Publicado en reflexiones

Domingo 19 de julio de 2020

Buenos días. Todavía está oscuro, son las seis y veinte. Sopla viento suave y fresco del Este. Seguimos con buenas temperaturas nocturnas, para compensar las diurnas, que rondan los 38°C. Abriendo y ventilando cada noche, mantenemos la casa agradable todo el día. La buhardilla por la tarde necesita un poco de aire acondicionado, pero con eso ya se consigue que el resto esté fresco y bien aislado del exterior.

Ayer no hice gran cosa, me di un poco de cancha. Subí la tarea, pero está claro que la profe se pasa poco por el aula virtual. Y nada durante el fin de semana. Estoy bastante puf al respecto.

Hoy me propongo hacer más vídeos. Debería escribir, pero le he perdido el ritmo, después de tres semanas de correcciones. No quiero forzarme a recuperarlo, tras nueve meses de trabajo creativo continuo, no pasa nada por descansar un poco. Todo lo contrario, es lo más conveniente.

Entre la jubilación y la pandemia, sigo con la sensación de irrealidad aumentada. Meses, más de un año ya. Estoy contenta por no haber tenido que estar en activo durante el confinamiento. Me da miedo la vuelta a las aulas, menos mal que no me toca, porque es un peligro, sobre todo para los profes mayores. Y temo por mis compañeros. Solo echo de menos lo bonito y sublimado de la relación con los alumnos. Tengo buenos recuerdos atesorados sobre el asunto y con ellos me tengo que conformar. De hecho, he creado el canal empujada por esa buena relación, porque ellos mismos me decían que compartiera mis clases en la Red.

A veces me asusta la idea del declive, de no ser ya productiva. Recuerdo luego que me jubilé con la idea de dedicarme a estas aficiones pospuestas por exceso de trabajo y que verdaderamente estoy avanzando en ellas, especialmente en la escritura. Tengo dos novelas acabadas, no es poca eficiencia. Si ahora mismo no llevo un ritmo fuerte en la tercera tampoco es para sentirme culpable. Vamos, para nada. Hasta ahí podíamos llegar…