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El cumple de Rodrigo y la graduación

Hoy, que es el cumple de Rodrigo, he tenido la Graduación de segundo de bachillerato. Al ser tutora de un grupo, además, me  tocó volver a hablar y estar sentada arriba, en la mesa, en el escenario del gran salón de actos del Conservatorio de Getafe.

Es esta mi última ceremonia de graduación como profesora en activo. Hubo antes de mí muchas intervenciones: la del director, cinco alumnos y un padre. Por ello intenté ser breve, menos mal, pobrecillos. Y hasta llegué a ser poética, jajaja,  aunque solo porque robé unas estrofas de «Palabras para Julia» de José Agustín Goytisolo.

Estaba cansada de la larguísima semana, pero no pude dejar de pensar en cómo se va acercando el día de la despedida, en un vértigo extrañador que manejo como buenamente puedo.

Procuro no agobiarme con ideas pesimistas, del tipo que voy cuesta abajo y que empiezo la etapa final. Lo primero, porque la muerte puede estar a la vuelta del camino en cualquier momento; lo segundo, porque  jubilación y júbilo comparten el mismo lexema y tener tiempo para mí y mis aficiones postergadas es motivo de alegría.

Resulta también que, de pronto, se apagaron las luces y el auditorio al completo le cantó el «cumpleaños feliz» a Julio, el director. Fue una sorpresa para él. Y para mí. Vaya, el mismito día que Rodrigo. No dije nada, pero me apropié de una parte de las felicitaciones y se las hice llegar a mi niño. Y hasta conseguí que no se me saltaran las lágrimas.