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Jueves 16 de enero de 2020

Son casi las siete y media. Últimamente mi hora ronda más el siete que el cinco. Me alegra haber dejado atrás esos despertares excesivamente tempraneros. Aunque se debe a que veo series hasta más tarde, estoy durmiendo un poco mejor.

Mañana, sin embargo, que JC vuelve al trabajo, sonará el pequeño tirano a las seis y media. Entonces tendremos que regresar, por la vía de los hechos, a la rutina de dormirnos antes. Hasta las siguientes vacaciones.

Ayer le entregué el abrigo a G. Es muy calentito, forrado de polar, y discreto, comparado con el anterior. Luché mucho para que quedase medianamente bien. No es una joya de la sastrería, pero cumple con su cometido, es agradable de tacto y tiene buen acabado. Espero que cumpla bien su cometido y esté contento con él.

Anoche revisé lo que tengo para mi nuevo proyecto narrativo, pues mañana tengo clase. Hoy me propongo seguir avanzando en ese diseño, en las tentativas de narrador y en la posible estructura. Usaré la rueda de conflictos para crear los de cada familia. Eso sí, entre consultas de médico, que coinciden todas en esta fecha.

Cuenta JA en nuestro grupo de WhatsApp que hoy hace cinco años que empezamos curso on-line nuestro grupo de escribidores. Y con Margarita. Un trimestre antes ya se conocían algunos, JA y yo fuimos los que nos incorporamos más tarde. Mi primer trimestre comenzó con Fajardo, aunque había pedido el grupo de Margarita, no lo conseguí hasta el taller siguiente. Pero, eso sí, siempre en EdE. He probado alguna otra cosa, y es la escuela que nunca me defrauda.

Ya casi las ocho, la mañana se presenta muy oscura y bastante menos fría que la anteriores. Llevo 205 días seguidos escribiendo aquí, por no perder comba creativa, aunque solo cuente cotidianidades insulsas. Leeré las noticias antes de lanzarme a la actividad.

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Miércoles 15 de enero de 2020

A las siete y media, mi hora clave, por lo visto, de este día doscientos cuatro, vuelvo a escribir unas líneas sobre lo que hago cotidianamente.

Como JC está de vacaciones los ritmos se han vuelto diferentes. Poco tiempo ya, el viernes regresamos ambos a la realidad. Me pregunto cómo la llevaríamos si él también estuviera jubilado, si perderíamos los ritmos, como nos está pasando ahora. Me da un poco de miedo.

Aunque, bien es cierto que hay hitos que rompen la monotonía, los días se deslizan rapidísimamente. El lunes cambiamos el toldo, que tras once años se había rasgado. Ayer fuimos a ver a G y a empezar una chapucilla que se tuvo que quedar a medias y seguiremos hoy. Mañana está trufado de citas de médico.

En fin, que sigo intentando acostumbrarme a mi nueva condición. No me sale del todo bien, pero ¿tengo prisa?

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Martes 14 de enero

Son las siete y media de una nueva y fría mañana. Me levanto alegre, como siempre, y hasta me encuentro más ligera. Siento que me he librado un poco ya de los excesos de las comilonas, menos mal. Sigo una dieta a mi aire hasta que el próximo jueves el endocrino me ponga la que crea conveniente. También veré al traumatólogo, porque me duelen la espalda y los dedos de las manos, cada vez más inflamados. Esto último es artrosis, lo de la espalda no lo sé, aunque tiene pinta de estar relacionado.

Coser acentúa los dolores de espalda. Debe de ser la postura. Así que no puedo pasar mucho tiempo seguido y me eternizo con el abrigo de G. Pero tengo ya la esperanza de terminarlo hoy. Solo me faltan el bajo del forro, el de una manga y los tres ojales. Supongo que bastará con la mañana, porque querría escribir un poco para la clase del viernes.

Empiezo a diseñar ya la estructura y los personajes de mi nuevo proyecto. JC me ayuda con la ambientación técnica, cosa que le agradezco muchísimo. No tengo todavía el título, la verdad es que eso será lo último, pero estoy ilusionada, que es lo importante.

