
Vamos sobrellevando este verano extremo como buenamente podemos. Las primeras horas de cada mañana se puede hacer algo, luego hay que ir despacio. Y acompañados de un dolorcillo de cabeza continuo que nos recuerda que no estamos al cien por cien.
Ir a la compra, revisar un texto y poco más conseguí ayer. Y me siento culpable de no aprovechar el tiempo, pero debo permitirme la holganza, no me alcanzan las fuerzas y todavía me afecta la contractura de la espalda.