Publicado en diario del confinamiento, reflexiones

Miércoles 22 de abril de 2020

Son las 9:29, me dormí tarde, enganchada a los primeros capítulos de Stargate Atlantis. Todavía no he leído el periódico. Se me acumula el trabajo. Jajajajaja 🤣

Sigo con la dieta. La llevo bien, con tranquilidad. Sigo escribiendo. Ando ahora en un capítulo complicado, porque no me gusta matar a un personaje, pero es lo que toca. También continuamos los entrenamientos físicos de bici y bailes. Se notan ya los resultados, nos sentimos más ágiles y resistentes.

En la jardinera de delante la camelia ya no tiene sus hermosas flores de color rojo. Fueron muchas, duraron seis semanas, pero ya terminó. Sigue hermosa, sin embargo, con el brillo de los verdes porque está echando hojas nuevas. En cambio, en el porche, las orquídeas empiezan a florecer. Ayer tenía dos nuevas, una leonada y otra púrpura. Habrá que verlas hoy. Llevan semanas de retraso, como ya dije en as alguna entrada anterior, esta primavera está resultando más lluviosa.

Hoy amanece soleado, ya veremos si no termina lloviendo, como en tantos días previos. Por cierto, funciona el arreglo del tejado que hizo JC. Una maravilla. Aunque no puede ser muy permanente, aguantará hasta que lo hagan profesionales. Otra cosa es que finalmente podamos hacer la obra que tenemos apalabrada para julio. No solo porque sea permitida para entonces, sino porque los mismos operarios puedan. Se me ocurre que algunas obras anteriores o a medias puedan tener prevalencia.

En fin. Nueva jornada vital. En una jaula de oro. Confinados, sí, pero también contentos de estar juntos. Me lanzo a la vorágine. Buenos días.

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Martes 21 de abril de 2020

Son las 7:29 y llevo despierta más de una hora, con dolor de cuello y de hombros. Me he tomado un ibuprofeno con un té para calmarlos, así que, como efecto secundario, me entrará una somnolencia incómoda. Pero no creo que pueda dormir el rato más que me vendría bien para rematar el descanso nocturno.

Ayer hubo un problema con la entrega de comestibles que encargamos para Ela. Se solucionó solo porque se basaba en un malentendido inicial, porque los intentos de contactar con el servicio de atención al cliente fueron inútiles. Lo peor para mí, personalmente, estuvo en la impotencia, y en que me alteré un montón.

Y es que estoy bien en apariencia, tranquila, hasta contenta de tener a JC a mi lado todo el tiempo. Pero este estado de alarma es un estresor subterráneo. Y la ansiedad y la frustración saltan a la mínima. Por detalles nimios, que en otras circunstancias serían anecdóticos y solo dignos de chanza.

Menos mal que JC es paciente, y amable.

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Lunes 20 de abril de 2020

8:12 de otra mañana en confinamiento. He dormido más horas esta vez. Anoche me tomé un ibuprofeno para la espalda y la artrosis de los dedos, que me viene bien además para dormir, porque me da sueño. Luce un bonito sol. Va a ser un día precioso.

Ayer acabamos Siete vidas y me dio pena. Como si despidiera a unos amigos. Es verdad que llevábamos meses viéndolo cada noche, justo para pillar el sueño. También que era una serie que veía Rodrigo y siempre me lo recuerda. Por último, que en el aislamiento de estas últimas semanas estamos más sensibles y hasta nos parece que esos personajes nos han hecho compañía y que se habían colado en nuestra casa. Es que trece temporadas de trece capítulos cada una dan para muchas noches…

Sin embargo no nos arrugamos. Volvemos a Stargate Atlantis. Es lo suficientemente entretenida como para empezar de nuevo, pero también la tenemos ya bastante vista como para que no nos atrape el argumento y nos permita dormir.

