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Adiós, 2020

Parecía un número bonito, con sus cifras repetidas, pero nos salió malísimo. Mi experiencia en este primer año como pensionista ha sido difícil. Y no me pongo egocéntrica, es que lo ha sido para todos.

A estas alturas ya, de ocho meses y medio de pandemia, me doy cuenta de que tanto aislamiento pasa factura emocional. Estas semanas de diciembre se me están haciendo aún más áridas. Quizá porque las fechas señaladas remueven la tristeza.

Me refugio en la lectura, en el jueguín de ACNH, en ver series con JC, en cocinar, en hablar alguna vez con G. Como en pleno confinamiento. Porque estamos, seguimos, muy aisladitos. Aunque podamos salir, lo hacemos solo para lo imprescindible.

Esta noche cenamos los tres. Ay, cuando éramos cuatro. Se me olvidaron las uvas, menos mal que a G se le ocurrió comprarlas, sin encomendarse a nadie, en un rapto de la lucidez que a mí me faltó ayer mismo.

Y lo de siempre, que eso de que se va un año y empieza otro no es más que un cómputo temporal humano posible. No hay que darle mayor importancia. Pero si sirve para seguir adelante con energía renovada, nos vale. Nos tiene que valer.

Que 2021 nos sea propicio.

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Último lunes de 2020

A punto de un nuevo año y de un nuevo comienzo

Casi un mes llevamos JC y yo de arreglos y asuntos pendientes, pero ya, por fin, hemos conseguido terminarlos. Cuatro semanas sin prisa, pero sin pausa. Las mismas que llevo, a cambio, sin elaborar vídeos y escribiendo poquito.

Conste que tampoco es que me haya dejado totalmente, pues en estos días locos conseguí terminar la última revisión de Nina y se la mandé a F mi editor. No entiendo las prisas, ya que inmediatamente después anunció que la editorial cerraba del 23 de diciembre al 6 de enero. Del curioso suceso deduzco que los profes cargamos con el sambenito de las vacaciones, pero no somos los únicos que las tenemos, ni de lejos. Y que no tiene sentido meterme prisa para luego no hacer nada. Así que supongo que quizá sea este el tiempo en que se lea el manuscrito. Hasta ahora F se había dedicado a los cinco primeros títulos. Ahora nos toca a la segunda tanda, que, si no me equivoco, somos tres más. Resulta un poco extraño, pero así funciona la editorial, un departamento lee y selecciona manuscritos, otro elabora la edición. O eso me explicó F. Ya veremos en qué para el asunto.

Lo que sí hago es jugar a ACNH. Un ratito cada día. Un entretenimiento mental interesante. A menudo, muy temprano, como haré también hoy, que son las 5:30. En cuanto termine de escribir estas líneas y de leer el periódico, como cada mañana. En el juego los días comienzan a las 5:00 y todo se produce en tiempo real. Características me vienen que ni pintadas. Y no solo porque el jueguín encaja perfectamente con mi tendencia madrugadora, sino porque me permite actuar a ratitos.

No sé cuándo volveré a la rutina. Quizá me tome un poco más de tiempo, hasta el día 2. O hasta después de Reyes. Todavía no lo tengo decidido. Dependerá de si tengo que seguir saliendo a menudo o de si recuperamos los ritmos habituales.

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Nochebuena 2020

He perdido el sentido del tiempo. Otras veces soy más consciente de la cercanía de las fechas, pero este año, con JC de vacaciones desde una semana antes, me cuesta ubicarme. Así, de pronto, es Nochebuena. Y voy a acercarme al centro comercial a primera hora para las últimas compras. Y a hornear tartas. Y a comer poco para permitirme una cena más copiosa.

Cenamos con G, se nos suma B en la comida del 25. Hacemos planes sencillos. Llamaré a mi hermana para ver qué tal van ellos. Y así será esta extraña Navidad. Solo JM se acercará a ver a Ela.

¿Superaremos las sensaciones de extrañeza? No creo. Pero seguimos. Resistimos.

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El tiempo vuela

Pasan los días a todo correr, y más estos en que andamos solventando marrones. Queremos dejarlos resueltos este mismo finde. A ver si hay suerte.

