Según escribo la fecha de hoy, comparo este año en casa con nuestra costumbre de salir de vacaciones en estas tres primeras semanas de julio. Miro hacia atrás y tengo que retroceder más de treinta años para encontrar una situación similar, a aquellos tiempos remotos en que JC tenía las vacaciones obligatoria y exclusivamente en agosto. Desde que pudo elegir, hemos preferido julio. Nuestros grandes y pequeños viajes familiares han sido casi siempre en este mes (recuerdo vagamente alguno perdido en la última semana de agosto). Y este año, sin embargo, estamos aquí, con las esperanzas puestas en septiembre, y a la vez temiendo que no se pueda entonces.
He limpiado la casa muchísimo. Ya está en óptimas condiciones. No necesita más. Todo, entonces, bajo control. Lo doméstico está, por fin y de nuevo, domesticado.
El curso nuevo se inicia con desgana. De momento solo nos hemos reportado tres alumnos. Veremos hoy, que la profe está de vuelta, tras un problema médico familiar.
Son las siete y media. Le doy una nueva fregada a la buhardilla y refresco todo. Hasta la próxima.