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Viernes 29 de noviembre

Día raro, momento raro, escribo en la buhardilla, después de redactar un artículo para mi bitácora de escritora. No he leído las noticias, tengo la sensación de que pasaron meses desde mi última clase con el grupo de narrativa en EdE. Todavía debo desayunar y ponerme mis cremas. Y menos mal que no necesito peinarme mucho porque ayer fui a la pelu. Me agobia que debo irme en una hora. ¿Solo una hora? ¿No son suficientes 60 minutos? Procuro no estresarme, pero es que entre medias quiero ver algunos vídeos.

Creo que mi tendencia ansiosa es de carácter.

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Jueves 28 de noviembre

Ayer solo salí para hacer una compra, estuve desganada y tristona, aunque al final conseguí centrarme y corté las piezas del abrigo de Gonzalo. Y luego las hilvané para ver cómo quedaban. JC me hizo de modelo. Creo que irá bien. Solo me preocupa el forro de polar, que puede hacer demasiado bulto.

Me entra la pereza de ir a Photoshop. En el fondo lo que quiero es dedicarme a cada proyecto de forma continuada, sin tantas dilaciones. Vamos, coser sin parar hasta que el abrigo esté terminado. Ya veremos, si me pongo ahora, dos horas de costura sí me salen. Y luego me voy y me relajo cambiando de actividad, un buen plan para esta mañana. Más tarde, a la una, después de la clase, tengo peluquería, así que de salir no me libro.

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Miércoles 27 de noviembre

Ya casi se acaba el mes, sigo bastante alterada y necesito ir a la peluquería por corte y por color, pero hago pereza.

Ayer no salí de casa, hoy he de hacerlo para llenar el frigorífico. No iré a costura, mi ánimo está bajo mínimos y aquel ambiente me crispa. Sin embargo he recogido y ordenado el sótano y está todo preparado para un nuevo proyecto. Incluso tengo ya los patrones recortados, así que me lanzaré con ímpetu. Un abrigo sencillo para G.

Respecto a la novela, también la tuve en cuenta ayer, pues la leí de corrido. A ver si JC la saca en papel por la impresora vieja y así la lee él y luego me la pasa para hacer las correcciones físicamente. M, N, JA, H y E son mis lectores cero. Y ya veré si consigo un informe de lectura.

155, qué barbaridad.

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Martes 26 de noviembre

Son las siete menos cinco. Oigo cómo se cierra el portón del garaje. JC se va al trabajo. Tengo la mañana por delante y ya no hay texto que revisar. Me propongo recoger el sótano para coser mis nuevos proyectos, dos abrigos para G. También he de dedicarme a algunas domesticidades, pero de eso no hablo, solo son rutina.

Ayer fui de ruta telistica y no compré, qué desastre, entretela. Tengo aquí de variadas características. Creo que la más indicada debe ser la que adquirí con una tela Chanel y no he usado nunca. Tendré que buscarla.

Sigo alterada y triste. Procuro distraer la mente, pero la ansiedad se ha disparado de nuevo. Entre las sensaciones de estrés postraumático, irrealidad y miedo, fluye también la de ser un fraude como escritora y haber embarcado a amigos en una tarea tediosa y desagradable. No son buenos momentos.

Menos mal que anoche cenamos con G y B. Al menos un par de horas de distensión. Recogimos gafas nuevas, compramos otras deportivas y un chaquetón negro muy ponible. Fue un día consumista, de telas en la mañana y de variopinteces en la tarde. Pero muy agradable la finalidad y la compañía.

Ah, que no se me olvide, ya son 154 días escribiendo aquí sin parar.

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Lunes 25 de noviembre

Ayer fuimos los tres a recoger las cenizas de J y se las llevamos a Ela. Estarán en su habitación, ahora vacía y silenciosa, hasta que se puedan dejar en la sierra, en primavera. La urna es biodegradable.

Hoy empezamos la semana intentando volver a la normalidad. JC ha pedido el día para gestiones y por la tarde hemos quedado con los chicos para cenar y no sé si alguna otra cosa.

Anoche lo di por acabado y envié mi manuscrito a cinco amigos, cuatro mujeres y un hombre. Serán mis lectores cero. Ya terminado el primer borrador, me siento como una impostora que les hace leer una chufa sin valor alguno. Me da hasta vergüenza.