Y, claro, con tanto ajetreo, he perdido el ritmo de lo cotidiano, las horas creativas y la serenidad de espíritu. Como siempre, luchando contra mi carácter de responsabilidad excesiva, intento no agobiarme. Sé que llegarán nuevamente, que hay que adaptarse a las necesidades de cada momento, y que ahora toca esto. Pero me cuesta. A mis años ya es difícil cambiar.

También sucede que me da pena el parón creativo. Porque llevo dos semanas sin hacer vídeos, escribiendo poquito y leyendo solo el periódico. El martes, incluso, tuve que saltarme la cita del Club de la Biblioteca (en el último momento se me complicó). Lucho por no estresarme. Me digo que las actividades que ahora disfruto son para pasarlo bien, no obligaciones. Pero me agobio.

Para más inri, me he despertado a las 03:30. Normalmente duermo pocas horas, pero lo de hoy ha llegado al extremo. Estoy entre dolorida (una molesta lumbalgia), agobiada y espesa. Tengo sueño, pero no me vuelvo a dormir. Estas fechas prenavideñas y las amenazas del coronavirus, además, no ayudan. Pero no me peleo con las circunstancias. Vendrán tiempos mejores.

Y al menos puedo alegrarme de seguir al día con las clases de la FCPJH. Y de haber disfrutado del comentario de la última lectura. En todo este jaleo vital, ha sido un paréntesis estupendo.

El lunes 21, que será la última sesión, llevo mi segundo capítulo a debate. A ver qué me cuentan el profe y los compañeros. El personaje colectivo, los tipos tópicos, y el narrador equisciente saltando de uno a otro, son mi seña de identidad en la novela previa y en esta. Tengo interés en comprobar cómo lo siente este nuevo público que puedo pulsar.

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Lunes 14 de diciembre de 2020

Ufffffff, ya estamos a mitad de mes. Tras el puente de la Constitución y los tres días laborables subsiguientes, la asamblea de la Aso en sábado y mucho estrés, empieza la última semana normalita antes de la Navidad. A ver si me cunde.

JC está de vacaciones, desde hoy hasta Reyes. No le queda más remedio por los montones de días acumulados y sin disfrutar. No es cosa de renunciar a ellos. Como seguimos en pandemia, los pasaremos aquí. Aún quedan gestiones pendientes. Y bricolajes variados, no siempre divertidos, que hacer. Pero cuando toca, toca, guste o no.

Con tanto ajetreo, tengo paralizadas las tareas creativas de vídeos y escritura. Pero no he dejado de leer, ni de trabajarme bien las lecturas de mis dos cursos. Y ya que las tengo frescas, las usaré para nuevos artículos en mi blog de escritora. Aunque para eso necesito un tiempo y una tranquilidad que, de momento, no dispongo. Solo son ideas para más adelante.

A ratos juego Animal Crossing, como fórmula anti estrés. Pero lo tengo que dejar en cuanto las tareas se me hacen bola y me amenazan con más ansiedad. Llevo una racha de nervios nerviosos muy incómoda. Ahora mismo, que tecleo medio agobiada, son las 7:20, pero llevo despierta desde las 4:45. He dormido poco, apenas lo suficiente. Vuelvo a los despertares tempranos, incluso con la medicación suave que me recetó el médico.

Los que siguen sin dar noticia alguna son los del premio literario del que quedé finalista. Me pareció raro que me anunciaran incluso después de haber hecho explícita mi retirada. No entiendo por qué no me excluyeron. Tampoco por qué no terminan de nombrar un ganador. Somos cinco supuestos finalistas, ya sería raro que los otros cuatro también estuvieran en circunstancias parecidas. El anuncio hablaba de fallar en dos semanas. Han pasado cinco. Misterios tiene la vida…

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Miércoles 9 de diciembre de 2020

Esta semana sigue plena de pequeñas pero incómodas obligaciones. Lo que JC y yo llamamos «la yincana vital». Es obvio que nos ataca nuevamente.

Con tanto ajetreo, no solo me me falta tiempo, es que los ratos que consigo, estoy alterada. Y sin serenidad, lo creativo huye.

