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Jueves 1 de agosto


Mi idea para el día de hoy es seguir la rutina que no pude ayer: escritura, compra, piscina y domesticidades varias.

Tengo ya el gusanillo de plasmar lo planeado en la trama neo-noir, tiempo y ganas de disfrutar el proceso. Sigo luchando con mi tendencia a ponerme plazos y a estresarme. De momento gano la partida.

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Cansada

Hoy ando a medio gas, es que dormí poco. Me desperté a las tres con angustia. Supongo que algo tuvo que ver nuestra visita de la tarde previa. Estuvimos en el tanatorio de La Paz porque murió el marido de una compañera de JC. Todavía era muy joven, fue sorpresivo y nos dejó, cómo no, tocados.

Ahora, de pronto, tenemos que atender otra urgencia, en este caso familiar y hospitalaria. Vamos de susto en susto.

Menos mal que entre medias dormí una siesta breve y repasé el fragmento de novela de mi próxima entrega. (Será la 12 de 15, con lo que claramente no acabo el redactado con el curso, me va a faltar toda la conclusión).

Uff, uff y uff.

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Segundo día del nuevo plan

Ayer cumplí mis objetivos al pie de la letra, fue una jornada completita. Hoy amanecí algo más tarde y he subido a escribir a mi buhardilla unos minutos después de lo acostumbrado, pero lo estupendo de mi plan es que no tengo los tiempos totalmente marcados y que puedo fluir a mi aire. Mi carácter prusiano en los horarios me incita a seguirlos, así que tengo que darme permiso a mí misma para incumplirlos . Debo fomentar la autoindulgencia, está claro.

Hoy también quiero ir a la piscina, es la actividad especial que me recuerda que estoy de vacaciones. Considero interesante el hecho de que me dé un poco el sol (no mucho, nunca paso más de una hora y llevo protector 50), y también el efecto del agua fría sobre la tonicidad del cuerpo. Además, al volver a casa y ducharme, me obligo a ponerme cremas de tratamiento corporal con una disciplina que hasta ahora solo tengo con las de la cara.

Ayer también fue un éxito mi trabajo de escritura. Pude solventar las dudas sobre el desenlace de una de mis tramas. Todavía me queda hacer la escaleta, que no es moco de pavo, y trabajar otros finales, pero piano, piano si va lontano. E sano.

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Entre julio y agosto

Segunda semana de mañanas en solitario, mientras JC trabaja yo me propongo continuar mi novela. Tengo la sensación anímica de que las horas fluyen a mi favor. No me agobio, como en otros veranos, pensando que voy por la mitad de las vacaciones, ni hago cuentas hacia atrás para saber cuántos días me quedan antes de volver a la negra tarea. Todavía no me entra del todo en la cabeza, porque soy dura de entendederas para los cambios, pero puedo dedicarme a cualquier cosa que me apetezca durante el tiempo que me plazca. Uff, qué vértigo. Y qué suerte 🙂

Tener una vida ordenada y entrar en una rutina que me arrope son ahora mis lemas. Ventilo  la casa de buena mañana, todavía oscuro, y escribo con las ventanas abiertas de par en par hasta las 9. Sobre esas horas suelo cerrar ya todo, para mantener la casa fresquita. Mi plan de hoy es hacer una compra  madrugadora según abran (las obligaciones, lo primero; además, me encanta pasear un centro comercial recién estrenado). Luego continuaré con  escritura o alguna domesticidad, según  ganas y  necesidades hogareñas, y a las 12 voy a acercarme a la piscina, que he tenido abandonada por mi lumbalgia. Después de una buena ducha, prepararé algo de comer y hasta puede que me alcance para seguir leyendo a Connolly, que lo tengo a medias.

A las tres suele llegar JC y  ya juntitos los dos comemos, hacemos la sobremesa y planeamos la tarde. Me temo que se ha escacharrado  la cisterna de un baño, así que habrá que comprar los cachivaches adecuados para repararla. Después, ya veremos.

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Una decisión escribidora

Llevo demasiado tiempo atorada en los desenlaces y sin comentar mis dudas aquí. Margarita me dice que escriba ya el final, sin pararme a hacer cambios y me parece sensato.

Pero me siento incapaz. Ya no es cuestión de escribir a tientas, intercalando relatos intuitivamente. Las conclusiones deben estar muy bien planeadas y ejecutadas y yo ni siquiera tengo los argumentos totalmente claros.

He charlado un poco con JC y eso me ha colocado las ideas: proyectaré escaletas para cada trama por separado y luego ya veré cómo las mezclo.

Para eso tendré que desgajar cada historia desde el principio y redactar así los cierres con visión de conjunto. Me he prometido no dedicar tiempo a hacer cambios o reajustes, porque podría perderme por el camino. Como me aconsejó Margarita.

Para ello, creía tener todo el mes de agosto, pero finalmente no será tanto tiempo, según nos acaba de contar la profe. Espero que me alcance.

Aunque, bien pensado, sobrepasará las tres semanas, no serán pocos días si los sé aprovechar. Cuento con los últimos de julio de la próxima semana y no tendré que reportarme hasta el 21-24 de agosto. Casi, casi llego a 30.