Me angustia haber dedicado tantos meses de trabajo a este texto mediocre y no puedo evitar el miedo de ser un fraude. Pero debo someterme al escrutinio de lectores externos. Otra cosa es que no se atrevan a hacerme críticas.

Leo que muchos escritores tienen estos mi mismos sentimientos encontrados. Menos mal. No soy la única. Aunque eso no significa que me parezca a ellos en la calidad literaria.

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Domingo 24 de noviembre

La percepción temporal se ha distorsionado y me parece que ha transcurrido más de una semana entre el jueves y hoy. Dos días completos acompañando a J primero y luego a la familia, con visitas y emociones contenidas. Me he despertado con angustia a las cuatro y media. Hoy volvemos al tanatorio, a buscar las cenizas, que llevaremos a casa de Ela. Y lo único que quiero ya es descansar, evadirme un poco, leer, escribir, hacer algo que me ayude a serenarme.

Los chicos están de vacaciones y no pueden irse a ningún sitio porque el tío de B está también hospitalizado. Cenaremos mañana con ellos.

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Sábado 23 de noviembre

Ayer, cuando iba en coche camino de la estación para mi curso de EdE, me llamó JC y regresé a casa. Javier estaba en sus últimas horas.

Me recogió, también a Ela, y nos plantamos en San Camilo. Al poco llegaron G, JM y R.

J estaba sumido en la inconsciencia, respirando con ese «ronquido» característico del estado terminal. Ya muy sedado, poco a poco se apagó.

Lo llevaron al tanatorio de La Paz sobre las ocho y media. Hoy volvemos allí y será incinerado a la misma hora esta tarde. JC, JM y G llevarán sus cenizas a Siete Picos cuando sea posible, supongo que en primavera, porque ahora está todo nevado.

El tiempo se ha ralentizado. Sentimos los tres que andaba yendo y viniendo, y le acompañamos en el tránsito. «No estás solo aquí y no lo estarás al otro lado, allí te están esperando» le decía yo mentalmente. Y sentía que hacía por irse pero no podía desprenderse de su carcasa. En cuanto se marchó, dejé de tener esas sensaciones. Ahora ya no intuyo nada.

Me rondan la angustia existencial, la constancia de la propia mortalidad, el dolor por la muerte de tantos seres queridos, la impotencia, el miedo, la certidumbre horrenda de que no somos nada aunque se nos olvida para poder vivir.

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Viernes 22 de noviembre

El martes J estaba perfecto, ayer, sin embargo, cuando JC se acercó a verle, solo pudo intercambiar con él unas palabras. Apenas era capaz de abrir los ojos, menos aún de enterarse de lo que sucedía a su alrededor. Las respiraciones eran extrañas, muy lentas, con largos espacios entre inspiración y espiración. La doctora explicó que todo eso se debe a que su cerebro está ya muy afectado por las toxinas y se acerca el final. Esta tarde nos iremos los dos. Mañana JM y el domingo todos otra vez. Espero.

No pienses que estoy muy triste /si no me ves sonreír /es simplemente despiste /maneras de vivir.

Eso le recitó a JC hace un par de días, en un momento especialmente lúcido. Y era para que consolase a G, porque lo había visto afectado en la última visita. Que tenía que asumir que la muerte es un hecho incontestable por el que todos terminaremos pasando. Que no le importa marcharse. Que ya lo tiene todo muy meditado.

Yo seguiré la rutina de siempre, aunque me resulta extraño pensar en banalidades a estas alturas. Siento que va a coincidir todo con los días de vacaciones de G y B y ese primer viaje juntos que tuvimos que suspender. Me temo que no se irán muy lejos, ni siquiera a Alicante. Ahora toca estar de guardia.

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Jueves 21 de noviembre

Qué rápido se me pasan las semanas, hoy vuelvo a Photoshop, y mañana a EdE. Lo único que siento nuevo es que doy por terminado el manuscrito. Tengo ya tres lectores cero: José Antonio, Hanna y Estefanía. Qué majos. Y sigo necesitando una lectura profesional, a ver si encuentro alguien de confianza.

¿Qué me espera hoy en Photoshop? En el fondo cualquier actividad tiene una mecha oculta de carga explosiva y puede saltar por los aires si deja de interesarme. Es lo bueno de mi situación, que no estoy obligada a ninguna actividad. Que puedo seguir o picotear o dedicarme al dolce far niente.