Sin embargo, no me dejo vencer por las circunstancias. Ya que no consigo escribir, me centro en la organización. Las estructuras generales se van convirtiendo en escaletas. Y así también se avanza. Luego, desde ahí, solo hay que seguir lo proyectado.

Hoy, por fin, acaba mi tratamiento dental. Poco más de dos meses, una lentitud provocada porque es difícil conseguir citas. No sé si por exceso de pacientes o porque la dentista que me corresponde no acude todos los días. Otras pequeñeces las dejaré para cuando acabe esta pandemia. No me siento tan cómoda como con mi dentista de toda la vida, pero ya le tengo la suficiente confianza a este gabinete como para seguir con ellos.

Hoy, también, supongo, porque así me lo comentó F, mi editor, se anunciará mi primera novela. En cuanto sea realidad, yo también lo haré. Estoy contenta y asustada a la vez. En estos tiempos tan raros, ¿conseguiré lectores? Todavía faltan meses para que podamos hacer presentaciones. Me pueden la responsabilidad y la impaciencia.

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Diciembre ya

Hace frío, se acerca una ola polar, los árboles han perdido casi todas las hojas, y el puente de la Constitución y las Navidades están a la vuelta de la esquina.

Serán unas fiestas raras, solo veremos a G. B se irá con su madre, para no dejarla sola, y Ela eligió ser prudente y nos espera para Reyes, su cumpleaños, y apenas un ratito.

Salimos poquísimo, la tónica general que vengo apuntando todo el tiempo. Trámites legales y médicos, compra y paseos al aire libre. Eso es todo.

La editorial anunciará mi novela el 8 o el 9. Empezaremos a trabajar la edición en enero. Y el concurso en el que quedé finalista, aunque les había avisado de que me retiraba, sigue sin sacar el ganador. Puede ser que les haya pasado con algún otro, no entiendo por qué me anunciaron, sabiendo que me retiraba. Ni por qué no han nominado ya, cuando ellos mismos anunciaron el fallo para el día 21.

Me entretengo con AC New Horizons, que me desestresa mucho. Últimamente escribo poco, pero estoy animada porque ya tengo de nuevo el hilo conductor de la novela, después de unos días de dudas. Leo para mis dos clubes literarios, una tarea agradable. Lo que más me crispa son los asuntos incómodos pero ineludibles que hay que ir resolviendo sin prisa, pero sin pausa. Estamos en ello.

Y, finalmente, he vuelto a ponerme a dieta, para prevenir las comidas navideñas. Iré contando.

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El curso de novela

Ayer tuve sesión presencial. El profe habló todo el tiempo. Fue una clase de completa escucha. Como una conferencia.

Sin embargo, me gustó. Veo que, cuando voy a la Fundación, se me hace mucho más interesante. No me arropa en la escritura, que es lo que yo pretendía. Es todo teórico, pero como el profe está cargado de erudición, me termina enganchando lo que cuenta.

También supongo que, como me pasa a mí, no responde a lo esperado para los demás, porque ha caído el número de alumnos. Ayer estábamos cuatro en un aula preparada para el doble. Había cuatro también en Zoom. Ocho en total. Y empezamos quince, mala señal.

Charlando con los compañeros, constaté que los años anteriores hacían cosas más prácticas. De hecho, lo sé incluso por G, que hizo uno in illo tempore, esa es la tónica del Centro en los otros casos y cursos.

Además, constato que los alumnos somos muy dispares. Los que apenas empiezan están perdidísimos. La madre de una exalumna, que se identificó como tal, confesó su desconcierto.

Quedan dos sesiones. Y como no nos vemos hasta el 14 de diciembre, el profe ha mandado lecturas, como deberes. Siento que nos trata como a sus alumnos de la UAM. Hace lo acostumbrado. Se prepara textos para comentar. Alude a tópicos clásicos, comparte citas concretas, todo muy académico. No es que lo haga mal, es que no responde a lo que creía.

No obstante, me interesa seguir. Por hacer algo diferente, tratar con otras personas con mi misma afición, salir un poco, no perder el contacto con el mundo en estos tiempos azarosos y pandémicos.

Ya veremos en qué queda todo.

