
Se ha pasado una ajetreada semana más. El martes volví a la oftalmológa porque se me cansa la vista y poco puedo hacer para evitarlo. Me dice que es lo normal. Hasta hace apenas unos meses yo veía de cerca demasiado bien y ahora simplemente pasa que tengo 62 años, la capacidad de enfoque de cerca y lejos ya no se recupera con la soltura de antes, y que debería descargarla evitando pasarme horas seguidas sin cambiar de enfoque. Ahora mismo compruebo que he pasado 90 minutos sin levantar cabeza. Me concedo unos segundos de reposo y enseguida estoy aquí otra vez.
Sigo. Y cuento que la doctora me dijo también que mis cataratas están en un nivel 1 y que lo habitual es operarlas sobre el nivel 3. Y que calculaba que eso tardaría en llegar al menos cinco años, incluso diez. A no ser que quisiera yo hacerlo anticipadamente, por quitarme las gafas. No sé. Creo que de momento, no. Más adelante, si me encuentro muy incómoda, decidiré,
Volví a las clases de poesía de los jueves. Y a escribir de seguido en B81, superadas las 60.000 palabras.
El viernes 22, en la proximidad del Día del Libro y celebrando el centenario de José Hierro, estuve en mi insti, entregando los premios del XXXIII Certamen de Poesía. Fue un honor que me invitasen para eso. Y que agradezco mucho. Es más que probable que sea la última, pues cambiará este año el equipo directivo. Y los próximos seguramente ya ni me conocerán. Incluso me hicieron un regalo que me llegó al corazón. Qué gran suerte tener esos compañeros.
Finalmente, apunto que este martes 26 operan a G y estamos expectantes. La intranquilidad nos ronda siempre, pero el traumatólogo nos da mucha confianza y esperamos que la artroscopia salga bien.