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Día 4: Sabero y la montaña minera

Un museo estupendo, en el que nos quedamos prendidos durante horas, nos entretuvo la mañana. JC me contó montones de cosas sobre fundición del acero, hay que ver cuánto desconocía yo, me quedé alucinada.

Subimos a comer a Riaño, donde me salté la dieta probando el pan y unas patatas fritas. A la vuelta tendré que ponerme las pilas otra vez. No importa, estaba todo muy rico.

Volvimos a León cansados pero contentos y yo nada estresada, porque evité los excitantes. Ahora, apenas las diez, me muero de sueño y me iré a la cama.

Esto de vacacionar es de lo más cansado.