Publicado en reflexiones

Adiós, 2020

Parecía un número bonito, con sus cifras repetidas, pero nos salió malísimo. Mi experiencia en este primer año como pensionista ha sido difícil. Y no me pongo egocéntrica, es que lo ha sido para todos.

A estas alturas ya, de ocho meses y medio de pandemia, me doy cuenta de que tanto aislamiento pasa factura emocional. Estas semanas de diciembre se me están haciendo aún más áridas. Quizá porque las fechas señaladas remueven la tristeza.

Me refugio en la lectura, en el jueguín de ACNH, en ver series con JC, en cocinar, en hablar alguna vez con G. Como en pleno confinamiento. Porque estamos, seguimos, muy aisladitos. Aunque podamos salir, lo hacemos solo para lo imprescindible.

Esta noche cenamos los tres. Ay, cuando éramos cuatro. Se me olvidaron las uvas, menos mal que a G se le ocurrió comprarlas, sin encomendarse a nadie, en un rapto de la lucidez que a mí me faltó ayer mismo.

Y lo de siempre, que eso de que se va un año y empieza otro no es más que un cómputo temporal humano posible. No hay que darle mayor importancia. Pero si sirve para seguir adelante con energía renovada, nos vale. Nos tiene que valer.

Que 2021 nos sea propicio.