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Jueves 26 de diciembre de 2019

Qué risas ayer, menos mal que al menos nos reímos juntos. La comida navideña fue agradable y distendida, pero no se marchan las sensaciones de irrealidad. Y por eso ahora me parece todo un sueño, aunque haga poquísimo que sucedió y la lógica me diga a gritos que no hay razones para tanto desconcierto.

Llevamos varias comidas copiosas a base de dulces, fritos y grasas, alejados de toda prudencia (me dan miedo los kilos que se me sumarán, tanta dieta para esto). Vemos a familiares y amigos, salimos por el centro, nos hacemos regalos… Unas vacaciones tópicas, entonces, como las de mucha gente, si se analizan con desapego. Sin embargo las sensaciones de incomodidad emocional permanecen intactas.

Claro que ya nada me pilla de nuevas. Tengo muchos años y algo he aprendido de mis vicisitudes previas. Me analizo porque me gusta saber lo que me pasa, pero ya descubrí hace eones que la consciencia no está reñida con la fluidez. Toca dejarse llevar. Ya vendrán momentos más fáciles. O diferentes. O lo que sea.

No debo agobiarme si persiste la sensación de vivir entre bambalinas, actriz que sabe que está en una obra de teatro. En el fondo esa es la mayor de las verdades. ¿Y si como plantea la teoría de la caverna de Platón lo que creo sensaciones de extrañeza son percepciones lúcidas de la auténtica realidad?

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Navidad 2019

Cuando se echa la vista atrás es cuando se pueden hacer las comparaciones pertinentes, cuando de verdad se conoce y pondera lo sucedido. Como que antes estar todos nos parecía lo normal, no éramos conscientes de la suerte que eso significaba.

Quién hubiera previsto en las navidades de 2003 que eran las últimas de Rodrigo. O el año maldito de 2004 que mis padres no llegarían a las de 2005. Exactamente lo que sucedió con Javi el diciembre pasado, de modo que ayer pensamos lo mismo aunque ninguno dijo nada. G se sentó en el sitio que solía ocupar él, frente a mí y al lado de Ela, cada vez más anchos en la mesa, y no junto a JM y su padre. Así comimos. Y brindamos por los ausentes, que ya son tres, un cuarenta por ciento de nuestro exiguo total.

Estuvimos hablando poco y viendo la tele, concursos, series y unos monólogos muy simplistas, pero que llenaban el tiempo. Salvo algún comentario chusco de G que al menos yo agradecí.

Hoy cambiamos de tercio dedicándonos a mi lado familiar, también con muchas sillas vacías y esa sensación de desconcierto que no nos abandona. Lo que comamos es lo de menos, solo será un intento de estar juntos. B llegará por la tarde. Y poco más darán de sí las festividades de este año. Esperamos no tener que añorarlas en las siguientes.

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Nochebuena 2019

Para los fastos de hoy hemos decidido comprar comida preparada. No es que sea la más sutil y navideña, pero será más que suficiente. Iré a buscarla con un tiempo prudencial, por si acaso algo no funciona y es necesario recurrir a un plan B. Carga doble, para la cena de hoy y para la comida de mañana. Quizá acabemos hartos de lo mismo, no sé. Pero no será de cocinar en exceso. Espero.

Pasaré una mopa y el polvo, al menos para la comida de mañana. Qué tostón. En el sótano, sin embargo, todo estará revuelto, pues el abrigo sigue sin cuadrar. Lo he deshecho de nuevo y ahora incluso una manga. Pero las labores costureras ya serán para más adelante. Jolines con el patrón, por muy de Burda que sea, no me está saliendo nada bueno.

Ideas inconexas duermen furiosamente. Hoy no estoy muy lúcida. He vuelto a despertarme muy temprano. Escribo esto en la penumbra de la somnolencia. A la noche resistiré mal la cena y me caeré de sueño en cuanto den las once. Aunque, la verdad es que eso me sucede desde hace tanto tiempo, prácticamente desde que tengo memoria, que a qué agobiarme. Si es más de lo mismo. Puede ser que incluso pueda echarme una siestita paliativa antes de salir.

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Lunes 23 de diciembre de 2019

Mañana es Nochebuena y pasado, Navidad. Días de comilonas y celebraciones enajenantes, porque la familia se reduce y los años y las ausencias nos van pesando. Qué desbarajuste emocional y físico, y qué raro se me hace ahora que no tengo vacaciones.

Recuerdo a madres sin hijos contemporáneas a la muerte de Rodrigo que querían borrar estas fechas de un plumazo y me congracio con mi suerte de haber estado trabajando en esos ásperos años de duelo. La mente ocupada en periodos lectivos y la necesidad de descansar en vacaciones navideñas les dieron sentido a mis calendarios. Ahora, jubilada, siento muy vacías estas jornadas de comidas interminables y malestar gástrico en las que no puedo disfrutar de mis aficiones, esas de las que no necesitaba reposo alguno.

