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Felino

Al nuevo coche le va mucho el nombre «Felino» porque es ágil, suave y siencioso como un gato gris

Despúes de dos semanas pendientes de G, vuelvo a escribir en las redes sociales, a continuar mi novela y a actualizar la bitácora de autora. Ha sido un tiempo bien empleado, por supuesto.

Ahí subo una foto con Felino a la puerta de casa. Solo lo he llevado en tres ocasiones, por la zona, pero ya puedo asegurar que la conducción es comodísima. Por otro lado, nos han dicho que a Gordito todavía no lo van a achatarrar, así que contentos por que le den una segunda oportunidad. Imaginamos que campera.

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Nostalgia y querencia

Hoy G puede ir volviendo a la normalidad, ya no requiere continuo acompañamiento. Todavía necesita muletas, pero puede caminar bastante. Y debe hacer rehabilitación para recuperarse de la rigidez adquirida. Eso significa que ya no pasaré con él las siguientes mañanas.

Tampoco fueron muchas, realmente solo tres. De martes a jueves. Y las disfrutamos juntos charlando y viendo pelis. Estuvo bien, fue un regalo inesperado. Me alegra mucho estar tan cerca y poder ayudarnos así.

Hoy volvemos a la rutina de antes con una novedad. Coche nuevo. Cambiamos a Gordito por un SUV híbrido y automático. Me tocará reaprender a conducirlo, después de 18 años de diésel 4×4. De momento, a falta de la primera impresión visual, pensaba llamarle Felino. Iré contando

Me da penita, nostalgia del paso del tiempo que ese coche marca, de los seres queridos que lo conocieron y no están, de los eventos frikis a los que viajamos con él, de las aventuras que corrimos juntos. Echaré en falta ir tan arriba, tan alto, ver tan lejos desde la atalaya de su silla de conductor de trailer. Voy a añorar su color, la personalidad extrema de su ya vieja y gastada carrocería, la palanca de cambios y la reductora, la rueda extra colgada en el portón trasero, y el frontal que le da ese porte de gafas tan de la familia.

Tonterías, nostalgia tonta. En breve escribiré sobre las novedades de Felino, seguramente.

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Cumplo 63

Son las 4:38 y hoy es mi cumpleaños. Escribo desde la tableta, en medio de la oscuridad y silencio de la noche.

Creo que estoy un poco alterada por la situación de G. No es que vaya mal, ya ha destapado la rodilla, como indicó el médico, y tiene buena pinta. Simplemente es que tengo que adaptarme a esta nueva rutina. Y además, por el estrés postraumático que siempre nos acompaña, el miedo subterráneo se ha reactivado. Costará hacerlo retroceder. Supongo que irá cediendo. Menos mal que tenemos un spa programado para dentro de tres semanas que nos ayudará mucho en ese sentido.

Anoche, poco antes de dormir, me pareció sentir a mi madre. Y a mi padre luego. Solo unos instantes. Hacía mucho que no notaba a los que nos faltan, pero con la cirugía de G les pedí ayuda y nos la dieron. A su modo. Así que supongo que por eso he recuperado cierta capacidad de conexión. Aún así, incluso esas sensaciones me producen un temor supersticioso. Temo que sean señales de una nueva desgracia. Es el estrés postraumático que ataca, me digo, pero la intranquilidad se queda prendida y duermo mal, y convivo con un runrún inquieto en el estómago.

Intentaré cerrar los ojos y dormir un poco más. Hasta lueguito.

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Muy ocupados

El martes lo pasamos en el hospital. La cirugía fue bien. La recuperación, estupenda. Va despacio, pero avanza. Con algunos sustos esporádicos.

Ahora estamos pendientes de G, así que poco estoy escribiendo. A cada tiempo, su quehacer. Sin más.

El proyecto musical para el libro de Rodrigo me ha resultado muy interesante y muy bueno. Pronto lo compartiré.

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Una semana completita

Se ha pasado una ajetreada semana más. El martes volví a la oftalmológa porque se me cansa la vista y poco puedo hacer para evitarlo. Me dice que es lo normal. Hasta hace apenas unos meses yo veía de cerca demasiado bien y ahora simplemente pasa que tengo 62 años, la capacidad de enfoque de cerca y lejos ya no se recupera con la soltura de antes, y que debería descargarla evitando pasarme horas seguidas sin cambiar de enfoque. Ahora mismo compruebo que he pasado 90 minutos sin levantar cabeza. Me concedo unos segundos de reposo y enseguida estoy aquí otra vez.

