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Planes

Queda una semana para las vacaciones, que en mi caso serán ya permanentes.

Como primer paso, dedicaremos unos  días a recorrer tierras leonesas. Y luego, llenos de emociones, vamos a la Semana Negra de Gijón, donde hablaré del libro de Rodrigo. Moncho y Cristina nos tienen varias cosas preparadas, qué majos son. Hasta Nanita se acercará por esas fechas. A Gonzalo y Bea no les dan vacaciones todavía, pero se dejarán caer por un concierto cercano el fin de semana previo.

Para los meses posteriores  me gustaría llenar mi tiempo con todo lo que antes no he podido. Por ejemplo, aprender patronaje, costura y sastrería  desplazándome a Madrid. Todavía no he decidido la escuela que me interesa más, debo visitar algunos centros. Aunque eso no será posible hasta mediados de octubre, cuando pueda asegurar una asistencia continuada y seria.

También quiero escribir, asunto que tengo bastante aparcado por cansancio emocional y sobrecarga de trabajo. Calculo que será posible en cuanto volvamos de las vacaciones de julio. Mi pobre novela sigue a medias. He avanzado mucho en las escaletas y la estructura, pero lo que es redactar el desenlace, no lo he tocado en meses. Para el curso con Margarita sigo tirando de lo que escribí el verano pasado.

Me ilusiona, además, el proyecto loco de hacerme youtuber. Y para ello me falta todavía muchísimo que investigar, aprender y experimentar. Será a largo plazo. Más a mi alcance está crear una página web de autor. Y ampliar mi presencia en redes sociales a ese respecto.

Por supuesto, creo necesario enrolarme en alguna actividad de ejercicio físico, y de cuidados varios, todavía no lo tengo pergeñado al cien por cien. Ya veremos cómo y en qué orden. A partir de septiembre.

Finalmente, y ya no sé cómo ni cuándo, me encantaría volver a los idiomas: aprender italiano y francés, o perfeccionar el inglés y el ruso.

Está claro que no me alcanza la vida para todo, así que tendré que priorizar, y, sobre todo, no agobiarme.

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Última clase finiquitada

Hoy son los exámenes extraordinarios, que hacemos por departamentos. El mío a las diez y media reunirá a unas decenas de alumnos, casi todos de L y míos, porque el resto han dado o aprobado general, o casi.

No ha sido esa mi actitud, ni siquiera en esta circunstancia de jubilación. A estas alturas no voy a torcer mi estilo profesional. Los que se quedan, sin embargo, van por esos derroteros. Y las pruebas externas demuestran que la poca exigencia se paga con resultados mediocres, o malos, pero ese es su problema. Yo me voy con notas altas y ningún suspendido. Hasta ahí puedo leer.

Añado, también, que estos días de junio han acudido a clase todos mis alumnos suspensos, y hemos repasado el temario al completo, en lo fundamental, claro. Mientras tanto, los grupos de aprobados masivos no han dado ese trabajo a sus profes.

La que se va por la que se viene, he tenido que currar más y ahora me tocará corregir mientras otros disfrutan del dolce far niente. Suele suceder. Son muchos años ya viéndolo y padeciéndolo, menos mal que por fin acabo.

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EvAU, antes Selectividad

Salieron las notas y todos mis alumnos superaron la prueba. Las correcciones son duras, se lo aviso y se comprueba de nuevo este año, pero los preparo bien y ninguno me suspende. Algunos han alcanzado magníficas calificaciones y es un orgullo para mí retirame con el pabellón así de alto.

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La cuenta atrás

Dos semanas para acabar el mes, el curso y mi vida laboral. Dos días de clases de repaso, otros tres de exámenes y corregir. Sesiones de evaluación, reclamaciones, memorias, claustro y consejo escolar y ¡¡me voy!! Para siempre.

No es del todo cierto, volveré a decir holas en septiembre, porque me jubilo el día 4, pero como ya no tendré que programar nada, esos lunes y martes serán mero trámite.

Aquí estoy, entre encantada y agobiada ante la nueva etapa que se abre delante de mí.

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Este diario vital

Desde muy niña anoto ideas, sucesos, sensaciones. Desde hace quince años en estos diarios online que se han dado en llamar blogs. Aunque yo prefiero el término bitácora, siempre me gustaron las esdrújulas.

Ahora que ando cerrando etapas, reviso mis pobres líneas y revivo momentos de atrás. Y los paladeo con gusto. Quizás me sirvan más adelante para alguna otra cosa. Hasta aquí me ha ayudado a colocar las ideas, a mantener el pulso y el ritmo de la escritura, a pulir mi estilo, a ser constante. ¿Se le puede pedir más?

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Semanita loca

Turnos de exámenes, tardes de evaluaciones, fiesta de fin de curso, entrega de notas, días de EvAU (la antes  llamada Selectividad), visitas de padres, llantos de alumnos… han sido unos días durillos.

Y sigo en casa, atada a este PC, trabajando informes, revisando datos, con ganas de acabar.

El próximo finde me he prometido a mí misma dormir sin que me sobresalte el maldito ruido del despertador. Aunque suelo amanecer muy pronto y por mi cuenta, odio los alaridos de ese tirano. Qué placer despabilarse despacio, sin agobio, solo con la claridad de la mañana y las ansias de emprender el nuevo día.

