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Jueves 30 de julio de 2020

Constato que no escribir en esta bitácora me hace perder el sentido temporal. No sabía si hoy era miércoles o jueves, los días son un continuo y llevar las cuentas me hacía ser más consciente. Ahora ando perdida y disoluta. Y sin nada especialmente interesante que contar. Todo es más de lo mismo: pequeñas cotidianidades simplonas. Escribo poco, hago dos vídeos por semana, veo series con JC, y vuelta a la casilla de salida.

Vivimos laxos. No sabemos dónde ir de vacaciones, si es que para septiembre tenemos esa oportunidad, porque lo de la pandemia está rebrotando alrededor. Nada nos apetece demasiado. Podemos ir a Alicante, a la casa de mis padres, que lleva siendo mía diez años y aún la llamo así. Sería terreno conocido y seguro, pero la idea nos atrae poco. Para más delante, ya veremos si el tedio nos impulsa. Ahora mismo, me temo que ni nos lo planteamos.

El curso de narrativa se me queda pequeñísimo. Es poca cosa, lo sé, pero me da ideas interesantes. Había parado de escribir por darme un respiro, porque no sabía en qué dirección encaminarme y porque me daba miedo avanzar sin rumbo y tener que prescindir luego de mucho texto. Mientras tanto, me puse a corregir Nina. Y ya está. Así que me propongo una vuelta a la tarea diaria de escritura, salga como salga el cursillito. Creo que ahora va todo más encarrilado.

Y hasta aquí puedo llegar. Hemos visto a G, seguimos aisladitos y tranquis en casa, JC teletrabajando y yo entretenida con mis cosas. Lo que pueda suceder más adelante, ya lo veremos.

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Martes 28 de julio de 2020

Ando toda feliz, una vez superada una revisión ginecologica que me daba un poco de respeto. He vuelto a la consulta de la doctora de hace quince años, después de vagar por varios profesionales poco consistentes. Por lo menos, que sea siempre la misma es una tranquilidad.

Todo transcurrió rápida y eficazmente, sin complicaciones. Paz, a falta de los resultados de las pruebas, ya en septiembre. Muchas cautelas, distanciamiento y mascarillas, todo en menos de una hora, está muy bien.

Son las seis. Llevamos dos o tres noches tropicales, durmiendo con el aire acondicionado. Acabo de abrir la ventana y no se nota demasiado fresco. Anoche, a las diez, todavía marcaba 37°C en el exterior nuestro termómetro. Ahora mismo, 27°C, cuando lo normal suele estar entre cinco o seis menos. Ventilo por higiene, nada más.

Ayer entregué la segunda tarea del curso. Sigue consistiendo en organizar, no escribimos. Y yo me escudo en eso, en no perder el tiempo en textos que quizá no funcionen, para seguir vagueando. En medio de este clima tórrido es algo que me puedo permitir, vamos, por supuesto.

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Domingo 26 de julio de 2020

Estos días me obligo a mí misma a no anotar tan asiduamente. Porque no hay mucho que decir y porque ya acabó el experimento.

Seguimos en casa, con el calor esperable de estas fechas, bastante aislados, que es la mejor medida, como los personajes de El Decamerón. Lo único que me preocupa es que nos pase factura de insociabilidad y de sedentarismo exagerados.

Escribo poco, solo lo necesario para el curso, que ciertamente es bastante light. Pero me doy permiso para relajarme en esa materia, después de tantas semanas, meses de trabajo exhaustivo. Y me vuelco más en la elaboración de vídeos.

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Miércoles 22 de julio de 2020

Hoy toca nueva sesión de Novela Policíaca. Los temas y las actividades me siguen pareciendo muy flojos, escasos de información. Pero intentaré resolver las dos realidades que propone el de esta semana.

Reconozco que me está sirviendo para organizar la estructura, una de mis dudas y la razón por la que me enrolé en el curso. Así que, aunque me desespera la lentitud de la propuesta didáctica, creo que le sacaré partido.

He descubierto, también, que la profe tiene su propia página y que oferta cursos online en segmentos aún más pequeños y disponibles en cualquier momento. Me puede interesar. Lo estudiaré. Aquí tengo dos compañeros nada más, tampoco es una gran cosa.

