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Una mañana en Aranjuez y un juego

Ayer nos hizo un día precioso, de sol y temperatura rozando los 20°C. Comimos junto al río, en una terraza agradable, después de recorrer y disfrutar los maravillosos Jardines de la Isla. También nos acercarnos hasta los embarcaderos, el Tajo, y los amplios paseos que llevan hasta la Casita del Príncipe. Pero aquí ya solo estuvimos los últimos cuarenta minutos, mientras nos preparaban la mesa en un restaurante cercano.

Porque, finalmente, los cuatro fuimos a Aranjuez. Y nos lo encontramos, como siempre he hallado esa ciudad: hermosa, limpia y muy paseable. Disfrutamos de la arquitectura, las plazas, las fuentes, los enormes árboles y de una mañana de otoño dorado y cálido. También de que, siendo lunes, el lugar no estaba abarrotado.

Recordé que, en mi infancia, mis padres solían llevarnos durante el invierno. Porque allí siempre hacía mejor temperatura y disponiamos de grandes extensiones para jugar y correr sin peligro. Y lo rememoré en voz alta. Jo, qué abuela cebolleta me estoy volviendo.

Son las siete. Tengo cita de dentista para las diez. Pero antes me daré una vuelta por mi isla, Azul, y el juego que me tiene atrapada. No soy nada original, es el de moda desde marzo y el confinamiento: Animal Crossing: New Horizons.

Me he auto regalado una Switch lite, aprovechando los descuentos del Black Friday, que llegó el sábado. Y desde entonces estoy encantadísimamente enganchada. Hacía mucho que un juego no me atrapaba así.

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