Esta es la noche de San Juan. Me he despertado en la madrugada, son las 3:50. No suelo hacerlo a estas horas. No es temprano en la mañana, sino demasiado tarde en la noche del 23. Pensé que sería bonito hacer este apunte en semejante fecha simbólica.
Desde el insomnio hago un llamamiento a la luz, la esperanza, el amor, la concordia, la salud y la amistad. 🙏 Ruego que todo nos sea propicio, productivo, suave, amoroso y cordial. Pido protección para los próximos meses en esta noche mágica. Levanto un muro, una campana, una burbuja, un abrazo de energía positiva y luminosa para todos nuestros seres queridos.
Vuelvo a intentar dormir, pienso en Rodrigo, pido su ayuda y bendición. Buenas noches. Este es el apunte 365.
Son las seis y dieciocho de una bonita mañana. Trinan los pájaros. Sopla un poquito de viento, sin tráfico, empieza a clarear.
No he escrito nada para la última sesión. Le doy vueltas a un asunto y su posible tratamiento, y me agobio, porque no me convence. Me agobio, como digo, porque, contra mi costumbre, ayer no escribí. Dediqué la mañana entera a solicitar un certificado electrónico, en una lucha contra adversidades informáticas de todo tipo que finalmente logré vencer. Pero solo fue un esfuerzo inútil, porque me falta la parte presencial del asunto. Y no dan citas. Y vaya ud a saber cuándo las darán. Con el confinamiento y el teletrabajo la Administración está colapsada.
No hice nada, ni una línea. Apenas he llegado a pensar que hacer. Me proponía atacar ahora una escena importante, pero me da pereza. Mi trabajo con el grupo no va a tener continuidad, ¿merece la pena? Jo, qué subterfugios tan bobos se busca el subconsciente para no tener que esforzarse. Tiene narices el asunto.
Y no sé si simplemente acudir a la última cita del Taller con un par de relatos y charlar, y reír. Supongo que todos estarán también cansados y con escasas ganas de currar, pero no me gusta tampoco la idea de dos horas rarunas contemporizando.
Hoy toca ir a la compra, sin embargo, no quiero marcharme hasta haber escrito un poco. Creo que me pondré a ello seriamente en unos minutos. A ver si me cunde antes de las nueve.
Hoy empieza esa nueva normalidad que nos anunciaban y nos daba esperanzas en lo más difícil del confinamiento. Podemos movernos entre comunidades autónomas sin salvoconducto, acudir a espectáculos y museos respetando ciertas condiciones, entrar en los bares, o reunirnos con mayor número de personas (aunque no sé exactamente cuántas, y me da pereza comprobarlo).
Acabo de leer la última entrega de dos diarios de confinamiento que seguí todo este tiempo, el de Quique Peinado, en los blogs de la Sexta, y el de Elena Cabrera en eldiario.es. Yo también estoy cerrando mi reto de escribir un año entero. Hoy hago 263 artículos seguidos. Termino el día de San Juan.
No quiere esto decir que dejaré de tomar notas o de apuntar lo que me pasa o interesa, como hasta ahora. Solo que me saltaré algún día, los que me parezca que son demasiado iguales, o los que me despiste, o los que, simplemente, no tenga ganas.
Son las siete y cuarto. Ayer hizo un calor ya veraniego, de más de 30°C, pero amanece con viento fresco y por debajo de los 20. Tráfico y pajarillos se turnan en amenizar mis despertares. Como otras tantas veces.
En mi entorno cercano no cambia casi nada. Los de la familia nuclear nos visitamos desde que nos lo permitieron, pero no hemos visto a nadie más, ni amigos ni otros familiares. El próximo finde tenemos una novedad con extraños, aunque no muy multitudinaria, y en julio la obra, que supone unos desagradables días de convivencia obligada.
La vida se ha vuelto anodina y monótona, pero, por Dios, que se quede así, que no nos dé ninguna sorpresa más.
Ya es verano, aunque no sea azul, como la serie de nuestra infancia. No sopla el viento del oeste que trae el ruido del tráfico, apenas se nota frescor, los pájaros no cantan tan seguido, ha cambiado el ciclo vital.
El lunes abren las piscinas de la urbanización, con ciertas restricciones, que se relajarán a partir del 6 de julio. Y ese va a ser nuestro único extra por vacaciones durante julio y agosto. JC se propone trabajar esos meses, y, en septiembre, ya veremos.
Esperamos que vaya todo bien con la pandemia, que no tengamos repuntes peligrosos: el tiempo lo dirá. Y de acuerdo a eso, habrá que decidir. Como viajamos mucho justo antes del confinamiento, no sentimos necesidad de volver a salir. Al menos ahora mismo. Después de esos dos meses, ya veremos.
Zurea una paloma, chilla un verdecillo, chisporrotea un avión… Y se hace luego un silencio. Qué paz. Son las ocho y trece, he leído el periódico. Disfruto de estos momentos de relajación.
Pero mi mente sigue activa. Y ando dándole vueltas a mis asuntos favoritos, a un posible vídeo de práctica para el canal, o a una nueva escena del proyecto 3.