Sigo. Y cuento que la doctora me dijo también que mis cataratas están en un nivel 1 y que lo habitual es operarlas sobre el nivel 3. Y que calculaba que eso tardaría en llegar al menos cinco años, incluso diez. A no ser que quisiera yo hacerlo anticipadamente, por quitarme las gafas. No sé. Creo que de momento, no. Más adelante, si me encuentro muy incómoda, decidiré,

Volví a las clases de poesía de los jueves. Y a escribir de seguido en B81, superadas las 60.000 palabras.

El viernes 22, en la proximidad del Día del Libro y celebrando el centenario de José Hierro, estuve en mi insti, entregando los premios del XXXIII Certamen de Poesía. Fue un honor que me invitasen para eso. Y que agradezco mucho. Es más que probable que sea la última, pues cambiará este año el equipo directivo. Y los próximos seguramente ya ni me conocerán. Incluso me hicieron un regalo que me llegó al corazón. Qué gran suerte tener esos compañeros.

Finalmente, apunto que este martes 26 operan a G y estamos expectantes. La intranquilidad nos ronda siempre, pero el traumatólogo nos da mucha confianza y esperamos que la artroscopia salga bien.

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Semana Santa 2022

Mientras las redes se cargan de fotografías de viajes y los amigos saludan desde ubicaciones variopintas, nosotros cuatro seguimos en casa. G y B porque ella no tiene ni un día de asueto este año. JC y yo porque huimos de salir en fechas señaladas. Preferimos hacerlo a contracorriente, ahora que yo no tengo restricciones.

Llevamos una buena racha de viajes de desconexión, pues en enero fuimos dos veces a Alicante y en febrero a Ribadesella. Gracias a esas escapaditas pudimos afrontar marzo y el siempre difícil efecto aniversario con las pilas recargadas.

Desde entonces hasta ahora tampoco hemos hecho nada especial. Ha sido agradable seguir en casa, recogiditos. Tras las fiestas, además, llega la operación de rodilla de G. y por eso guardamos fuerzas para esos días. Esperando que la artroscopia sea exitosa, y rápida la recuperación, nos quedaremos cerca para echarles una mano en lo que necesiten.

Pero para unas pocas semanas después tenemos previsto un finde termal. Y para julio y agosto nos han salido planes muy majos. Ojalá no se produzcan más episodios pandémicos y podamos disfrutarlos.

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Por fin estoy leyendo algo interesante en el Club de Lectura

Este año las lecturas del Club de la Biblioteca me están resultando pesadísimas. Excepto las Crónicas Marcianas de la primera convocatoria, nada ha captado mi interés y he leído a trancas y barrancas, por obligarme a mí misma.

Pensé que esta próxima sería también un tostón, porque no me suelen gustar los clásicos norteamericanos. Me han decepcionado muchos de ellos, quizá porque esperaba más, dada la enorme propaganda que los rodea. Es verdad que en su momento me encantaron A sangre fría, La perla, El viejo y el mar, por ejemplo, pero me aburrí a muerte con Matar a un ruiseñor o con Por quién doblan las campanas, y me pareció sobrevalorado y pretencioso El guardián entre el centeno.

Serán rarezas mías.

Así que cuando vi que tocaba El gran Gatsby, me eché a temblar. Inútilmente, debo confesar, pues lo que llevo hasta ahora, un 25% , me está gustando mucho.

Menos mal 😉 Ya contaré.

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Antes de las fiestas

Empieza una semana movidita. Hoy es mi único respiro. Mañana martes tengo la sesión mensual del Club de lectura a las 11:00 y también llega un albañil a repasar una arqueta en el jardín de delante, no sé a qué hora. Yupi 🙁

El jueves toda mi calle hará limpieza de arquetas y conducción de pluviales en los jardines de dentro, por lo que tendremos tráfico de operarios entrando y saliendo, ese estrés emocional que se produce cuando personas ajenas invaden la casa. Más yupi 🙁 Y supongo que la cosa no durará solo un día, así que el viernes será lo mismo ampliado y aumentado.

Menos mal que el miércoles pinta estupendo. Resulta que voy a hablar de NINA en el IES La Senda. Es una oportunidad preciosa que agradezco y me encanta, así que procuraré disfrutar al máximo, aunque se produzca en estas circunstancias.

