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Día 6: encuentro familiar y más ciudad

G y B andan cerca, llegaron anoche y se van a un concierto a Gijón. Para haberlo sabido antes, no cuando ya estaban todas las reservas hechas, y podríamos haber coincidido allí. Pero nos vimos un ratito aquí en este apartamento leonés. Me ha hecho mucha ilusión poder darles un abrazo.

Un paseo vespertino es nuestra despedida de León. Sábado por la noche, todo está más lleno de gente, incluso hay un concierto frente a la casa Botines. Nosotros volvemos a sentarnos en los jardines del Cid. Hemos tenido esperar a que se pusiera el sol, pero ahora hace una temperatura estupenda.

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Día 5: la capital

Empezamos la caminata diaria llegándonos hasta la Casa Botines, de Gaudí, que volvió encantarnos, aunque no tanto como el palacio de Astorga.

No hay interiores como aquellos, pero también vale la pena echarle un vistazo a este edificio, por cierto mucho más cara la entrada.

Fuera, sentado en un banco, nos contemplaba una escultura del arquitecto, y después de un rato a su lado y de dedicarle una hora a la visita, bajamos caminando hasta San Marcos y luego hasta el río.

Llegamos a comer a nuestro apartamento, pollo asau con ensalada, buen menú, buen menú, buen menú, señor… De momento he vuelto a las bondades de la dieta, espero no haberla pifiado en exceso.

Había sido un paseo bien largo y estábamos cansados, así que dormitamos juntos JC y yo en el sofá.  Esta tarde habrá que salir de nuevo a la calorina, pero no demasiado temprano, por favor.

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Día 4: Sabero y la montaña minera

Un museo estupendo, en el que nos quedamos prendidos durante horas, nos entretuvo la mañana. JC me contó montones de cosas sobre fundición del acero, hay que ver cuánto desconocía yo, me quedé alucinada.

Subimos a comer a Riaño, donde me salté la dieta probando el pan y unas patatas fritas. A la vuelta tendré que ponerme las pilas otra vez. No importa, estaba todo muy rico.

Volvimos a León cansados pero contentos y yo nada estresada, porque evité los excitantes. Ahora, apenas las diez, me muero de sueño y me iré a la cama.

Esto de vacacionar es de lo más cansado.

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Día 3: Astorga, Ponferrada y Las Médulas

El palacio arzobispal de Atorga nos dejó alucinados, es una maravilla de Gaudí, por dentro y por fuera. Esta vez nuestro viaje nos llevó más lejos y yo sufrí un poco de estrés por tomar demasiada cafeína.

También nos gustó mucho el castillo de Ponferrada, del Temple, y casi morimos de calor en Las Médulas. Menos mal que hicimos tiempo hasta que el sol ya iba de retirada y nos echamos unas risas en la galería excavada en la montaña.

Regresamos a dormir agotadísimos. Entre el calor y la edad ya no somos los de antes.

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Segundo día en León: cueva y catedral

Salimos a las nueve, cuando todavía estaba la temperatura medianamente vivible y llegamos a la cueva de Valporquero a las diez, justo a la vez que los empleados. Así conseguimos entrar en la primera tanda, con un grupo de jubilados parlanchines, malvestidos con manga corta  y chanclas. Dentro de la cueva hay siete u ocho grados y una humedad altísima, debieron de pasar mucho frío. Nosotros, en cambio, estábamos bien equipados, con botas de montaña y un buen abrigo. Nos vinieron de perlas.

El camino de ida y vuelta fue tranquilo, de hermoso y variado paisaje, incluso atravesamos unas hoces, las de Vegacervera, y un último tramo de carretera de montaña, muy empinado y de curvas imposibles.

La cueva me encantó, era  grande, cuidada, con buena iluminación y muy buenos suelos . La guía también agradable, tuvo que apechugar con los ancianos pesadísimos y su locorrea incesante, pero supongo que le va en el cargo.

Volvimos al apartamento a comer, y por la tarde nos chupamos un calorazo espantoso. Nos refugiamos en la frescura de la catedral, del museo y del claustro anexos, pero en el regreso nos descubrimos extenuados.

Y es que tenemos unas temperaturas muy altas, inexplicables en esta ciudad, que nos agotan.

