
Me sorprende escribir esta fecha y no estar de vacaciones. Llevábamos muchos años saliendo en julio. Incluso el pasado, que dejamos el viaje más importante para septiembre, cuando fuimos a Portugal, estuvimos también fuera en julio. De hecho, una semana en León y otra en Gijón, hermosas ciudades que hacen bonitas rimas internas en mi texto.
Este extraño 2020, sin embargo, estamos aquí por la obra y porque con la pandemia no nos sentimos cómodos. Evitamos tener demasiados contactos, no nos apetece viajar, ni a Alicante siquiera, porque presentimos que va a venir una nueva ola, mucho peor.
Acabo de leer que el ministerio de sanidad está sorprendido por la ausencia de focos en Madrid, tal como yo me llevo preguntando. Me temo que los de la consejería autónoma no tiene suficientes rastreadores y que cuando el asunto dé la cara, sea inmanejable y obligue a un nuevo confinamiento.
La desfachatada de IDA le echará la culpa al gobierno central y ya está, como si encontrar una cabeza de turco solucionase algo. Esta inepta solo barre para sus fines, la población, en general, le da lo mismo. Y es muy triste que la voten en lugar de botarla. Muchos millones de idiotas, en el más puro sentido griego, que no valoran lo que hace, que solo adoran sus siglas, sin entender que la ineficacia les mata. Nos mata a todos. También a los que no tenemos nada que ver con esa impresentable.
La obra sigue rápido y bien. Ayer cayeron unas gotas, pero ya está casi todo hecho. Hoy supongo que terminan lo más llamativo y que luego seguirán los remates, que son latosos y lentos, pero lo más importante para que el resultado sea perfecto.
Son las seis y media, llevamos toda la noche con temperaturas muy agradables. Hoy toca vídeo para el canal, porque la novela necesita distancia. Hasta luego.