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Se acabó

Hoy es sábado y el primer día de vacaciones. Tengo dos meses por delante y ninguna necesidad de hacer cuentas atrás, como otros años, porque no debo volver al trabajo. Me jubilo el 4 de septiembre, me pasaré por el centro el 2 y el 3 para confirmar mi decisión, y así terminará todo.

Aunque lo cierto es que mi etapa académica acabó ayer, a las tres de la tarde, tras mi último Consejo Escolar. Y mientras andaba por el aparcamiento camino de mi coche, unas pocas zancadas bajo el sol agobiante de la primer ola de calor del verano, se me llenaron los ojos de lágrimas. Fue una reacción emocional que no esperaba. Conduje hasta casa entre sollozos y la tristeza me acompañó toda la tarde, aunque una corta cabezada en el sofá me devolvió cierta serenidad. Es que el dolor emocional es extenuante.

Luego fue yendo y viniendo, en oleadas, y yo dejé fluir cada sentimiento, sin juzgarlo. Es lo que la experiencia me ha enseñado. A no pelear con las emociones, a permitir que broten, a darles la importancia relativa que se merezcan. Y este es un momento crucial de mi vida, cómo no sentir que empieza un pequeño duelo por pérdida de lo conocido.

Entre el caos de sensaciones, surgió abrasadora la tristeza por la ausencia de Rodrigo. Que no esté tampoco en este cambio vital recrudece el dolor. Perder la rutina que ha arropado y centrado mi existencia durante 38 años asusta, y más sabiendo que ha sido la mejor receta para sobrellevar el asesinato de nuestro hijo y el regreso a una cierta normalidad.

Aquí estoy, entonces, triste en el primer día de vacaciones, qué paradoja. Lo que no me había sucedido nunca. Pero en unas horas comeremos con nuestro hijo y su mujer, y celebraremos mi jubilación y el cumpleaños de JC, que es el lunes.

La vida sigue y no hay que perderle el ritmo.

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MI DISCURSO DE DESPEDIDA Y TESTAMENTO DOCENTE

Bueno, esto se acaba.

Siento que me acerco a otro momento inexorable. Y que indefectiblemente todo llega.

He elegido empezar antes esta nueva etapa para disfrutar de ella, pero es inevitable pensar en su significado abstracto. Y preocuparse es un signo de responsabilidad y de consciencia. Por eso siento a la vez alegría y vértigo.

Nueva vida, nueva perspectiva vital, novedosas variables a partir de unos pocos días.

Me voy con un gran bagaje: treinta y ocho cursos. Tres en privada y treinta y cinco en pública.

No voy a decir los tópicos de que el tiempo pasa deprisa y parece que fue ayer, porque no es así. Han sido años largos, a menudo duros, vividos momento a momento.

Pero sí que he trabajado con gusto, porque elegí la enseñanza a conciencia y la he disfrutado todo lo que he podido.

No solo me ha servido para ganarme la vida.

Y me voy contenta, pensando que mi profesión es hermosa, a pesar de tantos obstáculos y problemas. Me voy cansada, pero, menos mal, no me he quemado.

He pasado por el BUP y el COU de la ley del 75, por la LOGSE y luego por todas las reformas con las que nos han torturado.

He recorrido institutos de Cantabria, Guadalajara, Badajoz y Madrid.

Mis años de expectativa, saltando de un centro a otro, me endurecieron. No podía echar raíces en ningún sitio. Nunca estuve dos años seguidos en el mismo instituto. El oficio se volvió más solitario que nunca.

Porque permitidme una reflexión, esta tarea nuestra se hace a solas.

Cada profe está solo frente a sus alumnos.

El primer año envidiaba la complicidad de las niñas en los pupitres (mi primer centro era exclusivamente femenino) y echaba en falta a mis compañeros de facultad. Luego me acostumbré.

Vale. Tenemos reunioncillas de vez en cuando, pero el trabajo lo hacemos solos. Apenas podemos compartir alguna confidencia entre clase y clase brevemente cuando algo nos resulta especial. Y en el cortísimo recreo.

En fin, qué voy a contaros.

Que agradezco la compañía de todos los que habéis estado conmigo durante estos últimos 13 cursos. Este es el centro en el que más años continuados he trabajado.

Gracias.

Espero veros pronto a muchos en la misma tesitura. Es una gran suerte, y una gran consecución laboral, poder irnos a los 60, cuando todavía tenemos fuerzas y ganas de emprender nuevos proyectos.

Agradezco también a los compañeros llegados este año, algunos nacidos en los mismos tiempos en que yo empezaba a dar mis primeras clases, que tomarán el relevo generacional de estas plantillas nuestras tan mal abastecidas.

No os rindáis.

