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Salir de la monotonía

Desde el comienzo de la pandemia, estamos confinados. De forma obligatoria las semanas que dispuso el estado de alarma; de forma responsable y voluntaria, todo el resto. Apenas estuvimos seis días de septiembre de vacaciones, en Cáceres. Todos estos largos meses, solo estamos saliendo para pasear, o para las mínimas obligaciones imprescindibles.

Durante julio y agosto, cuando la gente se lanzó a la locura, nosotros nos quedamos en casita. Y apenas nos atrevimos a hacer algunas incursiones, muy breves y tempraneras, por el Madrid de los Austrias. Después del breve viaje por Extremadura, pasamos las semanas de vacaciones restantes confinados también.

Por eso lo de hoy es para nosotros enorme novedad. Hoy nos vamos a tomar la mañana para dar el paseo un poco más largo y un poco más lejos. Ya contaré nuestras sensaciones al respecto. Y además lo haremos con G y B, que compartirán así con nosotros su primer día de vacaciones.

Qué poca cosa, comparada con el viaje de cinco días a Venecia previsto para noviembre del año pasado y que tuvimos que anular. O el finde largo en Salamanca que soñábamos para estas fechas solo hace unos meses, cuando los dos tuvieron que organizar y hacer coincidir en lo posible su calendario vacacional. Cuando creíamos vivir una nueva normalidad que no ha durado.

En fin, es lo que hay. Con esto tenemos que conformarnos en esta segunda ola del maldito coronavirus. Vamos a disfrutar de su compañía joven y animosa y de la ruptura de nuestros quehaceres rutinarios. Prometido.