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Domingo 19 de enero

Ayer nos acostamos tarde, después de una merienda-cena friki en la que comí de todo, a sabiendas de que hoy empiezo una dieta. Y que me llevará unas semanas. Ufffffff.

Hemos sentado las bases para celebrar mi nuevo estado, esa fiesta de jubilación que pensé y no hice se ofrece ahora. Para septiembre u octubre. Estupendísimo.

Tecleo dos horas más tarde de lo acostumbrado. Son las nueve y media. Todavía resuenan las voces y las risas, fue un gusto que vinieran a nuestra casa.

Ahora empiezan los Juegos del Hambre, jajajajaja. Estoy concienciada. Un empujón para alcanzar mi peso ideal. Enseguida lo consigo, seguro.

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Sábado 18 de enero de 2020

Ya tengo dispuesta mi vida para hacer dieta, excepto la circunstancia de una cena especial hoy, así que me propongo empezar en serio mañana.

Pasé toda la mañana de ayer concertando citas médicas y pergeñando mi nuevo proyecto narrativo. Todavía tengo que revisar la novela previa, pero aún no me siento con ánimo y me falta alguna crítica más al respecto.

La semana que viene, por contraste, estará a tope de clases, consultas y pruebas médicas. Incluso haré una prueba a una posible asistenta para esta casa y para Ela, que todavía no quiere, pero no está mal ir abriendo camino. Ya contaré.

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Viernes 17 de enero

Se me hace raro que no esté JC. Después de casi un mes juntos para todo. Sigo arropada con el edredón, pero se nota muy vacío su lado de la cama.

No tengo clase, se me olvidó que el profe tenía un congreso y la cambiamos por el próximo martes. La semana que viene será intensa, entonces.

Aprovecharé para escribir todo lo que pueda.

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Jueves 16 de enero de 2020

Son casi las siete y media. Últimamente mi hora ronda más el siete que el cinco. Me alegra haber dejado atrás esos despertares excesivamente tempraneros. Aunque se debe a que veo series hasta más tarde, estoy durmiendo un poco mejor.

Mañana, sin embargo, que JC vuelve al trabajo, sonará el pequeño tirano a las seis y media. Entonces tendremos que regresar, por la vía de los hechos, a la rutina de dormirnos antes. Hasta las siguientes vacaciones.

Ayer le entregué el abrigo a G. Es muy calentito, forrado de polar, y discreto, comparado con el anterior. Luché mucho para que quedase medianamente bien. No es una joya de la sastrería, pero cumple con su cometido, es agradable de tacto y tiene buen acabado. Espero que cumpla bien su cometido y esté contento con él.

Anoche revisé lo que tengo para mi nuevo proyecto narrativo, pues mañana tengo clase. Hoy me propongo seguir avanzando en ese diseño, en las tentativas de narrador y en la posible estructura. Usaré la rueda de conflictos para crear los de cada familia. Eso sí, entre consultas de médico, que coinciden todas en esta fecha.

Cuenta JA en nuestro grupo de WhatsApp que hoy hace cinco años que empezamos curso on-line nuestro grupo de escribidores. Y con Margarita. Un trimestre antes ya se conocían algunos, JA y yo fuimos los que nos incorporamos más tarde. Mi primer trimestre comenzó con Fajardo, aunque había pedido el grupo de Margarita, no lo conseguí hasta el taller siguiente. Pero, eso sí, siempre en EdE. He probado alguna otra cosa, y es la escuela que nunca me defrauda.

Ya casi las ocho, la mañana se presenta muy oscura y bastante menos fría que la anteriores. Llevo 205 días seguidos escribiendo aquí, por no perder comba creativa, aunque solo cuente cotidianidades insulsas. Leeré las noticias antes de lanzarme a la actividad.

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Miércoles 15 de enero de 2020

A las siete y media, mi hora clave, por lo visto, de este día doscientos cuatro, vuelvo a escribir unas líneas sobre lo que hago cotidianamente.

Como JC está de vacaciones los ritmos se han vuelto diferentes. Poco tiempo ya, el viernes regresamos ambos a la realidad. Me pregunto cómo la llevaríamos si él también estuviera jubilado, si perderíamos los ritmos, como nos está pasando ahora. Me da un poco de miedo.