Sigo intentando la dieta, con el paso atrás de anteayer. Es duro luchar siempre con el peso. También una constante en mi vida. Y un problema habitual de primer mundo que me avergüenza cuando pienso en otros seres humanos que sufren desnutrición severa.

La frustración de costura del día de ayer se suavizó nada más llegar a casa. Encontré unos patrones antiguos y bastante caros, pero exactamente lo que quiere G, un abrigo clásico de doble botonadura. Como no sé cuándo llegarán, me propongo practicar los bolsillos mientras tanto. El ambiente del grupo me aburre mucho, pero de momento voy a intentar aguantar al menos para hacer el abrigo. Y luego ya veremos.

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Miércoles 20 de noviembre

Anda, mira, hoy es 20N y el dictador ya no está en su monumento. Leo que sigue habiendo misas y homenajes en lugares variopintos. Y nostálgicos de la barbarie. Qué lástima de humanidad, con tales especímenes.

Ayer me salté la dieta con tortilla de patata, pan y chocolate. Hoy tendré que contrarrestar con moderación máxima. Chocolate anti dementores, bueno para la ansiedad. No quiero agobiarme, pero es mi tendencia natural y lo hago. Jo.

Supongo que por eso vuelve a no apetecerme ir a costura. La verdad es que me entran ganas de no ir a nada, tampoco, mañana o pasado. Me asalta la tentación de quedarme en casita todo el tiempo. A ver si así me alcanza la vida.

No consigo avanzar en las tres actividades tanto como me gustaría. Le he dedicado mucho tiempo al manuscrito y ahora me parece que fue tiempo perdido y muy malo el resultado. Eso me frustra y regreso al texto, a los lugares donde creo que falla, para rehacerlos. No son muchos. Ya casi los doy por terminados.

Me digo que tengo mucho margen, que no hay prisa cuando mi maldito afán de perfección me empuja. Es que me obsesiono con rendir en todo al máximo, igual en Photoshop y en costura que en la novela. Pero lo cierto es que gana de calle la narrativa y las otras dos se vuelven subsidiarias y solo las trabajo el día de la clase y poco más.

Esta última semana, sin embargo, he sacado tiempo para practicar PS en casa, porque el mengano pretende que hagamos prácticas imposibles con lo que explica. Hoy pretendo empezar un proyecto de costura y eso me llevará horas también por mi cuenta. Y me pregunto si es prudente, porque no me cunden más las mañanas.

A ver, es lógico que no me alcancen, solo son dos, las otras están ocupadas con clases. Debería dedicar también las tardes, pero debo ponerme un límite. Voy a rehacer mi calendario. ¿O debería ser más realista y suavizar mis expectativas?

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Martes 19 de noviembre

Son las seis. Siempre me despierto muy temprano. Tengo la suerte de dormir de un tirón, con profundidad cada noche. En la perimenopausia tuve problemas de sueño. De unos años a aquí, sin embargo, ha cambiado la tendencia. No llego a dormir ocho horas, pero no las necesito. Me levanto muy descansada y energética, animada, con ganas de hacer cosas. Es una suerte que disfruto sabiendo que en la vejez, por definición, se duerme a ratos y que eso podría sucederme más adelante.

Oigo una alarma en la cocina. Es la yogurtera que ha terminado su racha nocturna. Intento mantener el peso comiendo lo más sano que puedo, los yogures son parte del plan, que incluye alguna licencia de vez en cuando para no perder ni el ritmo ni la motivación. He estado más delgada, me gustaría perder algunos kilos más, pero no me siento con fuerzas. Todavía.

Ayer entré en bucle con una escena del manuscrito. Me agobié, así que he decidido dejarlo reposar y llevaré relatos a mi próxima sesión de narrativa. Debo buscar ya mis lectores cero, alguno profesional si puedo. Y voy pergeñando también la que será mi próxima novela. Estructura, punto de vista y tema en general. Para poder empezar a escribirla en enero.

Ayer repasé Photoshop. Mejor dicho, trabajé con vídeos que suplen al manta del voluntario, que ni maneja bien el programa ni sabe enseñar. Hace lo que puede, supongo. En un curso de estos del ayuntamiento tampoco se puede pedir peras al olmo.