No he contado, por cierto, que EdE nos pasó una encuesta para saber si queríamos seguir de forma presencial, online o por vídeo conferencia, incluso mezclar las dos últimas. Tal vez salga algo que me guste. La experiencia de los últimos meses fue bastante buena. Pero solo de los últimos, los primeros fueron arduos.

Son las seis y veinte. Llueve, suenan truenos, ha refrescado. Voy a darle una vuelta completa a la casa y luego me pongo a escribir.

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Martes 21 de julio de 2020

Creo que ayer no escribí, se me acabó el récord en 390 días seguidos, más que suficiente.

No hay mucho nuevo que contar. Que hice dos vídeos para YouTube, (sobre el atributo y el complemento predicativo), o que hoy me toca compra y regreso a la senda de la narrativa es más de lo mismo. Solo una visita a la peluquería sería noticia, y de un calibre lamentable, vamos, por favor. Y ni eso, pues JC fue ayer y yo no necesité acompañarle porque mi pelo aguanta estupendo.

Reconozco que cuento lo mismo todo el tiempo. Y menos mal, no quiero más sucesos familiares, por favor. Salimos poco de casa. Este año ni siquiera he intentado ir a la piscina, y JC, que no es nunca partidario de mojarse, menos todavía. Y eso que está ahí, a la vuelta de la esquina, a cincuenta metros.

Volví a la bicicleta estática un día, porque hace demasiado calor para paseos y siento que me pesa el culo cuando llevo un rato sentada ante el pc y que me redondeo. Pero no tengo el ritmo del confinamiento y se me vuelve a olvidar.

Como poquísimo, intentando no engordar, pero todo lo aprovecha este organismo mío tan ahorrativo. Un día o dos de la semana pasada comí un poco de pan, o un plato de arroz. Lo corriente es que solo sea verdura, ensalada y algo de proteína. Pero apenas consigo mantener el peso, adelgazar me resulta imposible.

Ah, bueno, espera, no, hay una novedad. Un nuevo capítulo en la fobia a los bichos (no sé si solo insectos y arácnidos o también pájaros) de la vecina de al lado. La valla medianera necesaria un arreglo y propone levantar un muro de mampostería de metro y medio. Así, sin anestesia. Pero, en fin, ni caso. Repararlo, por supuesto que sí. Hacer las murallas de Ávila, no está entre nuestras prioridades.

En conclusión, nada, nah, problemas de primer mundo. Banalidades de importancia escasa. Por lo demás, estamos bien. Seguimos el día a día.

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Domingo 19 de julio de 2020

Buenos días. Todavía está oscuro, son las seis y veinte. Sopla viento suave y fresco del Este. Seguimos con buenas temperaturas nocturnas, para compensar las diurnas, que rondan los 38°C. Abriendo y ventilando cada noche, mantenemos la casa agradable todo el día. La buhardilla por la tarde necesita un poco de aire acondicionado, pero con eso ya se consigue que el resto esté fresco y bien aislado del exterior.

Ayer no hice gran cosa, me di un poco de cancha. Subí la tarea, pero está claro que la profe se pasa poco por el aula virtual. Y nada durante el fin de semana. Estoy bastante puf al respecto.

Hoy me propongo hacer más vídeos. Debería escribir, pero le he perdido el ritmo, después de tres semanas de correcciones. No quiero forzarme a recuperarlo, tras nueve meses de trabajo creativo continuo, no pasa nada por descansar un poco. Todo lo contrario, es lo más conveniente.

Entre la jubilación y la pandemia, sigo con la sensación de irrealidad aumentada. Meses, más de un año ya. Estoy contenta por no haber tenido que estar en activo durante el confinamiento. Me da miedo la vuelta a las aulas, menos mal que no me toca, porque es un peligro, sobre todo para los profes mayores. Y temo por mis compañeros. Solo echo de menos lo bonito y sublimado de la relación con los alumnos. Tengo buenos recuerdos atesorados sobre el asunto y con ellos me tengo que conformar. De hecho, he creado el canal empujada por esa buena relación, porque ellos mismos me decían que compartiera mis clases en la Red.

