
Hoy he dormido cinco horas escasamente, me he despertado demasiado pronto por el calor y ahora ando malhumorada, con dolor de cabeza, necesitando dormir e incapaz de coger el sueño. Es un defecto de fábrica que se acentúa con los años.
Tecleo en la habitación de G, que me lleva acogiendo una semana y que dejaré pronto, porque la obra no va a durar mucho. Posiblemente el martes se vayan y podamos volver a nuestra paz, qué bien. El cuarto de G es pequeño, comparado con mi enorme buhardilla, pero me está resultando acogedor y me siento muy cómoda aquí. Disfruto de la experiencia, aunque también lo haré cuando vuelva a mis cuarteles. Es divertido cambiar de vez en cuando y que no nos invada la rutina. Mucho más en estos tiempos raros de confinamientos y pocos estímulos.
No la hacemos por eso, es obvio, pero hacer obra tiene mucho de estimulante, y en el sentido más duro. Por ejemplo, ayer, con radiales sonando sobre mi cabeza, hice un vídeo sobre el complemento indirecto y otro sobre el circunstancial. Acabé un poco tarumba de tanto ruido y me tuve que refugiar en el sótano, donde seguí leyendo Nina en papel, para verle los errores, y cosí un par de mascarillas más. No debo bajar al sótano, me pongo a coser a la mínima 😉
El primer vídeo lo subí anoche, después de luchar con el sonido un buen rato porque estaba ya mentalmente agotada. Al segundo pensaba dedicarle la mañana de hoy, pero no me atrevo a abordarlo porque estoy muy espesa, muy falta de sueño. Necesito lucidez para que salga rápido, claro y bien.
Voy a tomarme un analgésico, a ver si mejora mi dolor de cabeza. Espero que, a pesar de todo, este sea un buen día.