De nuevo florecieron las camelias, avanza esta nueva primavera de confinamiento.
Dejé el curso de la Fundación, pero, menos mal, justo en el último instante creamos un grupo de compañeros, que espero pueda servir para hacer piña escribidora. Al menos no perderles el contacto. Ya contaré.
En lo que se refiere a la pandemia, sigo autoconfinada, y JC conmigo, casi siempre. Excepto uno o dos días por semana, que se acerca al lugar físico, teletrabaja todo el tiempo. Vivimos aislados del mundo. A veces es embrutecedor.
Ni escribo, ni juego, ni hago nada con la energía de antes. Incluso le he perdido el ritmo a leer. Sin embargo, me he impuesto una lectura especial. Se trata de la novela de un antiguo alumno. Es una trama policíaca tópica, autoeditada, con los errores esperables en construcción y estilo. Pero, también, un logro para G, que es muy joven y seguro que continuará avanzando por ese camino.
Apunto aquí, como se ve, un listado de decisiones vitales anodinas mientras repuntan los casos del maldito bicho, el hastío de la gente, y el crecimiento absurdo de la derechona que fulmina el estado del bienestar en esta comunidad autónoma de idiotas. En el sentido más, tristemente, griego de la palabra.
Son las 7:47. Empieza un nuevo día. Intentaré aprovecharlo al máximo.
Poco tengo que contar. Continúo con los vídeos de lengua. Ya he terminado mi plan de trabajo y tengo toda la Sintaxis subida. 50 vídeos, que no es poco. Ahora me dedico a elaborar unos cuantos de prácticas, y de resúmenes esquemáticos. En pocas semanas hará un año de mis primeros intentos. Tengo que mirar la fecha concreta, no recuerdo si fue en abril, en mayo o en junio. Tengo 227 suscriptores y mas de 30.000 visualizaciones. No es que mi canal sea un éxito clamoroso, pero tampoco se ha quedado en nada, como me temía en el principio. Así que, sigo con mi plan docente a distancia.
En cuanto a la faceta escritora, dejo la FCPJHierro. No solo porque me ha surgido otra actividad durante abril y mayo y en junio ya, cuando acabe, no creo que merezca la pena volver. La verdad es que pensaba que el curso de la Fundación me ayudaría a escribir mi tercer proyecto, pero ha sido demasiado teórico y he avanzado poquísimo.
Debo confesar que estoy, también, poco motivada, teniendo aún el segundo manuscrito en barbecho, y el primero a medio cocer. Para Barrio 1972 todavía hay un mes de espera. Quizá podría presentarlo a algún premio. No sé. Lo iré valorando sobre la marcha.
En cuanto a Nina, todavía espero por la nueva tanda de revisiones. Ayer me comentó el editor que la retomará el próximo lunes. Pocos días y esfuerzo podrán ser, no obstante, porque la siguiente es la Semana Santa y cerrarán. Pero hay que darle tiempo al tiempo. Espero salir antes del verano, lo demás tampoco me agobia, verdaderamente.
Los cinco primeros libros ya están disponibles en preventa. Yo misma los he encargado como lote, a ver qué tal, en plan coleccionista. No deja de ser el comienzo de una editorial que empieza, y que ojalá le vaya bien y cuente conmigo para más cosas. De momento, así veo dónde me he metido y cómo son mis compañeros. Las primeras cinco novelas estarán disponibles y en preventa durante treinta días. Supongo que luego, no sé con qué tiempo de impás, iremos los siguientes.
Mi Nina y yo saldremos en esa segunda tanda. Aunque solo seremos cuatro, pues uno de los autores se ha echado atrás. Parece ser que no le gustaba el trato dispensado por el editor. Me sorprende, porque es muy amable. En fin, tampoco conozco al colega crítico y rescisioniata de contratos. Ni sé si tiene mucha o poca experiencia editorial previa. Creo que no. Le supongo autopublicaciones, como casi todos. Investigaré.
Me hace reflexionar. Una editorial nueva es una apuesta, nadie sabe hasta qué punto arriesgada. Pero al menos es algo. Me lancé con pocas esperanzas de éxito y, finalmente, no me ha ido tan mal. Me da ánimos saber que dos editoriales pequeñas se han interesado por el manuscrito. Ya que las grandes ni nos ven a los escritores noveles, al menos tengo ese consuelo.