Siento otra vez a la paloma y el tictac del reloj de la entrada le pone ritmo a estas líneas. Esta entrada hace el número 362. Buenos días.
Son las 9:19 y escribo en mi PC, con las puertas abiertas, buscando un fresquito que ya no tenemos, lástima de ola ártica que nos acompañó los días pasados y se ha ido. En horas llegará el solsticio de verano y el calor viene con él, por lo que puedo comprobar.
Acabo de ponerle unas letras a Rodrigo, quiero escribir un artículo en mi bitácora de escritora, he subido un nuevo vídeo al canal y ando pergeñando el proyecto número 3. Estoy muy laboriosa, hasta mis compas el grupo de escritura me lo dicen, y eso que no saben en cuántos charcos ando metida. Chapoteando, jajajaja. Pero, qué hacer si no, me jubilé soñando con poder hacer esto que hago ahora. Estoy acostumbrada al trabajo duro y continuo, no ha cambiado mi tendencia, ni mi carácter currante y sistemático. Domesticidades, las justas, como siempre. Y toda la energía que antes dedicaba a mi trabajo, va ahora a estas nuevas tareas autoimpuestas. Que no suene como obligaciones horribles, sino actividades divertidas y deseadas.
Encarrilo una novela nueva, quiero revisar la primera, le daré una vuelta a la segunda, aunque, al menos de momento, me parece que no necesita más vueltas, que ya le he dado un montón. Todo al retortero, qué divertido. Seguiré contando y trabajando. Solo me queda una sesión de Taller.
En cuanto al canal, los vídeos en YouTube tienen visitas. No muchísimas, pero sí continuadas, que entiendo serán americanas, porque en este país nuestro ya nadie estudia, tenemos vacaciones. Aunque, vaya usted a saber. En todo caso, no tiene imortancia. De algo sirve hablar el mismo idioma que otros 400 millones, supongo que todo viene por ahí. El asunto es muy discreto, tengo 12 vídeos y varios han superado ya las cien visitas: cifras flojas para los grandes youtubers pero que a mí me hacen ilusión. El canal suma 1129 visitas, mucho más de lo que yo esperaba. Y se mantiene una tendencia discreta pero en ascenso. Es lo suficiente como para animarme a seguir colgando cosas.
Preparo la penúltima sesión del taller de narrativa, me da pena y me apetece, todo junto. Pena por dejar de charlar con los compañeros. Gusto, porque no deja de ser una presión y un esfuerzo constantes.
Sin embargo, me va la marcha y ando dándole vueltas a otra actividad para el verano. Algo de novela negra, que me encanta en teoría. Ya veré si puedo con ella según empiece la obra. Tendré una semana para organizarme.
Hoy amanezco renovada, después del insomnio de anteayer. No dormir lo llevo fatal. Me temo que no tengo madera para trabajar a turnos.
En breve habré cumplido mi propósito de escritura un año seguido. Poner la fecha y reflexionar sobre el tempus fugit me ha venido sirviendo para asumir mi nueva situación vital. ¿Quizá luego no consideraré necesario escribir tan asiduamente? Ni idea.
Sé que a menudo no tengo mucho nuevo que contar, pero no escribo para llenar textos de información, sino para vivir el presente con consciencia. De paso, también, para mantener un ritmo, un hábito de escritura, una lucidez mental y expresiva que antes cultivaba diariamente en mis clases. No lo considero una obligación, sino un entrenamiento.
Hago hoy 360 días seguidos. Qué barbaridad. La fecha iniciática fue la mítica y simbólica del día de San Juan. Me encanta. Cinco anotaciones más y cerraré el círculo. Como una bruja escribidora del siglo XXI. Y con sobreabundancia de esdrújulas. Jajajajaja 🤣 🤣 😂 😂.
Esta noche he dormido fatal, me temo que me desvelé, así que ando medio grogui y escribo casi a las doce de la mañana. He intentado escribir, con resultados poco interesantes, así que miro vídeos y vagueo un poco.
Un 18 como hoy, hace un año, escribí por última vez la fecha en la pizarra. Con mis enanos de 1º, porque los bachilleratos ya había volado casi un mes antes. Lo pienso y alucino. Es rara la vida. La vivo con toda la consciencia que puedo, me asusta, sin embargo, el poco control que tengo sobre ella. Ay, esos tiempos en los que la juventud me hacía creer que podía con todo lo que se me pusiera por delante. Ahora soy mucho más pusilánime.
Dos sesiones, un curso en lontanza sobre novela negra, hago planes, y ya veremos si realmente luego los puedo cumplir.
Buenos días, son las siete y cuarto, sopla viento del oeste. Apunto la fecha y me sigue sorprendiendo, incluso agobiando, la rapidez con que pasa el tiempo.
Nada nuevo que contar. Llevo unos días menos productivos, apenas mil palabras en el proyecto nuevo y un vídeo sin terminar. Me reconozco estresada, aunque no le encuentro motivación última. Quizá ya necesito vacaciones. Podría ser.