Pelead por que nuestra profesión recupere las condiciones laborales perdidas, y luego por que mejoren.

Luchad por los alumnos, que se merecen una enseñanza de calidad.

Va también mi recuerdo a todos los que alguna vez compartieron horas de trabajo pero les perdí el contacto, todos vosotros los representáis.

Y por los que la Parca se llevó antes de tiempo y quiero que vivan en el recuerdo incluso de los que no los conocieron, como Alberto, de este centro, o Ricardo, que estuvo aquí en expectativa y con el que coincidí en otro IES, o Mª José, mi compa de departamento de mi primer destino definitivo en Madrid.

Y ya hablando de ausencias, os agradezco también a todos el apoyo que me habéis dado durante estos meses desde la publicación del libro de Rodrigo, nuestro hijo perdido y añorado, alumno de este centro y de algunos de vosotros. Yo pretendía irme de forma más discreta, pero las circunstancias fueron en esta otra dirección y no me quejo.

Qué sensaciones de irrealidad, de alegría y vértigo a la vez, queridos compañeros

Os deseo éxitos personales y profesionales a todos.

Nos seguimos viendo (y leyendo siempre que queráis en las redes sociales).

Un abrazo de oso, como los que nos daba Rodrigo, que son ya la marca de nuestra casa. Y ¡hasta siempre!

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El día de la despedida

Este jueves 27, segundo día de reclamaciones aunque nadie fue a reclamar, empecé la jornada yendo a comprar las cosas de último momento y luego montando con los compañeros una mesa para picar algo juntos.

Había dulce (pasteles, bizcocho de naranja, chocolate, galletitas variadas…) y salado (embutidos, queso, croquetas, empanadas varias…) fruta y frutos secos, horchata, batido de chocolate y refrescos. Fue divertido, pero estaba nerviosa y casi no comí nada. Creo que probé un poco de jamón.

Julio, nuestro director, hizo un pequeño discurso. Luego yo hice el mío. Y después me colmaron de regalos: un reloj maravilloso, una tableta gráfica wacom, una edición facsimilar y preciosa de La Celestina, un ramo de flores, algunos otros libros y un cuadernito paperblanks con dedicatorias de mis compañeros.

En esos momentos de júbilo llegó Nacho Soriano y enseguida nos dio una interesante charla sobre la Edad Media, los monasterios, la escritura y los copistas. Y nos dedicamos un buen rato a practicar la serenidad de la caligrafía medieval. Estuvo muy interesante, y al menos fue algo original para recordar. Nos volvimos a casa contentos y yo especialmente emocionada.

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Última clase finiquitada

Hoy son los exámenes extraordinarios, que hacemos por departamentos. El mío a las diez y media reunirá a unas decenas de alumnos, casi todos de L y míos, porque el resto han dado o aprobado general, o casi.

No ha sido esa mi actitud, ni siquiera en esta circunstancia de jubilación. A estas alturas no voy a torcer mi estilo profesional. Los que se quedan, sin embargo, van por esos derroteros. Y las pruebas externas demuestran que la poca exigencia se paga con resultados mediocres, o malos, pero ese es su problema. Yo me voy con notas altas y ningún suspendido. Hasta ahí puedo leer.

Añado, también, que estos días de junio han acudido a clase todos mis alumnos suspensos, y hemos repasado el temario al completo, en lo fundamental, claro. Mientras tanto, los grupos de aprobados masivos no han dado ese trabajo a sus profes.

La que se va por la que se viene, he tenido que currar más y ahora me tocará corregir mientras otros disfrutan del dolce far niente. Suele suceder. Son muchos años ya viéndolo y padeciéndolo, menos mal que por fin acabo.

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EvAU, antes Selectividad

Salieron las notas y todos mis alumnos superaron la prueba. Las correcciones son duras, se lo aviso y se comprueba de nuevo este año, pero los preparo bien y ninguno me suspende. Algunos han alcanzado magníficas calificaciones y es un orgullo para mí retirame con el pabellón así de alto.

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La cuenta atrás

Dos semanas para acabar el mes, el curso y mi vida laboral. Dos días de clases de repaso, otros tres de exámenes y corregir. Sesiones de evaluación, reclamaciones, memorias, claustro y consejo escolar y ¡¡me voy!! Para siempre.

No es del todo cierto, volveré a decir holas en septiembre, porque me jubilo el día 4, pero como ya no tendré que programar nada, esos lunes y martes serán mero trámite.

Aquí estoy, entre encantada y agobiada ante la nueva etapa que se abre delante de mí.

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Semanita loca

Turnos de exámenes, tardes de evaluaciones, fiesta de fin de curso, entrega de notas, días de EvAU (la antes  llamada Selectividad), visitas de padres, llantos de alumnos… han sido unos días durillos.