Da igual que hayan pasado diecisiete años, las fechas son difíciles, qué maldito filo tienen los aniversarios.
Como estaba previsto, G, JC y yo estuvimos juntos todo el día 11. Desde temprano, en los actos de la estación de Atocha. Luego, durante una visita rápida para poner flores en su tumba. Finalmente, para la comida y la sobremesa, nos quedamos en casa. En estas circunstancias de COVID-19 no nos parecía conveniente salir a comer fuera.
Y así estuvimos, con las precauciones de esta maldita pandemia (distancia, ventanas abiertas, mascarillas…). Pasamos el resto del día juntos los tres, ahogando el agobio con charlas insustanciales, sintiendo qué pocos somos desde que Rodrigo no está. Pero todo era ajeno, raro. Nuestras ansias de normalidad no resultaban, aunque estaba clarísimo que no era por falta de esfuerzo.
Menos mal que contamos siempre con la cercanía de los amigos, que en las redes sociales, durante toda la jornada, son un bálsamo curativo. Diecisiete años son una enormidad, son mucho tiempo, pero ellos siguen ahí, acompañándonos. Incluso aunque para muchos ese cómputo sea la mitad de su vida. Procuro agradecérselo siempre, a todos, uno a uno. Ojalá fuera capaz de transmitirles lo que significa para nosotros su compañía y su recuerdo.
He dormido poco. Amanezco cansada este viernes 12, con recuerdos traumáticos que regresan insistentes, aunque los procure evitar. Revivo, sin poder remediarlo, los momentos en que corroboramos que Rodrigo era una víctima. Y fuimos a buscarle a la morgue improvisada en el IFEMA. Una mañana como hoy. A estas horas, diecisiete años atrás. Las fechas coinciden. Hace todo este largo tiempo de ausencia también era viernes, 12, como hoy. Me cuesta un gigantesco esfuerzo emocional alejarme de tan horribles sensaciones.
Por eso me refugio en la lectura. Otras veces (muchas, en diecisiete años) me ha servido para evadirme; pero esta vez no, en esta ocasión no funciona. No hay trama novelesca que me atrape, los periódicos me alteran aún más. Luego me digo a mí misma, como entonces, que poco a poco, que solo respiraciones lentas, unos pasos cortos, sin agobiarme por lo que pueda suceder mañana. Como entonces. Como las primeras horas, los primeros días, meses, años…
Son las siete. Ya he leído las noticias, enloquecedoras en lo político, con elecciones por sorpresa, en esta crisis sanitaria. Lo esperable del fascismo oportunista, que quiere intentar un nuevo asalto en la comunidad de Madrid y no le importa el reguero de daños colaterales que pueda provocar. ¿Le ha importado alguna vez? ¿Acaso no es una actitud continuamente repetida?
Ya toca reemprender lo cotidiano. A ver si me sale medianamente. Buenos días.
Empieza la semana terrible, con las mismas fechas, la que parecía igual que otras, pero iba a ser la última de Rodrigo y de toda nuestra familia.
Hasta ayer mismo creía que el efecto aniversario no me afectaba, por fin, después de diecisiete años. Por la tarde comprobé que la ansiedad me cercaba por momentos. Y tuve que recurrir a la química para conciliar el sueño, porque ya no era suficiente con valeriana o amapola de California. La angustia está aquí, conmigo, como otras veces.
Hoy, además, es el día de la mujer, que celebraré en casa, con camiseta reivindicativa morada durante la clase de la FCPJHierro. Lo de poner algo malva en el balcón aún lo estoy pensando.
Escribo poco, estoy desorientada. Aunque creo haber hallado la solución de nuevo. Como no me sentía demasiado convencida con los primeros capítulos de Un buen plan, les he dado la vuelta. Los he rehecho, desde el principio, de forma que fluyan cronológicamente, sin más saltos en el tiempo que la anticipación inicial, mi cocodrilo. Espero que funcione. Y en esa tarea y en los vídeos de Sintaxis, ahora de práctica, voy a intentar centrarme estos días fatídicos.
Procuraré pasarlos con la mayor serenidad posible.
Un año de pandemia ha distorsionado mi sentido del tiempo, de tal forma que por primera vez en diecisiete años no me siento afectada por la llegada del mes de marzo.
Los horribles, malditos, agobiantes marzos.
