Publicado en reflexiones

Domingo 12 de enero de 2020

Nada especial que contar, ayer fue un día casero, solo salimos un ratito, por la mañana, al centro de bricolaje. Pero eso sí, estuve muy activa y cociné varios platos seguidos, para un par de días de dieta, lo imprescindible después de las comilonas navideñas. Hice coliflor, judías verdes, lombarda y berenjenas asadas. También una paletilla de cordero que aún tenía congelada y patatas fritas. Y aunque de estas últimas, obviamente, no comí, probé la carne, que estaba muy rica, y aguanté la primera jornada restrictiva.

Son las siete y media. Hoy me propongo terminar el abrigo de G. A ver qué tal me va. De momento no sé dónde puse los botones que compré al efecto. No pueden andar muy lejos, pero no los encuentro, qué calamidad.

Mañana intentaré regresar a una cierta rutina, que no lo será del todo porque JC todavía estará de vacaciones. Sería interesante aprovechar para hacer algo distinto, pero desde luego nada que suponga pasear por las calles de Madrid como hicimos por las de Sevilla, porque hace un frío tremendo. Miro por la ventana y veo que ha helado y que el pobre Gordito está completamente blanco, como todos los otros coches aparcados en nuestra calle.

Luego vuelvo a la cama, me arropo con el edredón y me dispongo a leer las noticias. Y la novela que tengo a medias. Hasta que temple.