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Una semana más tarde

Poco nuevo tengo que contar. Juego, escribo, hago domesticidades, salgo a pasear media hora… Siempre más de lo mismo. Y a veces me ataca la ansiedad y no me deja dormir. Como esta noche.

Escribo tecleando en el móvil. Es la una treinta y cinco. Me he tomado tres pildoritas de hierbas relajantes, pero no me hacen efecto suficiente. Anteayer me pasó lo mismo. En mi clase por vídeo conferencia me ha ido subiendo el estrés. Por mala acústica y porque consiste exclusivamente en escuchar. No hay interacción.

La sigo por socializarme, pero es decepcionsnte. Poco aprendo. Nada practico. No hablo con los compañeros. El profe se va por los cerros de Úbeda. Sabe mucho, pero es caótico, aburrido y tiene mala dicción.

No sé si quejarme. No sé si los otros piensan lo mismo. Quizás sea cosa de mis niveles de conocimiento y de exigencia.

En fin, buenas noches. Intentaré dormir.

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Una mañana en Aranjuez y un juego

Ayer nos hizo un día precioso, de sol y temperatura rozando los 20°C. Comimos junto al río, en una terraza agradable, después de recorrer y disfrutar los maravillosos Jardines de la Isla. También nos acercarnos hasta los embarcaderos, el Tajo, y los amplios paseos que llevan hasta la Casita del Príncipe. Pero aquí ya solo estuvimos los últimos cuarenta minutos, mientras nos preparaban la mesa en un restaurante cercano.

Porque, finalmente, los cuatro fuimos a Aranjuez. Y nos lo encontramos, como siempre he hallado esa ciudad: hermosa, limpia y muy paseable. Disfrutamos de la arquitectura, las plazas, las fuentes, los enormes árboles y de una mañana de otoño dorado y cálido. También de que, siendo lunes, el lugar no estaba abarrotado.

Recordé que, en mi infancia, mis padres solían llevarnos durante el invierno. Porque allí siempre hacía mejor temperatura y disponiamos de grandes extensiones para jugar y correr sin peligro. Y lo rememoré en voz alta. Jo, qué abuela cebolleta me estoy volviendo.

Son las siete. Tengo cita de dentista para las diez. Pero antes me daré una vuelta por mi isla, Azul, y el juego que me tiene atrapada. No soy nada original, es el de moda desde marzo y el confinamiento: Animal Crossing: New Horizons.

Me he auto regalado una Switch lite, aprovechando los descuentos del Black Friday, que llegó el sábado. Y desde entonces estoy encantadísimamente enganchada. Hacía mucho que un juego no me atrapaba así.

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Salir de la monotonía

Desde el comienzo de la pandemia, estamos confinados. De forma obligatoria las semanas que dispuso el estado de alarma; de forma responsable y voluntaria, todo el resto. Apenas estuvimos seis días de septiembre de vacaciones, en Cáceres. Todos estos largos meses, solo estamos saliendo para pasear, o para las mínimas obligaciones imprescindibles.

Durante julio y agosto, cuando la gente se lanzó a la locura, nosotros nos quedamos en casita. Y apenas nos atrevimos a hacer algunas incursiones, muy breves y tempraneras, por el Madrid de los Austrias. Después del breve viaje por Extremadura, pasamos las semanas de vacaciones restantes confinados también.

Por eso lo de hoy es para nosotros enorme novedad. Hoy nos vamos a tomar la mañana para dar el paseo un poco más largo y un poco más lejos. Ya contaré nuestras sensaciones al respecto. Y además lo haremos con G y B, que compartirán así con nosotros su primer día de vacaciones.

Qué poca cosa, comparada con el viaje de cinco días a Venecia previsto para noviembre del año pasado y que tuvimos que anular. O el finde largo en Salamanca que soñábamos para estas fechas solo hace unos meses, cuando los dos tuvieron que organizar y hacer coincidir en lo posible su calendario vacacional. Cuando creíamos vivir una nueva normalidad que no ha durado.

En fin, es lo que hay. Con esto tenemos que conformarnos en esta segunda ola del maldito coronavirus. Vamos a disfrutar de su compañía joven y animosa y de la ruptura de nuestros quehaceres rutinarios. Prometido.