Puede que solo sea un espejismo y el efecto aniversario me asalte por sorpresa, no me fío.
Pero mientras tanto, sigo adelante. Concentrada en lo que me mantiene lúcida. Escribo, juego, veo series, hago vídeos… Me cuesta más trabajo leer en esta nueva fase, con lo que yo era a ese respecto, quién me ha visto y quién me ve… Pero no me fustigo. Llegarán otros momentos. Y otras circunstancias.
Enviadas las correcciones, he vuelto a mi texto interrumpido. Nuevas ideas rondan mi mente y me llenan de ilusiones y ganas de seguir escribiendo. Mientras sigue la edición de Nina, mientras Barrio 1972 debe mantenerse en espera, avanzaré con Un buen plan.
Este año tengo que dedicárselo a Nina y su promoción. Y ojalá la vida pueda regresar a una normalidad suficiente como para hacer presentaciones. Confío, entonces, en volver también a hacerlas con el libro de Rodrigo. Tengo la sensación de que es el más atemporal y me seguirán saliendo lugares donde contar lo que pasó.
Lucharé en cuanto pueda por mi segundo título. Se me van ocurriendo cosillas interesantes para darle un repasito. Quizás, incluso, se lo mande a B como lector cero, a ver qué le parecen mis narradores equiscientes. Pero mientras tanto, iré avanzando con el tercer proyecto. Con renovadas energías.
Voy mejor. Parece que recupero la energía y consigo volver a las actividades cotidianas con fluidez. Poco nuevo puedo añadir, pero no me quejo de la rutina. Por favor, ya tenemos experiencias impactantes de sobra. No necesitamos nada más en lo que nos queda de vida.
Aunque estemos en febrero, la primavera empieza a asomar. No solo por las buenas temperaturas, los pájaros y los rebrotes de la camelia chica. Los almendros de la senda están ya bellamente florecidos y los prunos anuncian también sus flores.
Por eso me da lástima el pruno del jardín interior. Este año, el pobre, no va a lucirlas: el lunes lo podan. Demasiado tarde, ojalá hubiera sido en diciembre, pero es lo más pronto que hemos conseguido que vengan después de la gran nevada. Además, también han cuidado la pradera, con un escarificado y una buena siega, da gusto verlo todo tan aseadito.
JC había recortado previamente las yedras, para que fuese más fácil el trabajo. Y aunque las de la derecha están raídas por las malas artes de los vecinos, suponemos que ya podrán crecer tranquilas.
Es curioso que esos vecinos, con una fobia a los bichos de manual, se viniesen a vivir a una casa como esta. Treinta años hace que estamos todos aquí, y ahora se les ha ocurrido convertir su jardín en una pura terraza, suponemos que para hacerla más aséptica. Todo solado, sin árboles o plantas, con muros de ladrillo gris de ese prefabricado, como de tendedero de cocina.
En fin, si a ellos les gusta, a nosotros nos viene bien. Así ya no podrán cortar las ramas de la maltratada yedra, ni arrancarlas, como solían. Les han hecho una última escabechina, pero ya no las alcanzarán nunca más. Raro será que no se recuperen. Y, en último caso, con poner nuevos plantones, sería más que suficiente.
Respecto a la revisión de las galeradas, creo que voy bien. Las entregaré el lunes, porque ya estoy súper saturada del texto. Lo he limpiado cuanto que he podido. Alguna rima cacofónica queda, es imposible eliminarlas todas, pero no creo que quede ninguna de las absolutamente impresentables. O eso espero.
Sigo adelante a trompicones, no me encuentro bien anímicamente. Es la pena por JCC y por el dolor que siente G, que se ha quedado muy solo, otra vez. Es el cansancio pandémico. Es el aislamiento que sufrimos todos. Es que no le vemos desde hace diez días. Todo junto, me temo.
La editorial hizo públicas portada y contraportada, justo coincidiendo con otra visita mía al dentista. Como cuando me anunciaron que les interesaba el manuscrito. Qué curioso. Y qué incómodo.
La verdad es que quedaron estupendísimas, brillando en todas las redes sociales. Pero yo apenas conseguí resolver lo que me pedía el editor. Tuve que hacer unos cambios de último minuto, deprisa y corriendo, y estaba demasiado alterada. Tanto que me bloqueé. Algo que no me había pasado jamás.
