Publicado en reflexiones

Jueves 9 de julio de 2020

Hoy escribo muy tarde, cerca de las diez, cuando he podido. Sigue la obra. Finalmente no llovió y hoy amenaza ser un día tan caluroso como fueron el lunes o el martes. Tecleo en la habitación de G, donde he abierto mi pequeña sucursal de trabajo para estos días. Oigo a los operarios hablar con el jefe en el tejado. Debe de estarles revisando las tareas de ayer, que hicieron deprisa por si llovía. Espero que todo vaya y quede bien.

Respecto a lo demás, seguimos como confinados, saliendo poco, en escaso contacto social: los chicos de vez en cuando y ahora los de la obra, aunque andan casi siempre en el tejado y evitamos cruzarnos o estar demasiado cerca. Todo con prudencia y mascarillas.

La revision de Nina creo que ya casi está. En breve me pongo con el otro proyecto. Los vídeos son ahora la actividad a la que menos caso hago. Me siento menos motivada, además de que la locución, con radiales sonando, no es para estas circunstancias. Pero no he desistido, que conste que voy haciendo la parte de PowerPoint y ya tengo otro a medias. Es todo caso, estamos en verano y tampoco se espera una gran actividad, supongo.

Hoy recuerdo, también, que es el cumple de mi padre. 92 podría haber hecho, aunque haga ya quince que no nos acompaña. Andan cerca los cumpleaños también de los primos de Cantabria, y el aniversario de M, once años ya sin él, cómo pasa el tiempo…

Por estas fechas les vimos en Torrelavega, y anduvimos luego por Gijón, en la Semana Negra, con Monchu y la hermosa playa de san Lorenzo de fondo siempre… Fueron unas hermosas experiencias, tanto que sigue siendo hermoso recordarlas.