Creo que ayer no escribí, se me acabó el récord en 390 días seguidos, más que suficiente.
No hay mucho nuevo que contar. Que hice dos vídeos para YouTube, (sobre el atributo y el complemento predicativo), o que hoy me toca compra y regreso a la senda de la narrativa es más de lo mismo. Solo una visita a la peluquería sería noticia, y de un calibre lamentable, vamos, por favor. Y ni eso, pues JC fue ayer y yo no necesité acompañarle porque mi pelo aguanta estupendo.
Reconozco que cuento lo mismo todo el tiempo. Y menos mal, no quiero más sucesos familiares, por favor. Salimos poco de casa. Este año ni siquiera he intentado ir a la piscina, y JC, que no es nunca partidario de mojarse, menos todavía. Y eso que está ahí, a la vuelta de la esquina, a cincuenta metros.
Volví a la bicicleta estática un día, porque hace demasiado calor para paseos y siento que me pesa el culo cuando llevo un rato sentada ante el pc y que me redondeo. Pero no tengo el ritmo del confinamiento y se me vuelve a olvidar.
Como poquísimo, intentando no engordar, pero todo lo aprovecha este organismo mío tan ahorrativo. Un día o dos de la semana pasada comí un poco de pan, o un plato de arroz. Lo corriente es que solo sea verdura, ensalada y algo de proteína. Pero apenas consigo mantener el peso, adelgazar me resulta imposible.
Ah, bueno, espera, no, hay una novedad. Un nuevo capítulo en la fobia a los bichos (no sé si solo insectos y arácnidos o también pájaros) de la vecina de al lado. La valla medianera necesaria un arreglo y propone levantar un muro de mampostería de metro y medio. Así, sin anestesia. Pero, en fin, ni caso. Repararlo, por supuesto que sí. Hacer las murallas de Ávila, no está entre nuestras prioridades.
En conclusión, nada, nah, problemas de primer mundo. Banalidades de importancia escasa. Por lo demás, estamos bien. Seguimos el día a día.