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Primer día en León

Hemos llegado a la hora de comer y nos hemos instalado enseguida. Hace calor y por eso retrasamos la salida a las calles hasta las cinco y media. No fue suficiente, picaba el sol camino del barrio húmedo. Nos sentamos un rato en el Parque del Cid, en el barrio romántico, y allí nos pilló una tormenta. Nos refugiamos bajo las ramas de un viejo cedro y no llegamos a mojarnos, aunque llovía muy fuerte, pero nos estuvimos media hora a pie firme. Tanta agua refrescó por fin el ambiente bochornoso, así que nos hizo una buena noche, menos mal.

Solo hemos echado un vistazo a la zona vieja de la ciudad. Caminamos de vuelta a nuestro apartamento y nada más llegar volvió a descargar otra chupa de agua considerable.

Mañana queremos cuevas: Valporquero se anuncia.

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Se acabó

Hoy es sábado y el primer día de vacaciones. Tengo dos meses por delante y ninguna necesidad de hacer cuentas atrás, como otros años, porque no debo volver al trabajo. Me jubilo el 4 de septiembre, me pasaré por el centro el 2 y el 3 para confirmar mi decisión, y así terminará todo.

Aunque lo cierto es que mi etapa académica acabó ayer, a las tres de la tarde, tras mi último Consejo Escolar. Y mientras andaba por el aparcamiento camino de mi coche, unas pocas zancadas bajo el sol agobiante de la primer ola de calor del verano, se me llenaron los ojos de lágrimas. Fue una reacción emocional que no esperaba. Conduje hasta casa entre sollozos y la tristeza me acompañó toda la tarde, aunque una corta cabezada en el sofá me devolvió cierta serenidad. Es que el dolor emocional es extenuante.

Luego fue yendo y viniendo, en oleadas, y yo dejé fluir cada sentimiento, sin juzgarlo. Es lo que la experiencia me ha enseñado. A no pelear con las emociones, a permitir que broten, a darles la importancia relativa que se merezcan. Y este es un momento crucial de mi vida, cómo no sentir que empieza un pequeño duelo por pérdida de lo conocido.

Entre el caos de sensaciones, surgió abrasadora la tristeza por la ausencia de Rodrigo. Que no esté tampoco en este cambio vital recrudece el dolor. Perder la rutina que ha arropado y centrado mi existencia durante 38 años asusta, y más sabiendo que ha sido la mejor receta para sobrellevar el asesinato de nuestro hijo y el regreso a una cierta normalidad.

Aquí estoy, entonces, triste en el primer día de vacaciones, qué paradoja. Lo que no me había sucedido nunca. Pero en unas horas comeremos con nuestro hijo y su mujer, y celebraremos mi jubilación y el cumpleaños de JC, que es el lunes.

La vida sigue y no hay que perderle el ritmo.

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MI DISCURSO DE DESPEDIDA Y TESTAMENTO DOCENTE

Bueno, esto se acaba.

Siento que me acerco a otro momento inexorable. Y que indefectiblemente todo llega.

He elegido empezar antes esta nueva etapa para disfrutar de ella, pero es inevitable pensar en su significado abstracto. Y preocuparse es un signo de responsabilidad y de consciencia. Por eso siento a la vez alegría y vértigo.

Nueva vida, nueva perspectiva vital, novedosas variables a partir de unos pocos días.

Me voy con un gran bagaje: treinta y ocho cursos. Tres en privada y treinta y cinco en pública.

No voy a decir los tópicos de que el tiempo pasa deprisa y parece que fue ayer, porque no es así. Han sido años largos, a menudo duros, vividos momento a momento.

Pero sí que he trabajado con gusto, porque elegí la enseñanza a conciencia y la he disfrutado todo lo que he podido.

No solo me ha servido para ganarme la vida.

Y me voy contenta, pensando que mi profesión es hermosa, a pesar de tantos obstáculos y problemas. Me voy cansada, pero, menos mal, no me he quemado.

He pasado por el BUP y el COU de la ley del 75, por la LOGSE y luego por todas las reformas con las que nos han torturado.

He recorrido institutos de Cantabria, Guadalajara, Badajoz y Madrid.