A veces me asusta la idea del declive, de no ser ya productiva. Recuerdo luego que me jubilé con la idea de dedicarme a estas aficiones pospuestas por exceso de trabajo y que verdaderamente estoy avanzando en ellas, especialmente en la escritura. Tengo dos novelas acabadas, no es poca eficiencia. Si ahora mismo no llevo un ritmo fuerte en la tercera tampoco es para sentirme culpable. Vamos, para nada. Hasta ahí podíamos llegar…

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Fin de semana: 18 de julio de 2020

Hoy es sábado, pero para mí no hay mucha diferencia, yo sigo mis rutinas, como cualquier otro día, trabajando cada mañana y compartiendo las tardes con JC. Son las siete y media, se agradece el fresco, llevamos ya toda la semana durmiendo felizmente con las ventanas abiertas gracias a las buenas temperaturas nocturnas. Ojalá dure.

He empezado el curso sobre novela policíaca o de misterio. Ya conté que solo habían aparecido dos compañeros. Por el momento, no hay ninguno más. Y la profe se descolgó por fin, con frases manidas y bienvenidas escasas y tópicas.

No sé si me convence del todo, qué lástima, preferiría no ser tan intemperante. Supongo que esto sucede porque he hecho demasiados cursos, y ya nada me emociona como al principio. La naturaleza humana es así, lo cotidianiza todo, le quita lustre y brillo, lo deja romo, desaborido y tristón. Las sensaciones se parecen a otras experiencias vitales muy parecidas. Es lo que me terminó sucediendo con los roles en vivo. O con los juegos de ordenador. O con la lectura. Junto con la ancianidad, que me cerca.

Diré en defensa del curso de marras, que al menos me ha obligado a revisar unos detalles previos de la trama realmente necesarios y que sola es más que posible que no me hubiera planteado bien. Y que estoy hecha a EdE y su sistema, que debo darle márgenes otras formas de didáctica.

Aún así, mi sensación es que tiene poca chicha, que está diluido y estirado. Por dos razones fundamentales: que sea un trabajo leve, un par de horas a la semana, para gentes muy ocupadas, y que se le pueda sacar más pasta repartido convenientemente en dos mini cursos más.

En el plan de estas seis semanas apenas se redacta un capítulo, no sé si dos, con un máximo de 3500 palabras cada uno. Es verdad que, entre medias, se organiza la novela. Y que yo podría hacerlo por mi cuenta, porque plan, estructura y escaleta ya lo creo que tengo.

De hecho, eso es lo que me propongo. El sistema va a tener que convencerme o divertirme mucho para que continúe en las siguientes convocatorias. Pero, vale ya de refunfuños, disfrutemos del viaje. Solo en esta primera sesión he aprendido y decidido asuntos interesantes. Venga, venga.

Jajajajaja. Me voy a la ducha. Buenos días.

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Viernes 17 de julio de 2020

Según escribo la fecha de hoy, comparo este año en casa con nuestra costumbre de salir de vacaciones en estas tres primeras semanas de julio. Miro hacia atrás y tengo que retroceder más de treinta años para encontrar una situación similar, a aquellos tiempos remotos en que JC tenía las vacaciones obligatoria y exclusivamente en agosto. Desde que pudo elegir, hemos preferido julio. Nuestros grandes y pequeños viajes familiares han sido casi siempre en este mes (recuerdo vagamente alguno perdido en la última semana de agosto). Y este año, sin embargo, estamos aquí, con las esperanzas puestas en septiembre, y a la vez temiendo que no se pueda entonces.

He limpiado la casa muchísimo. Ya está en óptimas condiciones. No necesita más. Todo, entonces, bajo control. Lo doméstico está, por fin y de nuevo, domesticado.

El curso nuevo se inicia con desgana. De momento solo nos hemos reportado tres alumnos. Veremos hoy, que la profe está de vuelta, tras un problema médico familiar.

Son las siete y media. Le doy una nueva fregada a la buhardilla y refresco todo. Hasta la próxima.

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Jueves 16 de julio de 2020

Son las seis. Llevamos varias noches de ventanas abiertas y fresco agradable. La casa ya parece la misma, aunque sigo limpiando cada mañana, porque todavía el suelo está empañado. Sobre todo en la buhardilla. Y tengo una impresora nueva, negra, por cierto, color que me desconcierta cada vez que la miro.

