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Lunes 2 de marzo de 2020

Escribir «marzo» me incomoda. Ya estamos en el mes de nuestro dolor. Me distraigo un poco con las presentaciones de Asturias. Y con el próximo viaje. Pero subyace una angustia soterrada que se incrementa según pasan los días. Hoy, además, me toca estar sola, después de cinco jornadas intensas, siempre con JC.

Aprovecharé para revisar el texto en inglés. Para memorizarlo un poco. Para hacer la maleta. Para ponerme aún más nerviosa.

Imprimí Nina con la intención también de corregirla si llega el caso. Solo leí unos cuantos capítulos, pero me pareció de nuevo muy mediocre. Ay, tanto trabajo para ese resultado. No me termina de convencer.

Y me pregunto si me va a pasar lo mismo con la siguiente, si soy objetiva, si me asalta el síndrome del impostor o es la pura crítica real.

Hace mucho viento. Espero que no arranque todas las flores de los prunos, que este año están bellísimos y aún no les hice las fotos que se merecen.

Llevo 251 seguidos escribiendo en este blog. Y seis meses jubilauta. La nueva vida me sigue resultando extraña. No sé cuándo me acostumbraré.

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Domingo 1 de marzo de 2020

Me temo que las cinco y media es demasiado temprano para despertar, pero es lo que me pasa. Aunque, todo hay que decirlo, me siento bien, no tengo cansancio. La verdad es que se agradece una cama tan cómoda, cunden más las horas de sueño. La de Oviedo no era mala, solo algo más dura, pero ni de lejos como esta.

Los primeros segundos, solo consciente a medias, he dudado de la ubicación en que me hallaba. Por un momento he creído que la puerta eran las ventanas de la habitación de Oviedo. Me fascina esa tendencia de mi cerebro a recordar los lugares en los que pernocto. La supongo un instinto atávico de protección. El refugio donde se duerme debe ser muy seguro, porque se pierde la consciencia y se queda uno a merced de cualquier circunstancia adversa.

Reflexiono sobre estos días tan especiales. Han sido muy bonitos. Y con un hermoso final. Por si fuera poco, me han llamado para que haga otra presentación en Usera. En abril. Tengo los calendarios bien llenos, no me aburro, no.

Un día me doy de descanso y regreso al texto para Belfast. Para la escritura en español todavía no tengo tiempo disponible.

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Sábado 29 de febrero de 2020

Son casi las siete de este día extra que solo existe cada cuatro años. En unas horas nos volvemos a casa, después de una última presentación muy emotiva. Me invaden más que nunca las sensaciones de irrealidad.

Anoche coincidía nuestro acto con otros dos, uno feminista y un tercero sobre muerte digna a los que nos habría encantado acudir, en otras circunstancias. Pero aun así hubo bastantes asistentes.

No pudo estar, sin embargo, Benigno. Nos habría gustado darle un abrazo, y además nos quedamos preocupados por él y su salud. Pero Moncho ocupó su lugar en la mesa, a mi lado. Y no hay agradecimiento suficiente para su amabilidad y todo el trabajo que ha hecho por conseguir estas tres presentaciones. Por supuesto, extiendo los abrazos agradecidos y emocionados a Angel, Chefor y Alejandro, que fueron nuestros anfitriones en Gijón, Avilés y Oviedo.

Ha sido todo muy especial, denso física y sicológicamente, emocionante, perturbador… En los próximos días nos esperan más actos memoriales a los que vamos siempre llenos de emoción y de recuerdo y que nos dejan exhaustos. Pero vamos. Por la memoria. Y por Rodrigo.

Dejamos Asturias arropados con el cariño y la amistad. Los mejores antídotos contra el dolor que se remueve cada aniversario.

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Viernes 28 de febrero de 2020

Hoy es festivo en el calendario escolar que ya no me afecta pero sigo por el contacto con mis compañeros. Son las siete aunque llevo despierta desde las cinco y media. Anoche me dormí pronto, agotada de tanta actividad y de las pocas horas de sueño que arrastraba del día previo.

Pasamos la mañana en Salas y sus alrededores, viendo iglesias, monasterios y museos del prerrománico con el grupo de Pensionistas de Asturias con el que ya tengo algunos vínculos. Fue agradable, aprendí un montón, comimos como limas y acabamos agotados.

