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Un mal plan o una errónea ejecución

Ayer fue mi primera mañana en solitario, porque JC volvía al trabajo. Resultó un desastre. Y todo por intentar una cierta actividad física.

Salí a las siete y media para un paseo energético. Soplaba un airecillo fresco y era agradable dar una vuelta a la urbanización, rodeando el parque. Fue una cosa breve,  de menos de media hora, que ya he hecho muchas veces antes. No me pareció un esfuerzo, ni  tuve tirones, frío o algún malestar. Me creí ya muy por encima de una caminata tan sencilla, al fin y al cabo en Gijón habíamos andado muchísimo más.

Luego me senté al ordenador a escribir. Y fue allí donde me di cuenta de que se había recrudecido la lumbalgia que empezó en las vacaciones por exceso de marcha y camas demasiado duras. La creía finiquitada y estaba ahí, la muy puñetera.

Todo el día molesta, sin encontrar postura y varios medicamentos después no pretendo hacer ninguna cosa deportiva en algún tiempo, ni ir a la piscina siquiera, que me apetecía un montón.

Y además vuelvo a una dieta estricta, porque con estas condiciones de encierro doméstico, el peso peligra. Espero, no obstante, poder dedicar unas horas a mi novela. A ver si no me incomoda el dolorcillo.