Y sigo en casa, atada a este PC, trabajando informes, revisando datos, con ganas de acabar.

El próximo finde me he prometido a mí misma dormir sin que me sobresalte el maldito ruido del despertador. Aunque suelo amanecer muy pronto y por mi cuenta, odio los alaridos de ese tirano. Qué placer despabilarse despacio, sin agobio, solo con la claridad de la mañana y las ansias de emprender el nuevo día.

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El cumple de Rodrigo y la graduación

Hoy, que es el cumple de Rodrigo, he tenido la Graduación de segundo de bachillerato. Al ser tutora de un grupo, además, me  tocó volver a hablar y estar sentada arriba, en la mesa, en el escenario del gran salón de actos del Conservatorio de Getafe.

Es esta mi última ceremonia de graduación como profesora en activo. Hubo antes de mí muchas intervenciones: la del director, cinco alumnos y un padre. Por ello intenté ser breve, menos mal, pobrecillos. Y hasta llegué a ser poética, jajaja,  aunque solo porque robé unas estrofas de «Palabras para Julia» de José Agustín Goytisolo.

Estaba cansada de la larguísima semana, pero no pude dejar de pensar en cómo se va acercando el día de la despedida, en un vértigo extrañador que manejo como buenamente puedo.

Procuro no agobiarme con ideas pesimistas, del tipo que voy cuesta abajo y que empiezo la etapa final. Lo primero, porque la muerte puede estar a la vuelta del camino en cualquier momento; lo segundo, porque  jubilación y júbilo comparten el mismo lexema y tener tiempo para mí y mis aficiones postergadas es motivo de alegría.

Resulta también que, de pronto, se apagaron las luces y el auditorio al completo le cantó el «cumpleaños feliz» a Julio, el director. Fue una sorpresa para él. Y para mí. Vaya, el mismito día que Rodrigo. No dije nada, pero me apropié de una parte de las felicitaciones y se las hice llegar a mi niño. Y hasta conseguí que no se me saltaran las lágrimas.

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Penúltima semana

Ya hice el sexto examen con el 1ºA. El viernes será el del 1ºB y con ellos se acabará el día a día estandarizado para dar lugar a raro periodo que solventaré, como siempre,  con lecturas, películas y escritura creativa.

La próxima semana solo tendremos repescas, lo que significa que se acabará la tortura de las correcciones. «Qué poquito te queda ya» me dice a menudo un compañero. Jo, tiene toda la razón. Me muevo entre la alegría y el vértigo. El lunes 3 de junio están previstas las evaluaciones, así que  dedicaré los fines de semana previos  a  corregir y  calificar. Currando hasta el final, vamos.

Cómo manejar en clase a unos alumnos que ya han aprobado es tarea complicada, aunque a mí me salva la experiencia. Por eso, de momento, solo les digo las notas a los que han de repescar (ahora en mayo, por evaluaciones). Y les explico que las decisiones de décimas las tomaré por el trabajo de clase de estos últimísimos días. Es la única forma que conozco de mantenerlos en tensión y de que que se porten medianamente bien. Me funciona tanto con los que van muy justos (que más les vale), como con los que aprueban (porque les puede suponer subir la nota al siguiente escalón y suelen querer mejorarla).

Peor asunto es el de los que deben recuperar la materia completa en junio  (lo que antes eran los exámenes extraordinarios de septiembre). Los que no han aprobado nunca nada (es triste, pero existen) difícilmente serán capaces de repasar toda la materia y menos aún de salir airosos del examen. Espero que sean realmente pocos, aunque puedo segurar que algunos es que se empeñan. Que no hay manera de aprobarlos, vamos, ni haciendo yo todo el esfuerzo.

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Semana de repasos

Explicados ya todos los temas en mis dos grupos de primero de ESO, insisto en trabajar lo más importante, que a estas alturas se ha vuelto una tarea durísima.

Mientras tanto, los alumnos se revuelven, hartos de curso y de calor. Queda poco tiempo de sobrecarga pero su inmadurez les puede hacer malbaratar tanto esfuerzo en el último momento. Ay, los pobres, no sé si serán capaces de aguantar las ya pocas sesiones restantes, los exámenes finales, las recuperaciones y toda esta tensión. Algunos está perfectamente claro que no.

El segundo de bachillerato ha recibido las notas y ahora toca repasar para la EvAU. Ojalá les salga bien. Me inunda una cierta melancolía cuando pienso que a muchos les conocí en su primer año, y ahora que dejan el insti yo me iré con ellos.

Me siento agotada emocionalmente y me parece que el tiempo se ralentiza. Procuro vivir el momento, solo un paso detrás de otro, sin agobiarme. No consigo resolver todo lo que creí posible cuando lo planeaba, pero sigo adelante.