La presentación de Avilés salió bonita, aunque tuvo muy poca audiencia. No todo el mundo tiene capacidad de convocatoria, está claro. Pero a mí no me importa, yo transmito mi información con el mismo cariño e interés.

Hoy tenemos la mañana libre. De momento aprovecharemos para dormir, hacer el vago, disfrutar de la terraza y del apartamento. Luego ya veremos.

Y mañana regresamos a casa. Qué pronto. El tiempo se desliza como arena entre los dedos.

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Jueves 27 de febrero de 2020

Son las siete del segundo día en Asturias. Estamos hospedados en Oviedo, en el aparthotel de siempre. Esta vez en la séptimo planta, con mucha luz y unas hermosas vistas sobre la ciudad. Además de una enorme terraza con tumbonas.

Ayer fue un día productivo, pleno de acciones: el viaje hasta aquí, agradable y sin contratiempos, la recogida de Moncho, la llegada a Gijón y su mar embravecido… Luego la comida con más amigos, una copa frente a ese Cantábrico invernal, las aproximaciones al lugar del evento, las pruebas de imágenes y sonido una vez nos aposentamos. Un no parar.

La presentación se hizo en un enorme salón de actos muy hermoso, el del antiguo instituto Jovellanos. Marta y su cuidado texto sobre el libro de Rodrigo me antecedieron durante unos quince minutos. Finalmente llené una media hora más con mis imágenes de PowerPoint y algunos de mis textos preparados al efecto. No todos, para no hacer el asunto demasiado largo.

Ya en Oviedo, que está a unos treinta kilómetros, dejamos a Moncho cerca de su casa. Luego cenamos JC y yo, con tranquilidad, a pesar de un partidazo de fútbol y las pantallas gigantes, y los hooligans que cantaban los goles. Fue más pantagruélicamente de lo previsto, porque aquí las raciones son enormes, así que volvimos al hotel rodando, como bolas, ahítos sin haberlo pretendido.

Y ya en pijama dimos las buenas noches a Gonzalo. Nos acostamos más tarde de lo usual, sobre las once y media. Me costó mucho coger el sueño. Al final es que salir mi zona de confort me altera. No conseguí dormirme hasta la una. A las seis, qué mala suerte, el móvil de JC empezó a quejarse. Y ya no he podido volver a engancharme con Morfeo. Esta noche me caeré de cansancio, seguro.

Pero esa es otra historia. Ahora, en breve, toca una excursión con visitas artísticas y arquitectónicas con el grupo de Pensionistas, comida incluida. Hemos quedado con Monchu a las nueve y cuarto. Luego repetiremos el mismo sistema: nos acercaremos a Avilés y tomaremos un chisme hasta la segunda presentación.

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Miércoles 26 de febrero de 2020

Son las siete menos veinte. Ayer estaba tan cansada que me dormí antes de las diez. Hoy me despierto temprano, con una dosis de inquietud, porque nos espera un viaje largo hasta Oviedo. Y luego a Gijón, donde tendré el primer acto.

Estuvieron ayer de nuevo dos periodistas de Radio Gaga. Un poco repetitivo todo, aunque entonces hablaba yo para la directora del programa, que supongo tenía que dar el visto bueno. Era curioso que la jefa fuese la más joven. Las dos hablaban castellano con sutil acento catalán.

Se me juntan el efecto aniversario, el estrés de los viajes y la responsabilidad de las presentaciones. Un buen cóctel que me saca de mi zona de confort. Pero que asumo por Rodrigo. Por su memoria digna y amorosa.

Los prunos han florecido. Este año dos semanas antes, debe de ser el calentamiento global. Su renacimiento y su hermosura son la lección que la naturaleza me recuerda cada primavera. Que hay que revivir y encontrar esperanzas de continuidad.

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Martes 25 de febrero de 2020

A las siete, como todas las mañanas, JC se va al trabajo y yo escribo estas líneas.

Hoy por la tarde vienen de nuevo las periodistas de Radio Gaga. Y por la mañana tengo MdlC, una compra y maletas para la tournee por Asturias. Así que un día cumplidito.

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Lunes 24 de febrero de 2020

Son las siete y cuarto. Oigo el tictac del reloj de la entrada mientras pienso cómo solventar algunos problemas cronológicos de mi nuevo proyecto narrativo.