A ver si mañana consigo centrarme. De momento subí el vídeo de YouTube con dos días de retraso. Y no he vuelto a revisar la maqueta.
Son las 2:28 y no consigo dormir. Releo lo escrito y me parece deslavazado. Mejor dejamos las reflexiones para un momento más lúcido. Buenas noches.
Mi sistema al escribir consiste, siempre, en revisar lo del día anterior antes de ponerme con la nueva tarea. Y cuando acabo una escena. Y un capítulo. O un bloque, o cualquier parte estructural.
Corrijo continuamente. Y de nuevo cuando el manuscrito está acabado. Muchas vueltas, muchas veces el texto completo. Y eso hice con Nina. Así que estaba convencidísima de que todo estaría bastante limpio.
Pues, espanto espantoso, sigo encontrando fallos, rimas cacofónicas, errores de tipeo, lugares donde me podría haber expresado más adecuadamente. Es la tarea de Sísifo.
Ya me lo decía S, el editor del libro de Rodrigo, que las fechas de entrega son la solución para dejar de darles vueltas a los textos. Que los autores respiran aliviados cuando tienen que cumplirlas. Porque solo entonces pueden descansar.
F, mi editor, me anuncia sus próximas actuaciones por WhatsApp. Soy la primera de la nueva tanda: 11 de febrero: Portada Nina. 12 de febrero: sinopsis Nina.
Son fechas simbólicas, que me sorprenden, alegran y conmueven a la vez. De nuevo surgen estas curiosas casualidades relacionadas con Rodrigo. Y con Nuria.
Quiero creer que con ellas ambos nos dicen que no están tan lejos, que acompañan nuestra vida, incluso en detalles nimios como mis pobres aventuras literarias.
Tengo trabajo, entonces. Además de subir mi siguiente vídeo de sintaxis, (que ayer no pude porque perdí la conexión y hasta tuvo que venir un técnico a repararla). Este finde toca revisar las galeradas.
La editorial ha hecho una maquetación muy bonita, que me gusta muchísimo, estoy muy contenta. Lo malo, porque siempre hay alguna cosa, es que siguen saliendo errores. A pesar de las mil vueltas que le di al texto en su momento.
Pero no me importa. Me pongo a la tarea con ganas.
Ya estamos en febrero, no hace tanto frío y cumplo mis obligaciones con bastante éxito otra vez.
Escribo, hago vídeos, leo, acudo a clases por Zoom. Sufro la alergia por cupresaceas de todos los años y sobrellevo con elegancia la dieta equilibrada necesaria después de los extras del confinamiento por nieve y las comidas de Navidad. También, he regresado a la actividad física de largos paseos. A paso rápido.
Mi editor está maquetando la novela, ya conozco la portada, (y además pude elegir entre dos propuestas), y pronto revisaré las galeradas. Parece que eso también progresa adecuadamente.
Pero, sobre la mesa, siguen las fotos de JCC. Y su recuerdo en nuestros corazones.
Gestionar el consentimiento de las cookies
Para ofrecer las mejores experiencias, utilizamos tecnologías como las cookies para almacenar y/o acceder a la información del dispositivo. El consentimiento de estas tecnologías nos permitirá procesar datos como el comportamiento de navegación o las identificaciones únicas en este sitio. No consentir o retirar el consentimiento, puede afectar negativamente a ciertas características y funciones.
Funcional
Siempre activo
El almacenamiento o acceso técnico es estrictamente necesario para el propósito legítimo de permitir el uso de un servicio específico explícitamente solicitado por el abonado o usuario, o con el único propósito de llevar a cabo la transmisión de una comunicación a través de una red de comunicaciones electrónicas.
Preferencias
El almacenamiento o acceso técnico es necesario para la finalidad legítima de almacenar preferencias no solicitadas por el abonado o usuario.
Estadísticas
El almacenamiento o acceso técnico que es utilizado exclusivamente con fines estadísticos.El almacenamiento o acceso técnico que se utiliza exclusivamente con fines estadísticos anónimos. Sin un requerimiento, el cumplimiento voluntario por parte de tu Proveedor de servicios de Internet, o los registros adicionales de un tercero, la información almacenada o recuperada sólo para este propósito no se puede utilizar para identificarte.
Marketing
El almacenamiento o acceso técnico es necesario para crear perfiles de usuario para enviar publicidad, o para rastrear al usuario en una web o en varias web con fines de marketing similares.