Empieza la semana terrible, con las mismas fechas, la que parecía igual que otras, pero iba a ser la última de Rodrigo y de toda nuestra familia.
Hasta ayer mismo creía que el efecto aniversario no me afectaba, por fin, después de diecisiete años. Por la tarde comprobé que la ansiedad me cercaba por momentos. Y tuve que recurrir a la química para conciliar el sueño, porque ya no era suficiente con valeriana o amapola de California. La angustia está aquí, conmigo, como otras veces.
Hoy, además, es el día de la mujer, que celebraré en casa, con camiseta reivindicativa morada durante la clase de la FCPJHierro. Lo de poner algo malva en el balcón aún lo estoy pensando.
Escribo poco, estoy desorientada. Aunque creo haber hallado la solución de nuevo. Como no me sentía demasiado convencida con los primeros capítulos de Un buen plan, les he dado la vuelta. Los he rehecho, desde el principio, de forma que fluyan cronológicamente, sin más saltos en el tiempo que la anticipación inicial, mi cocodrilo. Espero que funcione. Y en esa tarea y en los vídeos de Sintaxis, ahora de práctica, voy a intentar centrarme estos días fatídicos.
Procuraré pasarlos con la mayor serenidad posible.