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Segundo día en León: cueva y catedral

Salimos a las nueve, cuando todavía estaba la temperatura medianamente vivible y llegamos a la cueva de Valporquero a las diez, justo a la vez que los empleados. Así conseguimos entrar en la primera tanda, con un grupo de jubilados parlanchines, malvestidos con manga corta  y chanclas. Dentro de la cueva hay siete u ocho grados y una humedad altísima, debieron de pasar mucho frío. Nosotros, en cambio, estábamos bien equipados, con botas de montaña y un buen abrigo. Nos vinieron de perlas.

El camino de ida y vuelta fue tranquilo, de hermoso y variado paisaje, incluso atravesamos unas hoces, las de Vegacervera, y un último tramo de carretera de montaña, muy empinado y de curvas imposibles.

La cueva me encantó, era  grande, cuidada, con buena iluminación y muy buenos suelos . La guía también agradable, tuvo que apechugar con los ancianos pesadísimos y su locorrea incesante, pero supongo que le va en el cargo.

Volvimos al apartamento a comer, y por la tarde nos chupamos un calorazo espantoso. Nos refugiamos en la frescura de la catedral, del museo y del claustro anexos, pero en el regreso nos descubrimos extenuados.

Y es que tenemos unas temperaturas muy altas, inexplicables en esta ciudad, que nos agotan.