Me propongo cumplir la misma rutina limpiadora hoy. Y luego pasarme al curso, que ya empecé y me ha parecido flojito de teoría, reguleras de hacer estructuras y tomar decisiones y poco de escribir.

Ayer vino G a vernos, por el aniversario, qué majo. Nos pasamos la tarde juntos. Luego charlé un poco con JCA, compañero del instituto, y su hijo, también alumno mío.

Hice también un vídeo de mí misma, en la buhardilla, presentando las actividades de verano, y me hace ilusión ver que sigo teniendo visitas.

En conclusión, todo sigue parecido, incluido nuestro medio confinamiento personal y voluntario, pero no nos aburrimos ni agobiamos. Hasta mañana.

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Miércoles 15 de julio de 2020

Hoy es el trigésimo octavo aniversario de nuestra boda. Treinta y ocho años son dos tercios de nuestra vida. Nos conocemos desde hace más aún, de forma que poca existencia recuerdo sin JC. Apenas dieciséis años, de los cuales, obviamente, hay que descontar los primeros, por poco conscientes. Qué barbaridad, solo la infancia.

Son las seis y diez. Hoy también empiezo un curso de novela policíaca, que no sé yo si va a tener suficiente enjundia. El primer tema es bastante light. Y el plan de trabajo, también. Veo que la materia teórica está repartida en tres cursos consecutivos de seis semanas. No sé si para que le cunda más. O para que no parezcan cursos tan densos o caros, o inabordables. Lo más probable es que sea por todas esas razones juntas.

El aula virtual es tan sencilla, que se ven los foros de todos los cursos. No tienen más que información general, hay luego un acceso privado. Supongo que también sirven así de reclamo informativo. He visto las continuaciones del que yo empiezo, aunque no sé para cuándo serán las siguientes convocatorias,y me vuelve a parecer demasiado simplista. Jo. Espero equivocarme al respecto y poder sacarle juguillo.

Respecto a la obra, tenemos ya reconquistada la casa, porque ayer nos dimos la gran paliza y lo limpiamos todo. Solo falta devolver el pc a la buhardilla. Y conectar la nueva impresora, pues la previa no resistió el traslado y se apagó total y absolutamente.

Por último, confieso que tenemos poca cosa especial para el aniversario, más allá de un paseo por el centro de la ciudad. Con la pandemia estamos reticentes a las multitudes. Pero lo importante es que estamos juntos y bien. Lo demás es accesorio.

Amanece. Así que me voy a la buhardilla, a limpiar de nuevo. Todavía tendremos que darle unas cuantas pasadas a toda la casa para que regrese la total normalidad. Buenos días.

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Martes 14 de julio de 2020

Son las 6:11. He dormido profundamente. Aún está oscuro y entra fresco por la ventana. Tecleo en el móvil.

Ya no tenemos escaleras subiendo al tejado, ni herramientas en las terrazas. Se nota una extraña ausencia, la de los operarios que nos invadían cada mañana y dejaban tras ellos un halo de ocupación difícil de definir, pero que se siente. Es curioso.

Se fueron ayer, JC les agradeció el trabajo y lo cuidadosos que habían sido. (Es cierto que han trabajado rápido y que no han sufrido paredes, suelos o puertas. Al menos, aparentemente.) Entonces ellos contestaron que nosotros habíamos sido muy amables y buenos. No como otros. Y comentaron que hay gente para todo y quienes les han llegado a negar un vaso de agua. Del uso de un cuarto de baño, mejor ni hablar.

Madre mía, qué vergüenza ajena. No hago más comentarios, lo dejo así.

En cuanto amanezca, me dedico a lo que queda, que, a pesar de una pasada de aspirador y varias de fregona, es polvo. Y eso, ya se sabe, se ha extendido por toda la casa. Seguiré fregando suelos y restañando muebles, puertas y cristales.

Luego quitaremos las protecciones del suelo, y las sábanas que cubren los muebles. Con paciencia. Habrá que seguir limpiando, despacio, varias veces. No hay prisa. Recuperando, así, el terreno y la casa para la vivencia usual.

Mañana será nuestro aniversario. 38 años. Recobrar la serenidad perdida es un buen regalo.