Empieza nueva semana. Sábado y domingo los marcamos de forma diferente viendo sendas películas de los últimos tiempos, Terminator: Dark Fate el sábado y 1917 el domingo. Los días corrientes hacemos otras actividades, bailamos boleros (por eso tengo música de Los Panchos en la cabeza todo el rato) y vemos Cámera café. Lo que nunca dejamos, excepto lesión, es la bicicleta estática.

Otro asunto del que no he escrito son los malos pelos que se nos están poniendo después de tanto tiempo sin peluquería. Fuimos justo antes del viaje a Asturias, así que hace dos meses ya. En mi caso estoy acostumbrada a teñirme sola, así que no tengo problema en el color. Otra cosa es que la forma de la melena se esté descompensando porque las capas han crecido, y que el flequillo se vea también un poco raro. Pero gracias a que mi pelo se riza, el conjunto no queda mal.

Respecto a JC, tuve el valor de recortarle el pelo. Muy levemente, solo la capa de debajo del flequillo, y las patillas, que estaban patibularias. Para mi sorpresa, ha quedado bien. Está muy abundante, parece la melena de hace treinta años, pero da un aspecto aseado, que era lo que pretendíamos. Va a ser un cuadro cuando todos nos veamos en la calle con estas pintas. Jajajajaja.

Hoy, me avisa WordPress, número redondo de escritura continuada: 300 días anotando en esta bitácora. Nuevo récord personal.

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Domingo 19 de abril de 2020

6:41 y todavía oscuro. Nada nuevo. Ayer vimos una película después de comer, para hacer algo distinto ya que era sábado, pero todo fue igual que siempre. Es difícil encontrar una novedad.

No bailamos. Sí hicimos bici. No escribí novela pero dediqué tiempo a un post en la página de autora. No sé para qué, no le interesa a nadie. Pocos lectores. Pocas ganas de seguir esforzándome. Volveré a temas literarios o lingüísticos. Por disciplina.

El portátil de mi padre, lo único con xp que me permite disfrutar juegos antiguos, se apaga cuando le da la gana, a los pocos minutos de uso. Me temo que ya no aguanta más.

Hace días que no hablo con G. No hablo con nadie, excepto JC, de hecho. Todo se vuelve cada vez más raro. Redacto ideas inconexas, lo sé. No me alcanza el ánimo para más.

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Sábado 18 de abril de 2020

Todavía aguanta la camelia, tres semanas de abril y las cuatro de marzo lleva florecida. Hoy escribo desde el PC y no con el móvil, así que he subido una foto suya.

Poco hay que contar, excepto que la rutina continúa. Que hacemos ejercicio, que bailamos, que sigo a dieta, que escribo despacio, que a mis compañeros de escritura les gusta lo que voy creando, que sigo en el grupo, ya la única de fuera, porque los demás son profes o trabajadores de EdE. He llegado a dudar si se suspendería el proyecto al ser tan pocos. De momento parece que no. Sigo porque nos animamos mutuamente. Y por apoyar a la escuela. Ellos, supongo, porque ya empezaron y porque podría apuntarse alguien más de aquí a junio.

Lo único novedoso es que he vuelto a jugar a ZEUS, eso sí, con el PC de mi padre, que es lo único con sistema XP que me queda en casa. Es viciante, pero a veces viene bien desconectar.

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Viernes 17 de abril de 2020

Son las 8:23, está nublado y amenaza lluvia. Esta última semana llueve a menudo y la temperatura ronda unos agradables 20°C. La camelia todavía tiene flores. Nos lleva alegrando la vista desde que volvimos de Belfast y nos la encontramos hecha una maravillosa sorpresa cargada de color rojo. Supongo que las flores duran tanto porque no aprieta el calor. Por contra, las orquídeas van con retraso, tienen varas de flor y brotes a punto, pero todavía no han florecido. Les falta sol.

Hoy tengo mi cita narrativa, y hasta he avanzado de más, dos caras de un capítulo complicado e interesante a la vez. Me han venido bien los días de descanso. Aún así, creo que esta novela no será muy larga. Estoy contenta y animada con ese trabajo escribidor, lo único creativo que hago. No me cunde como antes. Y no me refiero a antes de la pandemia, sino a otro muy general. Cuando era más joven. O estaba en activo. O Rodrigo no nos había sido arrebatado.