Y en todo caso, sin agobios, en septiembre todavía podré disponer de algunos días más. ¡En marcha!

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Por fin bajan las temperaturas

Aún no ha amanecido. Se impone el ruido del tráfico de la lejana M50 sobre el trinar de los pájaros. Como siempre que sopla viento del oeste. Las ventanas abiertas refrescan la casa por primera vez en muchos días. No ha hecho falta el aire acondicionado para conciliar el sueño.

Reviso mentalmente estas primeras cinco mañanas de soledad, mientras JC trabajaba, caracterizadas por un calor insoportable y una contractura incomodísima. No han sido gran cosa, con tantas circunstancias adversas, pero las he llevado bastante bien.

Lo primero que he aprendido ha sido darme permiso para dejar pasar el tiempo sin agobiarme. Tengo la tendencia a no desaprovecharlo, a hacer cosas útiles siempre. Y me fustigo si no son suficientemente valiosas.

Estoy de vacaciones y hace calor. No necesito un rendimiento del 120%. Y aunque no tengo trabajo al que volver, todavía estoy en activo, no me jubilo hasta el 4 de septiembre.

No es mi intención, pero podría renunciar a todo todavía. Y cuando lo pienso seriamente, me doy cuenta de que no quiero volver a corregir exámenes, aguantar reuniones aburridas, domar grupos rebeldes, elaborar programaciones u organizar departamentos. Ya no tengo que aguantar adolescentes maleducados, padres impertinentes o circunstancias laborales extremas. Se acabó. Después de treinta y ocho años, me lo he ganado.

Ahora tocan otras actividades. Y debo aprender a incluir entre ellas el dolce far niente.

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Viernes 26

Se me van las mañanas entre un poco de escritura y las mínimas actividades domésticas imprescindibles. Ayer además sumé una visita al dentista. Hacía mucho de mi última vez y me esperaba un rapapolvo por descuidada, pero fue todo lo contrario. No es urgente, así que me harán un par de empastes pero ya en septiembre.

De la enorme decepción política, solo dejar leve constancia. Esta gente va a regalar el país otra vez, atado de pies y manos, a la carcundia. De vergüenza. Hace dos meses tenía emocionadas esperanzas. Nada ahora. Infinita desolación.

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No cunde con este calor

Vamos sobrellevando este verano extremo como buenamente podemos. Las primeras horas de cada mañana se puede hacer algo, luego hay que ir despacio. Y acompañados de un dolorcillo de cabeza continuo que nos recuerda que no estamos al cien por cien.

Ir a la compra, revisar un texto y poco más conseguí ayer. Y me siento culpable de no aprovechar el tiempo, pero debo permitirme la holganza, no me alcanzan las fuerzas y todavía me afecta la contractura de la espalda.

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Escribo

Lumbalgia aparte, ayer me senté a escribir toda la mañana, de ocho a una.

Rehice la escaleta del desenlace. Improvisé una estructura para la escena que tenía que redactar y me lancé al vacío.

Al final apenas son tres páginas. Pero el asunto es que ya he vuelto a empezar.

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Un mal plan o una errónea ejecución

Ayer fue mi primera mañana en solitario, porque JC volvía al trabajo. Resultó un desastre. Y todo por intentar una cierta actividad física.

Salí a las siete y media para un paseo energético. Soplaba un airecillo fresco y era agradable dar una vuelta a la urbanización, rodeando el parque. Fue una cosa breve,  de menos de media hora, que ya he hecho muchas veces antes. No me pareció un esfuerzo, ni  tuve tirones, frío o algún malestar. Me creí ya muy por encima de una caminata tan sencilla, al fin y al cabo en Gijón habíamos andado muchísimo más.

Luego me senté al ordenador a escribir. Y fue allí donde me di cuenta de que se había recrudecido la lumbalgia que empezó en las vacaciones por exceso de marcha y camas demasiado duras. La creía finiquitada y estaba ahí, la muy puñetera.

Todo el día molesta, sin encontrar postura y varios medicamentos después no pretendo hacer ninguna cosa deportiva en algún tiempo, ni ir a la piscina siquiera, que me apetecía un montón.

Y además vuelvo a una dieta estricta, porque con estas condiciones de encierro doméstico, el peso peligra. Espero, no obstante, poder dedicar unas horas a mi novela. A ver si no me incomoda el dolorcillo.

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Una racha de muchas entradas seguidas

Me felicita WordPress porque llevo un mes escribiendo a diario. Es una acción automática del sistema que me hace reflexionar sobre mi nueva actitud escribidora.

En los viajes siempre necesito recoger lo que hacemos o la memoria se me descoloca. Esa es la primera razón. No difiere de otras veces.

Respecto a la vida cotidiana, la verdad, si lo pienso, es que solía escribir menos a menudo, mientras que  este año y este verano han sido más prolijos. Esa es la segunda razón que esgrimo:  anoto más a menudo porque me siento diferente. Y es que aunque lo que hago estos días no sea distinto de otros veranos, la impresión emocional de no tener que volver al trabajo me resulta todavía muy, muy impactante.