Me quedan dos sesiones de Narrativa, me da pena y me apetece esa libertad, las dos cosas a la vez. No volveré a EdE de forma presencial mientras siga la pandemia, puede ser que ya no vaya nunca, el tiempo lo dirá. Me invade una cierta nostalgia. Últimamente estoy muy nostálgica, me temo. Tengo otros resortes para la escritura, pero es que no siempre busco apoyo técnico, sino también humano. El tiempo lo dirá.
Leo las noticias, compruebo los mensajes, escribo aquí. JC hoy se acerca al trabajo, yo no tengo nada diferente que hacer. Excepto vivir el presente con consciencia, que no es poco.
Me invade una cierta nostalgia, un año ya de mis últimas clases. Recuerdo cómo me sentía sabiendo que lo eran, y que las dí con un nudo en la garganta. Explicando el último tema de literatura se me quebraba la voz, con las últimas correcciones de lengua se me inundaba los ojos, y una ternura triste me invadió cuando miré a los alumnos por vez postrera. Eso era algo que ellos no sabían, por lo que esperaban que fuera su profe también el curso siguiente y así, con su energía juvenil, me lo hacían llegar. «Anda, por favor, sí, cógenos el año que viene.»
Han pasado 360 días desde entonces. Me fui encantada de poder descansar por fin, tras 38 cursos. Hoy que habito otro universo laboral y psicológico, me invade una pequeña nostalgia de esa otra vida, aunque soy consciente de que solo es de lo bueno y divertido de ella. Porque no olvido lo malo, lo duro, lo agotador, que además la pandemia y esta gobernación fascistoide y neoliberal han acentuado. Añoro a las personas buenas, compañeros y alumnos. De los impresentables no hago ni mención, siguen ahí, siendo una molestia, pero ya no para mí. Después de lo sucedido con la pandemia, solo puedo felicitarme: ¡de la que me libré, ufffffff!
Empiezo un día nuevo, martes de ir a la compra, de escritura y coser mascarillas de tela suave para los calores que nos esperan. Son las siete. Rula un viento fresco del oeste, con runrún de tráfico y pajarillos.
Buenos días, son las 8:20 y escribo desde la buhardilla. JC se ha marchado a casa de Ela, porque le ponen hoy el aire acondicionado. Como ha hecho un fresco estupendo, ya estaba protestando ella acerca de la inutilidad de ese aparato innecesario, ni se acordaba de que pocos día antes se quejaba del calor. Es curioso que sienta que ponerlo es una especie de insulto a su casa y a sus condiciones climáticas. Me recuerda a aquella señora que decía que un lavavajillas nunca sería como fregar los platos a mano. La pobre lavó durante años y, cuando por fin se empeñaron sus hijas, terminó reconociendo que era práctico. Luego, se recriminaba a sí misma por haber hecho el tonto durante demasiado tiempo solo por cabezonería. En fin, no es que pida una rectificación formal y un mea culpa, el asunto no es para tanto. Especialmente porque tampoco desecho la idea de que está ya muy mayor y no pone filtros y dice lo primero que se le pasa por la cabeza. En su mano estará, cuando haga calor, pasarlo estoicamente, sin encender el aparatejo. Al menos JC le habrá hecho las cosas más fáciles. Si le gustan extremas, sigue teniendo la posibilidad de elección intacta.
El finde salió poco productivo, estuvimos de la ceca a la meca, de compras el sábado por la mañana, con Gy B por la tarde, y el domingo JC y yo hicimos una incursión laboral. Toda la semana teletrabajando y el domingo tuvo que ira allí, porque una máquina de un ensayo se había parado. En conclusión: tengo un vídeo a medias para el canal (que sigue teniendo visitas, aunque sean pocas) y he revisado la estructura del proyecto 3. Así que esta mañanita tiene que cundirme más.
Con todas las ventanas abiertas se nota que ya no nos visita el frente ártico, del fresquito de otros días no hay ni rastro. En breve cerraré, una vez ventilado todo, pero preparándome para el calor propio de estas fechas.
Tres meses llevamos desde que descubrimos que el virus era un peligro y ya estaba extendido entre nosotros. Trece semanas de confinamiento se hacen hoy. Emocionalmente me ha parecido un tiempo larguísimo. Agradezco la desescalada y la liberación paulatina, aunque seguimos en una burbuja todavía, sin ninguna vida social.
Alguna cosa ha cambiado, sin embargo. Ayer comimos juntos, aquí, en casa, con G y B. Me resultó curioso recibir a alguien por primera vez en estos noventa y un días. Desde que fue posible, nos habíamos visto varias veces en la calle. En una ocasión visitamos a G, que estaba solo porque B tenía guardia, en su casa. Y creo que otra salimos de charleta a su jardín. Lo de ayer me ha parecido un hito importante, aunque, qué curioso, me dejó cansada. Como si hubiera perdido cierta capacidad de la interacción social.
Normalizamos las situaciones, pero seguimos viviendo con precaución y no vemos a nadie más. Me temo que el aislamiento a la larga no será bueno, sin embargo es lo que mejor nos sale, somos de poco jaleo ya de natura. Y en estos momentos de pandemia, nos viene bien.
Hoy hago 355 días de escritura continuada. En solo diez más, será un año completo. Y de lo más ajetreado.
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