Podría ponerme a otras cosas creativas, como coser o pintar. Debería buscarme un rato para la lectura. Estas son algunas frases que me digo, mientras reflexiono sobre el hecho de que hablo sola, tengo un diálogo interno conmigo misma.

Pero, bueno, algo leo. He leído el periódico un largo rato, tecleo una hora y pico más tarde, aunque eso es todo lo que leo últimamente. Tengo la concentración alborotada y nada de ficción me apetece. Incluso leo por encima algunos artículos. Y en diagonal, solo escaneándolos, los que de pronto se me hacen bola. Siento que a ese respecto mi cerebro está un poco sobrecargado.

A cambio, la bicicleta estática es ya mi rutina. Y bailar. Cultivo un trabajo físico que me sorprende, que nunca me caracterizó. Tiempos extraños, situación excepcional, circunstancias ajenas a mis costumbres habituales. Será cosa del confinamiento.

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Jueves 16 de abril de 2020

Sigo apuntando mis días , intentando vivirlos con consciencia, aunque todos se parecen y confunden mucho desde que me jubilé. Cuánto esperé el momento, cuánto lo disfruté y qué raro y ajeno me parece todo ahora. Han pasado demasiadas cosas este último año, muchas y que me desconciertan.

La publicación del libro de Rodrigo, las presentaciones, la Feria del Libro de Madrid, la última Selectividad, el fin de curso, mis últimas clases y la despedida de la vida docente, las vacaciones en León y en Asturias, la Semana Negra, la enfermedad de Javier, mis clases de costura, photoshop y narrativa, el viaje a Portugal, el fallido a Venecia, la muerte de Javier, la extraña Navidad posterior, el viaje a Sevilla, las tres presentaciones en Asturias, la emotiva visita a Belfast y luego, de pronto, el aniversario del 11M más raro e impensable, esta pandemia y el confinamiento.

Me disgusta haber perdido mi plaza en el instituto, tan cerca de casa, mi aula, mis rutinas y la sensación de ser productiva. Pero a la vez me alegro de no estar teletrabajando. Una contradicción, una marea de sensaciones extrañas, que solo muestran que a este cambio hay que adaptarse despacio. Y que este parón repentino descoloca mucho.

Ayer no bailamos, fue lo único diferente de estos días tan iguales. Me dolía la espalda. Escribí poquísimo. Cociné mucho, JC fue a la compra y arregló una gotera del tejado, vi tres o cuatro episodios de The good wife y algunos vídeos de YouTube. Corregí todo el texto, eso sí. Pero solo llevo escritas dos páginas. Las vacaciones me sirvieron para descansar, no adelanté nada. Una vergüenza.Así que hoy me toca. Sin excusas.

La dieta va despacio también. Ni medio kilo, aunque estoy tomando ibuprofeno y hasta que no lo deje no lo veré en la báscula, al menos he dejado de sentir cómo me crece el trasero. Jajajajaja.

Son las 8:39. Hace quince días que no escribo en la bitácora de autora, parece que no llueve, y llevo 296 días seguidos escribiendo aquí.

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Miércoles 15 de abril

Llevamos un mes confinados. Y lo que nos espera todavía. Se hace largo emocionalmente, pero no me quejo. Estamos bien, estamos juntos, no tenemos apuros materiales, vivimos en una casa con espacio, aire, luz y un jardincito donde tomar el sol. Sería una frivolidad imperdonable ponernos quejicas.

Ayer parece que fue el día de las entregas. Por fin la de la farmacia, desde el 31 ya tocaba, menos mal. Pero es que llegaron también las verduras y frutas, a las 9 y pico, pobres, súper tarde. Hice el pedido apenas 24 horas antes. Vienen de una finca modesta, en Arganda, con un reparto casero. Parecen cosas ricas. Dejamos todas las viandas pasando una cuarentena en el garaje. No se nos ocurrió otra manera de higienizarlas, al menos de momento. Pero les hincaremos el diente enseguida.