Mis años de expectativa, saltando de un centro a otro, me endurecieron. No podía echar raíces en ningún sitio. Nunca estuve dos años seguidos en el mismo instituto. El oficio se volvió más solitario que nunca.

Porque permitidme una reflexión, esta tarea nuestra se hace a solas.

Cada profe está solo frente a sus alumnos.

El primer año envidiaba la complicidad de las niñas en los pupitres (mi primer centro era exclusivamente femenino) y echaba en falta a mis compañeros de facultad. Luego me acostumbré.

Vale. Tenemos reunioncillas de vez en cuando, pero el trabajo lo hacemos solos. Apenas podemos compartir alguna confidencia entre clase y clase brevemente cuando algo nos resulta especial. Y en el cortísimo recreo.

En fin, qué voy a contaros.

Que agradezco la compañía de todos los que habéis estado conmigo durante estos últimos 13 cursos. Este es el centro en el que más años continuados he trabajado.

Gracias.

Espero veros pronto a muchos en la misma tesitura. Es una gran suerte, y una gran consecución laboral, poder irnos a los 60, cuando todavía tenemos fuerzas y ganas de emprender nuevos proyectos.

Agradezco también a los compañeros llegados este año, algunos nacidos en los mismos tiempos en que yo empezaba a dar mis primeras clases, que tomarán el relevo generacional de estas plantillas nuestras tan mal abastecidas.

No os rindáis.

Pelead por que nuestra profesión recupere las condiciones laborales perdidas, y luego por que mejoren.

Luchad por los alumnos, que se merecen una enseñanza de calidad.

Va también mi recuerdo a todos los que alguna vez compartieron horas de trabajo pero les perdí el contacto, todos vosotros los representáis.

Y por los que la Parca se llevó antes de tiempo y quiero que vivan en el recuerdo incluso de los que no los conocieron, como Alberto, de este centro, o Ricardo, que estuvo aquí en expectativa y con el que coincidí en otro IES, o Mª José, mi compa de departamento de mi primer destino definitivo en Madrid.

Y ya hablando de ausencias, os agradezco también a todos el apoyo que me habéis dado durante estos meses desde la publicación del libro de Rodrigo, nuestro hijo perdido y añorado, alumno de este centro y de algunos de vosotros. Yo pretendía irme de forma más discreta, pero las circunstancias fueron en esta otra dirección y no me quejo.

Qué sensaciones de irrealidad, de alegría y vértigo a la vez, queridos compañeros

Os deseo éxitos personales y profesionales a todos.

Nos seguimos viendo (y leyendo siempre que queráis en las redes sociales).

Un abrazo de oso, como los que nos daba Rodrigo, que son ya la marca de nuestra casa. Y ¡hasta siempre!

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El día de la despedida

Este jueves 27, segundo día de reclamaciones aunque nadie fue a reclamar, empecé la jornada yendo a comprar las cosas de último momento y luego montando con los compañeros una mesa para picar algo juntos.

Había dulce (pasteles, bizcocho de naranja, chocolate, galletitas variadas…) y salado (embutidos, queso, croquetas, empanadas varias…) fruta y frutos secos, horchata, batido de chocolate y refrescos. Fue divertido, pero estaba nerviosa y casi no comí nada. Creo que probé un poco de jamón.

Julio, nuestro director, hizo un pequeño discurso. Luego yo hice el mío. Y después me colmaron de regalos: un reloj maravilloso, una tableta gráfica wacom, una edición facsimilar y preciosa de La Celestina, un ramo de flores, algunos otros libros y un cuadernito paperblanks con dedicatorias de mis compañeros.

En esos momentos de júbilo llegó Nacho Soriano y enseguida nos dio una interesante charla sobre la Edad Media, los monasterios, la escritura y los copistas. Y nos dedicamos un buen rato a practicar la serenidad de la caligrafía medieval. Estuvo muy interesante, y al menos fue algo original para recordar. Nos volvimos a casa contentos y yo especialmente emocionada.

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Ay, ay, ay

Mañana haré la fiestecilla de jubilación. Intento no agobiarme, pero es que me quedan dos días, y no se trata de una figura retórica.

Ay, ay, ay.