Aunque, bien es cierto que hay hitos que rompen la monotonía, los días se deslizan rapidísimamente. El lunes cambiamos el toldo, que tras once años se había rasgado. Ayer fuimos a ver a G y a empezar una chapucilla que se tuvo que quedar a medias y seguiremos hoy. Mañana está trufado de citas de médico.

En fin, que sigo intentando acostumbrarme a mi nueva condición. No me sale del todo bien, pero ¿tengo prisa?

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Martes 14 de enero

Son las siete y media de una nueva y fría mañana. Me levanto alegre, como siempre, y hasta me encuentro más ligera. Siento que me he librado un poco ya de los excesos de las comilonas, menos mal. Sigo una dieta a mi aire hasta que el próximo jueves el endocrino me ponga la que crea conveniente. También veré al traumatólogo, porque me duelen la espalda y los dedos de las manos, cada vez más inflamados. Esto último es artrosis, lo de la espalda no lo sé, aunque tiene pinta de estar relacionado.

Coser acentúa los dolores de espalda. Debe de ser la postura. Así que no puedo pasar mucho tiempo seguido y me eternizo con el abrigo de G. Pero tengo ya la esperanza de terminarlo hoy. Solo me faltan el bajo del forro, el de una manga y los tres ojales. Supongo que bastará con la mañana, porque querría escribir un poco para la clase del viernes.

Empiezo a diseñar ya la estructura y los personajes de mi nuevo proyecto. JC me ayuda con la ambientación técnica, cosa que le agradezco muchísimo. No tengo todavía el título, la verdad es que eso será lo último, pero estoy ilusionada, que es lo importante.

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Lunes 13 de enero de 2020

Después de un finde tranquilo y solitario, seguimos en casa, porque a JC todavía le quedan días de vacaciones y debe consumirlas este mes o renunciar a ellas. Desde luego no va a despreciar esas jornadas de descanso y como yo dispongo de tiempo, las pasamos juntos la mar de bien.

Dolor de espalda aparte, ya casi tengo terminado el abrigo. El forro parece encajar bien y solo necesito un vivo para que quede más rematado. Sigo encontrando un defecto en la caída, en el aplomo, aunque voy solventando sobre la marcha. Los patrones de Burda que he seguido, no de revista, sino los individuales que vienen en un sobre, son malos además de caros, quién lo hubiera previsto. Pero con eso he de bregar.

Son casi las ocho, tenemos – 3°C en la calle y todavía está oscuro. Empieza una nueva semana, me propongo escribir, a ver qué tal. Ah, y llevo dos días a dieta, intentando recuperar el peso perdido. El jueves voy al endocrino. Y tengo que pedir cita para el traumatólogo, por mi dolores de espalda y la artrosis de mis dedos. Planazo sanitario de pensionista, vamos.

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Domingo 12 de enero de 2020

Nada especial que contar, ayer fue un día casero, solo salimos un ratito, por la mañana, al centro de bricolaje. Pero eso sí, estuve muy activa y cociné varios platos seguidos, para un par de días de dieta, lo imprescindible después de las comilonas navideñas. Hice coliflor, judías verdes, lombarda y berenjenas asadas. También una paletilla de cordero que aún tenía congelada y patatas fritas. Y aunque de estas últimas, obviamente, no comí, probé la carne, que estaba muy rica, y aguanté la primera jornada restrictiva.

Son las siete y media. Hoy me propongo terminar el abrigo de G. A ver qué tal me va. De momento no sé dónde puse los botones que compré al efecto. No pueden andar muy lejos, pero no los encuentro, qué calamidad.

Mañana intentaré regresar a una cierta rutina, que no lo será del todo porque JC todavía estará de vacaciones. Sería interesante aprovechar para hacer algo distinto, pero desde luego nada que suponga pasear por las calles de Madrid como hicimos por las de Sevilla, porque hace un frío tremendo. Miro por la ventana y veo que ha helado y que el pobre Gordito está completamente blanco, como todos los otros coches aparcados en nuestra calle.

Luego vuelvo a la cama, me arropo con el edredón y me dispongo a leer las noticias. Y la novela que tengo a medias. Hasta que temple.

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Sábado 11 de enero de 2020

A dos meses de un nuevo aniversario de la muerte de Rodrigo, el décimo sexto, escribí una entrada melancólica en su bitácora y todavía me envuelven sus emociones. Ojalá pudiera darle todos los abrazos que se me quedaron pendientes. Ay, cuánto lo echo de menos.