También fue ayer cuando conseguimos completar un pedido para Ela, que le entregarán el lunes. Y otro de productos de dieta, que no sé cuánto tardará. De momento tengo cosucas para ir tirando una semana, pero no quería quedarme corta porque me he puesto a ello seriamente.

Antes me daba miedo hacer dieta y bajar mis defensas, pero he comprendido que subir de peso tampoco es bueno, porque aumentan mi tensión arterial, el estrés y los niveles de azúcar. Llevo solo dos días, no se nota nada aún, sin embargo estoy activa, animada y resuelta, que es lo importante.

La escritura va lenta, como siempre. No agónica, he recuperado cierta serenidad, pero sigo poco productiva. Tengo vídeo conferencia el viernes otra vez. Y unas cuatro caras de texto. Necesito seguir avanzando. Ojalá que también lo suficiente para alcanzar algo de reserva.

Son las 7:38, llueve, todavía está oscuro. Empieza un nuevo día.

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Martes 14 de abril de 2020

Son las seis. He dormido como un tronco, después del insomnio de ayer y una pequeña siesta a media tarde. Poco nuevo hoy. Que avanzo despacio en la escritura. Que seguimos bailando JC y yo, cada día un poco más sueltos en los pasos, hilándolos mejor. Que estoy a dieta total.

Ayer hice un pedido de fruta y verdura a una granja de Arganda que nos recomendaron los chicos, G y B. Hoy debería pedir más productos para la dieta, tengo provisión para una semana, pero podría tardar bastante el reparto. Llevo esperando un pedido de farmacia desde el 31, ya 14 días. Pobres repartidores.

Me pongo con el periódico. Buenos días.

Sigo con la bicicleta estática. Doy paseos por el jardín, para que me den el aire y el sol. Vemos Cámera café por las tardes y Siete vidas para dormir. La vida es anodina aquí, pero plena de facilidades, no me quejo. Aunque la reclusión pesa más de lo que pudiera parecer.

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Lunes 13 de abril de 2020

Anoche de nuevo tuve una crisis de insomnio. Estoy un poco ansiosa también, no sé si de resultas o si es previo. El confinamiento pasa factura. El hecho de engordar me obsesiona y tampoco sé si eso es lo que me causa ansiedad o si solo me fijo porque me subió el estrés.

Son las nueve, tengo sueño, apenas he dormido cuatro horas. Intentaré reposar un poco más, pero no tengo nada claro que lo pueda conseguir.

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Domingo 12 de abril de 2020

Son las ocho de la mañana de Pascua más extraña que nunca pude imaginar. Acabo de saber por WhatsApp que ha fallecido el padre de una compañera. No lo conocía ni a él ni a su madre, pero sí la recuerdo hablando de ellos y siento como si realmente lo hubiera hecho. Nos cuenta la repentina soledad de su madre, la impotencia de no poder acompañarla, así que supongo que ni siquiera están en Madrid. Y la comprendo demasiado bien. Y siento miedo, empatía, tristeza.

Me acuerdo de mis padres, que se fueron demasiado pronto. Hace quince años ya de su marcha. Y tengo el consuelo absurdo de que al menos se evitaron esta pandemia horrorosa. Como si eso sirviera para algo. Como si nos hubieran dado a elegir.

V ha vuelto a casa, le espera una convalecencia lenta pero está bien. Ela sigue aislada y sana. Aparentemente todos lo estamos. Pero el confinamiento y las próximas oleadas nos van a dejar agotados anímicamente.

No quiero, sin embargo, dejar este escrito en ese tono pesimista. Sigo escribiendo, continuamos bailando, aplaudimos cada tarde, mantenemos limpios la casa y el espíritu. Voy a leer el periódico, a darme un baño y a vestirme un poco mejor hoy, para celebrar el día de fiesta. Hasta mañana.