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Lunes 13 de enero de 2020

Después de un finde tranquilo y solitario, seguimos en casa, porque a JC todavía le quedan días de vacaciones y debe consumirlas este mes o renunciar a ellas. Desde luego no va a despreciar esas jornadas de descanso y como yo dispongo de tiempo, las pasamos juntos la mar de bien.

Dolor de espalda aparte, ya casi tengo terminado el abrigo. El forro parece encajar bien y solo necesito un vivo para que quede más rematado. Sigo encontrando un defecto en la caída, en el aplomo, aunque voy solventando sobre la marcha. Los patrones de Burda que he seguido, no de revista, sino los individuales que vienen en un sobre, son malos además de caros, quién lo hubiera previsto. Pero con eso he de bregar.

Son casi las ocho, tenemos – 3°C en la calle y todavía está oscuro. Empieza una nueva semana, me propongo escribir, a ver qué tal. Ah, y llevo dos días a dieta, intentando recuperar el peso perdido. El jueves voy al endocrino. Y tengo que pedir cita para el traumatólogo, por mi dolores de espalda y la artrosis de mis dedos. Planazo sanitario de pensionista, vamos.

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Domingo 12 de enero de 2020

Nada especial que contar, ayer fue un día casero, solo salimos un ratito, por la mañana, al centro de bricolaje. Pero eso sí, estuve muy activa y cociné varios platos seguidos, para un par de días de dieta, lo imprescindible después de las comilonas navideñas. Hice coliflor, judías verdes, lombarda y berenjenas asadas. También una paletilla de cordero que aún tenía congelada y patatas fritas. Y aunque de estas últimas, obviamente, no comí, probé la carne, que estaba muy rica, y aguanté la primera jornada restrictiva.

Son las siete y media. Hoy me propongo terminar el abrigo de G. A ver qué tal me va. De momento no sé dónde puse los botones que compré al efecto. No pueden andar muy lejos, pero no los encuentro, qué calamidad.

Mañana intentaré regresar a una cierta rutina, que no lo será del todo porque JC todavía estará de vacaciones. Sería interesante aprovechar para hacer algo distinto, pero desde luego nada que suponga pasear por las calles de Madrid como hicimos por las de Sevilla, porque hace un frío tremendo. Miro por la ventana y veo que ha helado y que el pobre Gordito está completamente blanco, como todos los otros coches aparcados en nuestra calle.

Luego vuelvo a la cama, me arropo con el edredón y me dispongo a leer las noticias. Y la novela que tengo a medias. Hasta que temple.

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Sábado 11 de enero de 2020

A dos meses de un nuevo aniversario de la muerte de Rodrigo, el décimo sexto, escribí una entrada melancólica en su bitácora y todavía me envuelven sus emociones. Ojalá pudiera darle todos los abrazos que se me quedaron pendientes. Ay, cuánto lo echo de menos.

Son las siete menos cuarto, intento reflejar lo que hicimos ayer, como suelo en este diario de vida, pero solo fue un día de transición. La media hora de paseo hasta Santa Justa, el viaje y el reencuentro con la casa y el frío de Madrid. Nos han venido muy bien estas cuatro jornadas en Sevilla, qué gusto plantarse allí en dos horas y media. El AVE es una delicia, bastante más asequible ahora gracias a los descuentos de nuestra provecta edad.

A propósito sobre la vejez que nos acecha, leí un artículo bastante mediocre sobre las fases de la jubilación que proponía algo similar a esto:

1. Tiempo previo en el que se fantasea con la jubilación.
2. Fase de solicitud y espera de que sea concedida.
3. Primera etapa en la que se pretende hacer todo lo que no se pudo o dejó para entonces.
4. Fase de desencanto cuando las actividades no son lo que se creía, o no se necesita más descanso o se agotan las cosas que se querían hacer.
4. Etapa final de aceptación.
No me pareció gran cosa cuando lo leí, principalmente me parecieron de pegote las dos fases previas. Algo más razonable me resultó al recordarlo y escribirlo. En todo caso, estoy en la primera etapa, en el intento de hacer cosas que antes no podía. Ya he comprobado que algunas actividades no me funcionan, pero, menos mal que otras sí y no estoy desanimada.