Son las siete menos cuarto, intento reflejar lo que hicimos ayer, como suelo en este diario de vida, pero solo fue un día de transición. La media hora de paseo hasta Santa Justa, el viaje y el reencuentro con la casa y el frío de Madrid. Nos han venido muy bien estas cuatro jornadas en Sevilla, qué gusto plantarse allí en dos horas y media. El AVE es una delicia, bastante más asequible ahora gracias a los descuentos de nuestra provecta edad.

A propósito sobre la vejez que nos acecha, leí un artículo bastante mediocre sobre las fases de la jubilación que proponía algo similar a esto:

1. Tiempo previo en el que se fantasea con la jubilación.
2. Fase de solicitud y espera de que sea concedida.
3. Primera etapa en la que se pretende hacer todo lo que no se pudo o dejó para entonces.
4. Fase de desencanto cuando las actividades no son lo que se creía, o no se necesita más descanso o se agotan las cosas que se querían hacer.
4. Etapa final de aceptación.
No me pareció gran cosa cuando lo leí, principalmente me parecieron de pegote las dos fases previas. Algo más razonable me resultó al recordarlo y escribirlo. En todo caso, estoy en la primera etapa, en el intento de hacer cosas que antes no podía. Ya he comprobado que algunas actividades no me funcionan, pero, menos mal que otras sí y no estoy desanimada.

Seguiré reflexionando sobre ello y los 200 días de diario que llevo ya.

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Viernes 10 de enero de 2020

Son las siete. He dormido como un tronco después de todo un día de caminatas. Ayer empezamos la mañana con marcha, subiendo las 34 rampas de la Giralda. Echamos el resto visitando la catedral y sus múltiples anexos.

Después de comer nos acercamos hasta la Torre del Oro, dimos un paseo en barco por el Guadalquivir, del que salimos arrecidos por el relente. Para recuperar temperatura recorrimos uno de los bancales del río y nos sentamos al sol hasta que casi se escondió tras las casas de la ribera contraria. Entonces regresamos por Sierpes, comiendo un helado, cansados de tanta actividad.

Hoy nos volvemos a casa, contentos de haber roto la monotonía pero también deseosos del abrazo emocional de lo cotidiano. Están bien estas salidas breves.

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Jueves 9 de enero de 2020

No es que escriba temprano, es que aún no me pude dormir. Se me ocurrió tomar una cola con cafeína, yo que llevo años evitándola. Hacía calor y apetecían sus burbujas a media mañana, con un bocatín de jamón. De resultas, no me llega el sueño aunque hayan pasado más de doce horas. La una y veinte, dice el móvil, mientras tecleo. Qué desastre.

No tenemos obligaciones previamente adquiridas, ni necesidad de madrugar mañana. Cuando pueda me dormiré, sin agobios. Y, mientras tanto, voy escribiendo lo que en condiciones normales hago nada más despertar: lo que nos sucedió hoy. Uy, perdón, me refería al día de ayer, el insomnio tiene estos despistes.

En esencia, nuestra mañana consistió en vagabundear por sitios hermosos. Paseando los Reales Alcázares y sus jardines hicimos hambre antes de comer. Y debo decir que disfrutamos con parsimonia cada rincón, artesonado, ventanal, estanque, macizo, naranjo o fuente. Por cierto, ahí conseguí mi primer descuento de jubilauta en la entrada. Poco épico, supongo, pero me hizo ilusión.

Tras una ensalada rápida en el apartamento y un magnífico yogur griego con nueces de postre, nos llegamos hasta la plaza de España. Me resultó maravillosa a más no poder, plena de luz, música, animación y belleza. Como si la viera por primera vez. Terminamos en los jardines de María Luisa, entre Dante, los Álvarez Quintero y Bécquer, coches de caballos, parterres y árboles centenarios.

Cuando se fueron el sol y el calorcito de un día espléndido, volvimos a callejear por las vías más famosas y animadas. Y de nuevo, como ayer, con un helado, síntoma de la buena temperatura y experiencia que desde luego en Madrid ni intentamos en pleno invierno.

Ya son casi las dos. Echo de menos mi cama y mi casa. Me había puesto unos tapones porque me molestaba un ruido de máquina en el patio, pero ya cesó. Debo poner a recargar el móvil y dormir. Voy a intentarlo. Buenas noches.