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Feria del Libro de Madrid 2019

Firmar en la Feria del Libro de Madrid es una experiencia que nunca imaginé y que he intentado disfrutar al máximo, porque no creo que se vaya a repetir.

Tuve la suerte de que la caseta 311 (qué simbólico) estuviera a la sombra de los árboles, con buena orientación Este. El horario asignado, de doce a dos, me permitió pasar el tiempo bastante fresquita, sin sol directo, aunque las temperaturas fueran de puritito verano.

No sé si logré muchas ventas para el cómputo estandarizado, pero sí que tuvieron que reponer ejemplares tres veces. Y como estaban expuestos de dieciocho en dieciocho, la cosa andará rondando entre los treinta y cinco y los cuarenta.

Se acercaron amigos, alumnos y compañeros de trabajo. Bastantes, la verdad, para haber hecho tantas presentaciones.

Sin embargo, al pasear por la Feria impacta la cantidad de visitantes, pero, sobre todo, el número de publicaciones, tan ingente como inabarcable. Se pierde una en la mera intención de cálculo. No se me sube el pavo ni un poquito, soy apenas un grano de arena en una enorme playa.

No obstante, estoy contenta y agradecida por haber podido transmitir lo que sucedió y hablar de Rodrigo. Solo pretendía que se oyera nuestra voz de víctimas entre la vorágine mediática. Y un poquito lo he conseguido.

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Día de fiesta

Con esta semana santa tan tardía, las fiestas getafenses se han venido a finales de mayo y mediados de junio.

He aprovechado para terminar algunos pendientes, incluidas tareas de escritura. No tengo nada que corregir, para variar, pero mañana vuelvo al duro banco de mi galera.

Pero no me importa. Lo que me preocupa ahora es que se termina el mes y llega el fin de todo, curso y vida laboral. Se acrecienta mi desasosiego. Ay.

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El cumple de Rodrigo y la graduación

Hoy, que es el cumple de Rodrigo, he tenido la Graduación de segundo de bachillerato. Al ser tutora de un grupo, además, me  tocó volver a hablar y estar sentada arriba, en la mesa, en el escenario del gran salón de actos del Conservatorio de Getafe.

Es esta mi última ceremonia de graduación como profesora en activo. Hubo antes de mí muchas intervenciones: la del director, cinco alumnos y un padre. Por ello intenté ser breve, menos mal, pobrecillos. Y hasta llegué a ser poética, jajaja,  aunque solo porque robé unas estrofas de «Palabras para Julia» de José Agustín Goytisolo.

Estaba cansada de la larguísima semana, pero no pude dejar de pensar en cómo se va acercando el día de la despedida, en un vértigo extrañador que manejo como buenamente puedo.

Procuro no agobiarme con ideas pesimistas, del tipo que voy cuesta abajo y que empiezo la etapa final. Lo primero, porque la muerte puede estar a la vuelta del camino en cualquier momento; lo segundo, porque  jubilación y júbilo comparten el mismo lexema y tener tiempo para mí y mis aficiones postergadas es motivo de alegría.

Resulta también que, de pronto, se apagaron las luces y el auditorio al completo le cantó el «cumpleaños feliz» a Julio, el director. Fue una sorpresa para él. Y para mí. Vaya, el mismito día que Rodrigo. No dije nada, pero me apropié de una parte de las felicitaciones y se las hice llegar a mi niño. Y hasta conseguí que no se me saltaran las lágrimas.

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Penúltima semana

Ya hice el sexto examen con el 1ºA. El viernes será el del 1ºB y con ellos se acabará el día a día estandarizado para dar lugar a raro periodo que solventaré, como siempre,  con lecturas, películas y escritura creativa.

La próxima semana solo tendremos repescas, lo que significa que se acabará la tortura de las correcciones. «Qué poquito te queda ya» me dice a menudo un compañero. Jo, tiene toda la razón. Me muevo entre la alegría y el vértigo. El lunes 3 de junio están previstas las evaluaciones, así que  dedicaré los fines de semana previos  a  corregir y  calificar. Currando hasta el final, vamos.

Cómo manejar en clase a unos alumnos que ya han aprobado es tarea complicada, aunque a mí me salva la experiencia. Por eso, de momento, solo les digo las notas a los que han de repescar (ahora en mayo, por evaluaciones). Y les explico que las decisiones de décimas las tomaré por el trabajo de clase de estos últimísimos días. Es la única forma que conozco de mantenerlos en tensión y de que que se porten medianamente bien. Me funciona tanto con los que van muy justos (que más les vale), como con los que aprueban (porque les puede suponer subir la nota al siguiente escalón y suelen querer mejorarla).

Peor asunto es el de los que deben recuperar la materia completa en junio  (lo que antes eran los exámenes extraordinarios de septiembre). Los que no han aprobado nunca nada (es triste, pero existen) difícilmente serán capaces de repasar toda la materia y menos aún de salir airosos del examen. Espero que sean realmente pocos, aunque puedo segurar que algunos es que se empeñan. Que no hay manera de aprobarlos, vamos, ni haciendo yo todo el esfuerzo.