Seguiré reflexionando sobre ello y los 200 días de diario que llevo ya.

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Viernes 10 de enero de 2020

Son las siete. He dormido como un tronco después de todo un día de caminatas. Ayer empezamos la mañana con marcha, subiendo las 34 rampas de la Giralda. Echamos el resto visitando la catedral y sus múltiples anexos.

Después de comer nos acercamos hasta la Torre del Oro, dimos un paseo en barco por el Guadalquivir, del que salimos arrecidos por el relente. Para recuperar temperatura recorrimos uno de los bancales del río y nos sentamos al sol hasta que casi se escondió tras las casas de la ribera contraria. Entonces regresamos por Sierpes, comiendo un helado, cansados de tanta actividad.

Hoy nos volvemos a casa, contentos de haber roto la monotonía pero también deseosos del abrazo emocional de lo cotidiano. Están bien estas salidas breves.

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Jueves 9 de enero de 2020

No es que escriba temprano, es que aún no me pude dormir. Se me ocurrió tomar una cola con cafeína, yo que llevo años evitándola. Hacía calor y apetecían sus burbujas a media mañana, con un bocatín de jamón. De resultas, no me llega el sueño aunque hayan pasado más de doce horas. La una y veinte, dice el móvil, mientras tecleo. Qué desastre.

No tenemos obligaciones previamente adquiridas, ni necesidad de madrugar mañana. Cuando pueda me dormiré, sin agobios. Y, mientras tanto, voy escribiendo lo que en condiciones normales hago nada más despertar: lo que nos sucedió hoy. Uy, perdón, me refería al día de ayer, el insomnio tiene estos despistes.

En esencia, nuestra mañana consistió en vagabundear por sitios hermosos. Paseando los Reales Alcázares y sus jardines hicimos hambre antes de comer. Y debo decir que disfrutamos con parsimonia cada rincón, artesonado, ventanal, estanque, macizo, naranjo o fuente. Por cierto, ahí conseguí mi primer descuento de jubilauta en la entrada. Poco épico, supongo, pero me hizo ilusión.

Tras una ensalada rápida en el apartamento y un magnífico yogur griego con nueces de postre, nos llegamos hasta la plaza de España. Me resultó maravillosa a más no poder, plena de luz, música, animación y belleza. Como si la viera por primera vez. Terminamos en los jardines de María Luisa, entre Dante, los Álvarez Quintero y Bécquer, coches de caballos, parterres y árboles centenarios.

Cuando se fueron el sol y el calorcito de un día espléndido, volvimos a callejear por las vías más famosas y animadas. Y de nuevo, como ayer, con un helado, síntoma de la buena temperatura y experiencia que desde luego en Madrid ni intentamos en pleno invierno.

Ya son casi las dos. Echo de menos mi cama y mi casa. Me había puesto unos tapones porque me molestaba un ruido de máquina en el patio, pero ya cesó. Debo poner a recargar el móvil y dormir. Voy a intentarlo. Buenas noches.

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Unas palabras de Nacho Escolar que me apropio

Este gobierno llega cuatro años tarde porque eso fue el bloqueo: la imposición en el Parlamento del marco que fijaba la derecha, donde los votos de algunos españoles no valían y había diputados de segunda con los que no se podía pactar. Ha hecho falta otro gobierno de Rajoy, un destierro de Pedro Sánchez, una victoria en las primarias, una moción de censura y dos elecciones para llegar a este puerto. Se ha perdido mucho tiempo y, en el camino, la ultraderecha ha llegado al Parlamento.

Pero una de las novedades del debate de investidura fue ver a Pedro Sánchez y a Pablo Iglesias en un rol muy diferente, complementario, colaborativo. Ambos parecen ser más conscientes del peso que llevan sobre sus hombros, de la responsabilidad que comparten. No será solo suya –también de sus organizaciones–. No es necesario que se hagan amigos. Pero si olvidan cuál es su punto más débil, la coalición tendrá los días contados. Para gran victoria histórica de la derecha.