Pero no nos pongamos estupendos, yo no soy la medida de todas las cosas. Me está costando centrarme. Apenas comienzo a hacer rutina, surgen nuevas eventualidades que me desconciertan. Tal vez deba darle la vuelta al razonamiento, quizá es que ahora tengo que funcionar de otra manera que nunca antes pensé y no tenía prevista.

Así que de momento dejaré fluir las horas y los días evitando esta conciencia luterana mía que me obliga a aprovechar cada minuto en algo productivo, que me exige eficacia y ritmos innecesarios. A ver si me sale.

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Domingo 22 de diciembre de 2019

Ayer estuvimos en la fiesta de la Aso. Desde las dos, cuando salimos de casa, hasta las diez, que llegamos agotaditos. Ayudamos al principio, éramos pocos y había mucho que hacer, luego llegó el mogollón, yo me senté con un ataque de lumbalgia y otros se dedicaron al reparto de comestibles y juguetes.

Un día tontorrón con bocatas y roscón sería el resumen rimado al estilo del Infante don Juan Manuel. Jajajajaja. Me reiría más si no estuviera preocupada por el aumento de peso navideño. La zampada de anoche y lo que queda todavía. Ufffffff.

Me avisa el sistema de que este post hace el número 180. Seis meses de escritura continua, los de mi nueva libertad laboral. Sigo sintiéndome extraña, entre agradecida y asustada. Por eso mantengo este blog tan asiduamente, porque reflexionar me ayuda.

La larga tradición de quince años escribiendo a Rodrigo me certifica como redactora constante. Esta bitácora es igual de longeva, aunque de ambas no se muestran todas las entrsdas. Desde febrero procuro mantener también la de mi nombre, o más certeramente, de profe, filóloga y escribidora. Es la de duelo la que se ha quedado anclada. No la borré, pero ya no actualizo.

Iba a cerrar el texto cuando me doy cuenta de que he escrito dos adverbios en – mente, qué aberración, y pulo un poco más las rimas internas. Estoy poseída por el espíritu de correcciones múltiples. Jajajajaja. Vuelvo a reírme. Está bien esto de empezar el día con risas. Y se pondrá mejor porque veremos a G.

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Sábado 21 de diciembre de 2019

Ayer tuve una mañana divertida y amable en EdE, a pesar de la huelga de Cercanías y de lo que tardó el tren tanto a la ida como a la vuelta. Normalmente me muevo entre multitudes, pero cuando hay menos servicio la acumulación de gente llega a ser angustiosa. Y con andenes y vagones a tope pienso siempre en Rodrigo y le echo de menos un poco más, si es que se puede.

No cosí nada, por la tarde estaba cansada y dolorida, así que me tomé un ibuprofeno, que siempre me da sueño, y me eché una siesta reparadora. Volví a dormirme muy pronto, apenas las once, con lo que a las seis horas ya estoy de nuevo consciente.

Acabo de despertar, son las 5:17, hoy tenemos la fiesta de Navidad de la Aso y volveré a tener el mismo problema de sueño al final del día. Me temo que me sigo moviendo en un círculo vicioso de despertares tempranos, mi tendencia natural.

Anoche vimos un momento a G y B, que salían de fiesta, y aproveché para probarle el abrigo. Sigue habiendo algo mal en una vista, creo que debería ser un poco más larga. Me toca volver a descoserla y se me alarga ad infinitum la tarea.

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Viernes 20 de diciembre de 2019

Último día lectivo de este año, ya no para mí, lo sé, pero es que todavía me organizo siguiendo esas pautas. No sé si harán una fiesta navideña en el instituto, tengo EdE y no quiero faltar. Tampoco me viene mal despegarme de lo que ya no me incumbe. Aún quedan alumnos y compañeros, a algunos los vi hace poco, cuando fui a por la lotería. Sin embargo en breve no habrá mucho que visitar.

Tengo el abrigo bastante avanzado, no tanto como me gustaría. Voy un paso adelante y dos atrás, a base de prueba y error. Debo decir que al menos ya tiene buena pinta, a pesar de sus múltiples defectos. Será abrigado y agradable al tacto. También parecerá de verdad, por más que sea una chapucilla de aficionada. Soy demasiado osada.

Leo a Ignacio Aldecoa, pergeñando un nuevo proyecto, a la vez que mantengo otros dos en candelero, mi novela y una posible colección de cuentos. Publicar no me atrae demasiado, y mucho menos me motiva u obsesiona. Quería enviar el manuscrito a un premio y explorar una autopublicación para mis cuentos, tal vez tanteando alguna editorial juvenil. No tengo ni prisa ni presunciones. Solo me mueve el afán de contar de forma crítica con la máxima precisión y una pizca de belleza.