Solo me queda el día de hoy para escribir y haré lo que pueda. Con tanto trajín y el cansancio acumulado del palizón previo, me temo que estoy bajando el ritmo. A ver cuánto me cunde esta mañana.

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Escribo, pero con menos ritmo

Se me cansan mucho los ojos. Leo poco en papel, con la lectura mensual del Club de la Biblioteca voy servida. Las pantallas también me agobian. He pedido nueva cita con la oftalmóloga, porque necesito saber si esto es normal o es que estoy peor.

Escribo en el PC con unos cristales antibrillos y graduación de media distancia. Eso también me produce malestar. Después de la paliza que me di para concluir B72, ahora voy despacio, haciendo paraditas, intercalando esfuerzos visuales de cerca y de lejos.

Me queda poco de B81, pero no progreso con la velocidad de antes, apenas he terminado dos capítulos en estos diez días. Lo que queda está diseñado, será ya cuestión de poco, supongo. La verdad es que no tengo previstas todas las escenas, siempre dejo un porcentaje a la improvisación, porque si no me aburro. Y me digo que hay que disfrutar del proceso de escritura, y que no importa ir más despacio, pero aun así, a veces siento que escribir es duro y trabajoso, «como picar piedra». Y no estoy exagerando ni un poquito.

Escribir novelas es un trabajo arduo. Solo compensa porque es más fuerte el ansia de contar. Yo aprovecho estos años de recién jubilada, con energía y ganas de currármelo, pues a saber cuánto me alcanzarán las fuerzas. Y no me quejo. Por lo menos estoy teniendo suerte y publico con editoriales tradicionales.

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Concierto y lectura de poemas

El Ayuntamiento de Getafe organizó un Concierto Homenaje por el Día Europeo de las Víctimas del Terrorismo, y allí estuvimos JC y yo el miércoles 16 de marzo, en el Teatro Federico García Lorca, escuchando con emoción a la Orquesta de Cuerda de la Escuela Municipal de Música Maestro Gombau.

La Orquesta es muy joven, pero nos impactó lo bien que sonaba. Y nos sentimos un poco acompañados, a pesar de la tristeza de todos los 11-M. Fue un acto muy hermoso, que llegó a emocionarnos. La música tiene la facultad de elevar el ánimo, y cuando es hermosa mucho más. Porque muestra esa vertiente extraordinaria del género humano, capaz de crear tanta belleza, y no la terrible del terrorismo, las guerras y las ideas fanáticas.

Oímos: ‘Remember Me’ de Kristen Anderson-López; Robert López y arreglos de James Kazik; ‘Haciendo música al estilo sinfonietta (Adagio)’ de Martín J. Rodríguez; ‘La Lista de Schindler’ de John Williams, con arreglos de Peregrín Caldés y Pablo Calderón como violín solista; ‘Suite of the Day  (Adagio)’ de Hilary Burgoyne; ‘Lascia ch’io pianga’ (Aria de la ópera Rinanldo) de George F. Haendel, con Carlos Oropesa como fliscorno solista; y ‘Palladio’ de Karl Jenkins. Y si apunto esta selección no es porque sepa de música, lo siento, soy bastante iletrada en ese campo. Solo quería tener los títulos a mano para poder escuchar las piezas unas pocas veces más 🙂

Fuente: Getafe Capital

Ayer, jueves 17, estuve en una presentación, en la FCPJosé Hierro: Mujeres con Hierro. Justo después de mi clase semanal, me encantó escuchar las voces de una docena de mujeres, poetas o aprendices de poetas, algunas compañeras o amigas, que nos leyeron versos de José Hierro y comentaron el porqué de su elección. Fue un acto bastante emotivo que también me impresionó.

Fuente: FCPJosé Hierro

Espero volver a la serenidad de lo cotidiano en las próximas horas. Los marzos son difíciles siempre.

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18 veces 11-M en Atocha

Aunque sea el 18º aniversario no es fácil. Y menos este viernes lluviosísimo de viento frío. He estado incómoda en Atocha este año, con mucha gente alrededor a sus cosas, de charleta, que casi ni oíamos a los participantes, y un aire gélido que no nos daba tregua.

Fue más hermoso compartir luego comida con G y B, recordar anécdotas de Rodrigo y pensar en él.