste el resultado. Todavía tengo una semana antes de ponerme con el curso que apoyará el tercer proyecto. Y luego, incluso, puedo simultanearlos.

De vacaciones todavía no hemos hablado. No creo que salgamos a ninguna parte, no veo a JC nada interesado al respecto. En todo caso, ya lo veremos más adelante, porque andamos pensando en hacerlas para septiembre u octubre. Ahora mismo no toca y hacer planes ya no nos anima, como pasaba antes de la pandemia. Ahora, más bien nos agobia.

Hay brotes y rebrotes por todas partes, menos en Madrid, cosa imposible de creer, como ya conté hace unos días. Me temo que solo sabremos la verdadera evolución en el momento en que los hospitales vuelvan a desbordar. Esperemos que la huida masiva veraniega ayude a no saturarlos en estos dos meses próximos, porque andan a medio gas de efectivos. De las listas de espera y de los cuidados de los crónicos ya ni siquiera se habla, pero esos miles de pacientes no atendidos están ahí, aumentando en número.

Empieza a clarear y con las primeras luces también se lanzan a cantar los pájaros. Buenos días.

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Lunes 6 de julio de 2020

Ya tenemos toda la casa empaquetada, envuelta en sábanas viejas, los suelos protegidos, mi PC en la habitación de G. Ahora hay que ver y sufrir cómo de invasivos van a ser los operarios. De ruidosos. De incómodos.

Son las seis y media. Vienen a las ocho. Y supongo que querrán hacerlo incluso antes los próximos días, para evitar el calor insoportable de las horas centrales. Por mi parte, no hay problema. Suelo madrugar.

Sigo con la dieta. Sigo con la corrección de la novela. Todo continúa igual. No tengo nada nuevo reseñable. Y espero que la obra no lo sea de forma excesiva, porque desde luego, en lo emocional lo es y ando alterada.

Me he comprado ropa, aunque tengo mucha. Para este verano. Un intento de hacer algún cambio. Cuatro monos baratos para andar por aquí. Fresquita, pero no siempre con lo mismo. Espero haber acertado.