Publicado en reflexiones

Lunes 14 de diciembre de 2020

Ufffffff, ya estamos a mitad de mes. Tras el puente de la Constitución y los tres días laborables subsiguientes, la asamblea de la Aso en sábado y mucho estrés, empieza la última semana normalita antes de la Navidad. A ver si me cunde.

JC está de vacaciones, desde hoy hasta Reyes. No le queda más remedio por los montones de días acumulados y sin disfrutar. No es cosa de renunciar a ellos. Como seguimos en pandemia, los pasaremos aquí. Aún quedan gestiones pendientes. Y bricolajes variados, no siempre divertidos, que hacer. Pero cuando toca, toca, guste o no.

Con tanto ajetreo, tengo paralizadas las tareas creativas de vídeos y escritura. Pero no he dejado de leer, ni de trabajarme bien las lecturas de mis dos cursos. Y ya que las tengo frescas, las usaré para nuevos artículos en mi blog de escritora. Aunque para eso necesito un tiempo y una tranquilidad que, de momento, no dispongo. Solo son ideas para más adelante.

A ratos juego Animal Crossing, como fórmula anti estrés. Pero lo tengo que dejar en cuanto las tareas se me hacen bola y me amenazan con más ansiedad. Llevo una racha de nervios nerviosos muy incómoda. Ahora mismo, que tecleo medio agobiada, son las 7:20, pero llevo despierta desde las 4:45. He dormido poco, apenas lo suficiente. Vuelvo a los despertares tempranos, incluso con la medicación suave que me recetó el médico.

Los que siguen sin dar noticia alguna son los del premio literario del que quedé finalista. Me pareció raro que me anunciaran incluso después de haber hecho explícita mi retirada. No entiendo por qué no me excluyeron. Tampoco por qué no terminan de nombrar un ganador. Somos cinco supuestos finalistas, ya sería raro que los otros cuatro también estuvieran en circunstancias parecidas. El anuncio hablaba de fallar en dos semanas. Han pasado cinco. Misterios tiene la vida…