El sábado estuvimos hablando de nuevo con nuestros jóvenes amigos sobre una posible quedada para celebrar mi jubilación. Para el otoño. Con eventos cortos. En una casa rural. Todavía está todo muy en mantillas, pero me ilusiona.

He olvidado la prudencia y comí de todo en el finde. Hoy me toca compensar el desaguisado. Porque los próximos días van a ser difíciles. Me temo que hasta el doce será un caos, pero no quiero tirar la toalla. Tengo que seguir esta lucha. Aunque a veces la pierda.

Ahora que han empezado los síntomas de alergia, supongo que los pólenes de cupresaceas se han disparado. Y está claro que algunos antihistamínicos me provocan hambre ansiosa. Lo que es bueno para el bazo es malo para el espinazo, ya lo dice el refrán. Me pasaré a otro producto. Y volveré a la dieta en cuanto me sea posible.

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Domingo 23 de febrero de 2020

Vaya, hoy es un 23F de infausta memoria. Tecleo medio grogui, necesitada de sueño, porque nos acostamos tarde anoche y apenas dormí cinco horas. Soy de despertares tempranos, mi organismo no sabe salirse de sus horarios establecidos. Aunque se quede corto de descanso.

Llevo tres días sin avanzar en mi novela. Hoy tampoco se presenta viable y supongo que mañana será el único en que pueda. Los siguientes prácticamente hasta el once estarán plagados de actividades. Y hasta ahí puedo anticipar.

Mi primer proyecto está terminado después de siete finales distintos. Lo retoqué con las aportaciones de una única lectora cero y la profesional. Ahora necesitaría otra vuelta, pero ¿a quién dirigirme con otra novela mediocre más?

Síndrome del impostor o comparaciones odiosas, nada me parece tan defendible como el libro de Rodrigo. Así que no sé si mi humilde primera novela merece ser luchada o es mejor dejar que se pudra en el olvido. Me digo a mí misma que al menos intentarlo un poco, por rentabilizar las horas de trabajo. Pero, lo reconozco, me faltan ambición y me inunda una pereza infinita.

Tengo ya una edad en la que desde luego ni voy a ser descubierta como autora, ni podría ponerse en mí la esperanza de una carrera con tiempo por delante. Solo es una afición que tuve que posponer hasta estas alturas jubilatorias por exceso de trabajo. Y que intento aprovechar mientras me duren unos pocos años de lucidez.

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Los dos patitos de febrero de 2020

Escribo tres bitácoras e intento avanzar con la novela nueva, leo, hago domesticidades y las horas no me alcanzan para mucho más. Siento que la ineficacia ha colonizado mi nueva vida. ¿O es que me ataca de nuevo el síndrome del impostor?

Paso revista a lo que he hecho estos meses sin obligaciones laborales sintiendo que no es suficiente.

  • Semana negra de Gijón
  • Vacaciones de verano
  • Terminar Nina
  • Acompañamiento de J y su enfermedad
  • Viaje a Portugal
  • Crear y escribir periódicamente en nueva página web de escritora
  • Tres meses de clases de corte y costura en Leganés
  • Dos meses de clases de Photoshop
  • Taller Proyectos Narrativos
  • Revisión de relatos para posible libro recopilatorio
  • Gestión y luego anulación viaje Venecia
  • Navidad y añadidos
  • Hacerle un abrigo a G
  • Médicos y gestiones Ela
  • Viaje Sevilla
  • Nuevo proyecto novela
  • Nueva situación doméstica con L
  • Gestiones y papeleos varios

Sin embargo, cuanto más anoto, más me congracio con lo que ha sucedido. No he estado ociosa. En realidad lo que me falta es iniciar mis prácticas de vídeo, mi otro gran proyecto.

Quizá debería hacer una planificación y encontrarle un tiempo para lanzarme a ello. Pero también es verdad que no lo he hecho todavía porque no quiero una chapucilla. Sé demasiado bien que para algo con cierta calidad se necesitan unas horas que no tengo si se las dedico a la escritura.

Por otro lado, ambos medios, el escrito y el audiovisual podían apoyarse mutuamente. El problema es que no sé si sería capaz de abarcar ambos sin excesivos agobios.

Conclusión final: haré pequeñas pruebas los lunes por la tarde. Mientras JC tiene reunión. A ver qué sale.