
Un año de pandemia ha distorsionado mi sentido del tiempo, de tal forma que por primera vez en diecisiete años no me siento afectada por la llegada del mes de marzo.
Los horribles, malditos, agobiantes marzos.
Puede que solo sea un espejismo y el efecto aniversario me asalte por sorpresa, no me fío.
Pero mientras tanto, sigo adelante. Concentrada en lo que me mantiene lúcida. Escribo, juego, veo series, hago vídeos… Me cuesta más trabajo leer en esta nueva fase, con lo que yo era a ese respecto, quién me ha visto y quién me ve… Pero no me fustigo. Llegarán otros momentos. Y otras circunstancias.