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Jueves 19 de diciembre de 2019

Rehice tres veces el cuello y la tirilla, las solapas y las costuras decorativas. Un día entero cosiendo y descosiendo. A ver si hoy se me da mejor el asunto y coloco por fin el forro. Otra cosa que me va a dar la lata muchísimo, me temo, porque es grueso y no sé cómo armarlo.

He dormido poco. Son las cinco. Me agobio sin necesidad. No tengo obligaciones, cuando me dé sueño puedo echar una cabezadita. Pero qué le voy a hacer, soy así.

177 días seguidos escribiendo. He vuelto a poner una imagen, pero no es nueva, está ya en otra entrada y en la biblioteca de medios, así que solo es un enlace y no pesa tanto. Me propongo repetir el sistema alguna que otra vez.

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Miércoles 18 de diciembre de 2019

Esto de escribir la fecha es fundamental. Así me doy cuenta de que hoy es el santo de mi hermana. Sigo creyendo muy necesario ser consciente del día en el que vivo. Le pongo un WhatsApp y vuelvo.

Ya estoy de regreso. Lumbalgia aparte, volveré al abrigo en un rato. Luego me iré al centro comercial a comprar un par de cosas y a darme un paseo a cubierto. Han abierto un nuevo supermercado, le echaré un vistazo.

Y poco más. Seguir sopesando tramas para mi nueva novela.

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Martes 17 de diciembre de 2019

Hoy me he despertado más tarde, sobre las siete, y apenas he terminado de leer las noticias me voy a la compra. Deprisa. Antes de que se ponga el supermercado a tope. Pero por qué me agito tanto, no es necesario. Me digo que no debo estresarme, pero es difícil luchar contra esa tendencia, ya Rodrigo me recomendaba aquello de «madre, no seas agobiosa». Desde que no está, mi ansiedad se ha multiplicado exponencialmente.

Luego coseré el forro polar, a ver qué tal queda dentro del abrigo. Y escribiré un ratito. Y se me habrá ido la mañana.

ACTUALIZACIÓN: no puedo coser muchos minutos seguidos sin que se me cargue la espalda. Con varios descansos se me han pasado las horas sin avances significativos. Y ya ni cuento cuando tuve que descoser una parte. Menos mal que al menos tengo cortado el forro. También es mala suerte que se me rebele la técnica, pero es lo que sucede: con tantos pelillos del polar se bloquea la máquina de coser a cada rato. Un desastre por el que voy aún más despacio. Obra escurialense, para variar.

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Lunes 16 de diciembre

Son las siete. JC se ha marchado al trabajo y yo he leído las noticias más interesantes todavía arrebujada bajo el edredón. Tengo EdE, unos relatos y un proyecto de libro con ellos. Y también ideas para una nueva novela.

Respecto a la primera, me estoy dando un margen para las correcciones. A ver qué dicen mis lectores cero. N ya contestó y hay coincidencias con la lectora profesional. Aunque constato que la opinión que más me ayuda es esta última, y que fue buena idea encargarla. De momento, entonces, seguirá todo en espera, por ver qué me cuentan los demás y porque necesito espacio y perspectiva para retomarla.

Ahora que he mejorado la lumbalgia, podré volver al abrigo de G. Se me ha añadido nueva tarea: cambiar el forro del que fue de mi padre y ahora lleva él. Está muy desgastado y roto. Yo solo pretendía sacar dimensiones para un segundo abrigo, cruzado esta vez, pero las circunstancias mandan. Lo desmontaré, sacaré los patrones para un forro nuevo, y de paso, también las medidas necesarias. Tengo unos patrones comprados pero no de su talla. Juntando todos los datos, creo que lo conseguiré.

Y la Navidad ahí cerca. Evito incluso pensar en ella. No necesito descanso de un trabajo que ya no ejerzo, pero a JC sí le vendrá estupendamente para recomponerse del estrés. Y poder disfrutar de unos días juntos sin obligaciones es un regalo que siempre nos encanta y disfrutaremos mucho.

Este año, además, compartiremos un tiempo más largo que otras veces, el plus de los días de vacaciones que pretendíamos haber hecho en noviembre con los chicos. El rápido deterioro de J nos llevó a la anulación de los vuelos y de la estancia.

Ni fuimos a Venecia, ni el seguro de los billetes de avión ha terminado cubriendo todos los gastos, no es asunto tan sencillo. Pero, bueno, al menos algo nos devolverá, después de una montaña de papeleo, eso sí. Lo peor es la razón que provocó que no pudiéramos salir y para esa no hay remedio. Ojalá todo pudiera resolverse con un poco de burocracia.

Llevo casi cuarenta minutos escribiendo en el móvil. Ya me preparo. No me voy hasta dentro de dos horas, puedo hacerlo todo con tranquilidad. En breve me llamará JC, en cuanto llegue al trabajo. Espero que hoy sea un buen día para todos.