No van a dar tregua al nuevo Gobierno, el primero de coalición de la reciente historia democrática, que afronta una responsabilidad histórica. Si la izquierda se hunde en este intento, a España llegará una contrarreforma conservadora; la misma ola reaccionaria que ya ha inundado medio mundo. Si Sánchez e Iglesias fallan, les sustituirán Abascal y Casado. Si la coalición fracasa, la derecha gobernará durante décadas. «Hasta que la princesa Leonor sea abuela», como pronostica Iñaki Gabilondo.

https://m.eldiario.es/escolar/punto-debil-nuevo-Gobierno_6_982411773.html

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Miércoles 8 de enero de 2020

Leo en el grupo de WhatsApp el lamento de mis compañeros de trabajo, que se quejan de que se les acabó lo bueno. Hoy vuelven a las aulas, ahora mismo se andan preparando, alguno incluso tendrá que salir ya para llegar a la primera hora de clase. Ay, qué lástima

Y yo mientras tanto me arropo con el edredón y tecleo en este dormitorio desconocido y ajeno de un apartamento en el barrio sevillano de Santa Cruz. Una escapadita a contracorriente. Aunque aquí siempre hay gentío, esperamos que menos que en plenas vacaciones navideñas.

Lo siento por ellos, me alegro por nuestra situación, se mantienen las sensaciones de irrealidad, a veces muy incómodas. Y constato nuevamente que me va a costar más tiempo del esperado asumir del todo mi nueva situación.

Llegamos ayer, en el AVE de las 14:30, caminando desde la estación de Santa Justa. Se nos fue el resto de la tarde en avituallarnos, comer y dar una vuelta a la catedral, los Reales Alcázares, el Parque de María Luisa y, ya de noche, la calle Sierpes y sus aledaños.

Luego se hizo tarde, callejeamos y nos perdimos, cenamos en exceso, constatamos en la tele que por fin tenemos un gobierno progresista, (ojalá esta pequeña esperanza que ahora siento se convierta en una estupenda realidad de cambio). Y finalmente nos acostamos en una cama enorme, blanca y mullida, de la que acabo de emerger para tomarme un tecito y planificar el día. Y para escribir esto.

Son las siete y media. Las ventanas solo dan a patios, en un edificio de tres y multitud de escaleras que me recuerdan la ambientación sevillana de la serie Allí abajo. Y el chivato WordPress me avisa de que llevo 197 días seguidos escribiendo en esta bitácora. A punto, entonces, de otro número redondo. Doscientos días serán el sábado. Madre, cómo pasa el tiempo. Y la vida. Por eso hay que aprovecharla.

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Martes 7 de enero de 2020

Ufffffff, por fin acaban las agotadoras festividades navideñas. Hoy todavía es no lectivo, pero mañana vuelve una rutina que aún me condiciona. La verdad es que pienso y me organizo en relación a los calendarios escolares aunque ya no ejerza. Son muchos años de rutina y que reafirman actividades como Photoshop o EdE, que también se rigen por esas mediciones de tiempo.

Para esta semana JC y yo tenemos como plan especial desconectar tres o cuatro jornadas. Aprovecharemos así aquellos días de noviembre que no pudimos salir de viaje. Algo tranquilo, y me temo que mucho menos sofisticado que la semana en Venecia que tuvimos que anular. Pero lo importante es que nos sirva para recuperar energías.

No olvido unas líneas para el día de Reyes, el cumple de Ela. Salió charlatán y divertido, alrededor de viandas variopintas y un par de partidas de Trivial. Raro, como todo en las últimas semanas. Por ejemplo, faltó el chocolate, porque no había ni un brick de leche en la casa. Y eso rompe con la tradición de décadas. Pero nos adaptamos a las circunstancias e hicimos una merienda de salados.

A ver qué tal se nos da (hoy y en los días sucesivos) el regreso a una comida sobria y los intentos de desconexión. Seguiremos informando.