Publicado en diario del confinamiento, reflexiones

Domingo 21 de junio de 2020

Ya es verano, aunque no sea azul, como la serie de nuestra infancia. No sopla el viento del oeste que trae el ruido del tráfico, apenas se nota frescor, los pájaros no cantan tan seguido, ha cambiado el ciclo vital.

El lunes abren las piscinas de la urbanización, con ciertas restricciones, que se relajarán a partir del 6 de julio. Y ese va a ser nuestro único extra por vacaciones durante julio y agosto. JC se propone trabajar esos meses, y, en septiembre, ya veremos.

Esperamos que vaya todo bien con la pandemia, que no tengamos repuntes peligrosos: el tiempo lo dirá. Y de acuerdo a eso, habrá que decidir. Como viajamos mucho justo antes del confinamiento, no sentimos necesidad de volver a salir. Al menos ahora mismo. Después de esos dos meses, ya veremos.

Zurea una paloma, chilla un verdecillo, chisporrotea un avión… Y se hace luego un silencio. Qué paz. Son las ocho y trece, he leído el periódico. Disfruto de estos momentos de relajación.

Pero mi mente sigue activa. Y ando dándole vueltas a mis asuntos favoritos, a un posible vídeo de práctica para el canal, o a una nueva escena del proyecto 3.

Siento otra vez a la paloma y el tictac del reloj de la entrada le pone ritmo a estas líneas. Esta entrada hace el número 362. Buenos días.

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Sábado 20 de junio de2020

Son las 9:19 y escribo en mi PC, con las puertas abiertas, buscando un fresquito que ya no tenemos, lástima de ola ártica que nos acompañó los días pasados y se ha ido. En horas llegará el solsticio de verano y el calor viene con él, por lo que puedo comprobar.

Acabo de ponerle unas letras a Rodrigo, quiero escribir un artículo en mi bitácora de escritora, he subido un nuevo vídeo al canal y ando pergeñando el proyecto número 3. Estoy muy laboriosa, hasta mis compas el grupo de escritura me lo dicen, y eso que no saben en cuántos charcos ando metida. Chapoteando, jajajaja. Pero, qué hacer si no, me jubilé soñando con poder hacer esto que hago ahora. Estoy acostumbrada al trabajo duro y continuo, no ha cambiado mi tendencia, ni mi carácter currante y sistemático. Domesticidades, las justas, como siempre. Y toda la energía que antes dedicaba a mi trabajo, va ahora a estas nuevas tareas autoimpuestas. Que no suene como obligaciones horribles, sino actividades divertidas y deseadas.

Encarrilo una novela nueva, quiero revisar la primera, le daré una vuelta a la segunda, aunque, al menos de momento, me parece que no necesita más vueltas, que ya le he dado un montón. Todo al retortero, qué divertido. Seguiré contando y trabajando. Solo me queda una sesión de Taller.

En cuanto al canal, los vídeos en YouTube tienen visitas. No muchísimas, pero sí continuadas, que entiendo serán americanas, porque en este país nuestro ya nadie estudia, tenemos vacaciones. Aunque, vaya usted a saber. En todo caso, no tiene imortancia. De algo sirve hablar el mismo idioma que otros 400 millones, supongo que todo viene por ahí. El asunto es muy discreto, tengo 12 vídeos y varios han superado ya las cien visitas: cifras flojas para los grandes youtubers pero que a mí me hacen ilusión. El canal suma 1129 visitas, mucho más de lo que yo esperaba. Y se mantiene una tendencia discreta pero en ascenso. Es lo suficiente como para animarme a seguir colgando cosas.

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Viernes 19 de junio de 2020

Preparo la penúltima sesión del taller de narrativa, me da pena y me apetece, todo junto. Pena por dejar de charlar con los compañeros. Gusto, porque no deja de ser una presión y un esfuerzo constantes.

Sin embargo, me va la marcha y ando dándole vueltas a otra actividad para el verano. Algo de novela negra, que me encanta en teoría. Ya veré si puedo con ella según empiece la obra. Tendré una semana para organizarme.

Hoy amanezco renovada, después del insomnio de anteayer. No dormir lo llevo fatal. Me temo que no tengo madera para trabajar a turnos.

En breve habré cumplido mi propósito de escritura un año seguido. Poner la fecha y reflexionar sobre el tempus fugit me ha venido sirviendo para asumir mi nueva situación vital. ¿Quizá luego no consideraré necesario escribir tan asiduamente? Ni idea.

Sé que a menudo no tengo mucho nuevo que contar, pero no escribo para llenar textos de información, sino para vivir el presente con consciencia. De paso, también, para mantener un ritmo, un hábito de escritura, una lucidez mental y expresiva que antes cultivaba diariamente en mis clases. No lo considero una obligación, sino un entrenamiento.

Hago hoy 360 días seguidos. Qué barbaridad. La fecha iniciática fue la mítica y simbólica del día de San Juan. Me encanta. Cinco anotaciones más y cerraré el círculo. Como una bruja escribidora del siglo XXI. Y con sobreabundancia de esdrújulas. Jajajajaja 🤣 🤣 😂 😂.

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Jueves 18 de junio de 2020

Mi último día de clase

Esta noche he dormido fatal, me temo que me desvelé, así que ando medio grogui y escribo casi a las doce de la mañana. He intentado escribir, con resultados poco interesantes, así que miro vídeos y vagueo un poco.

Un 18 como hoy, hace un año, escribí por última vez la fecha en la pizarra. Con mis enanos de 1º, porque los bachilleratos ya había volado casi un mes antes. Lo pienso y alucino. Es rara la vida. La vivo con toda la consciencia que puedo, me asusta, sin embargo, el poco control que tengo sobre ella. Ay, esos tiempos en los que la juventud me hacía creer que podía con todo lo que se me pusiera por delante. Ahora soy mucho más pusilánime.

Dos sesiones, un curso en lontanza sobre novela negra, hago planes, y ya veremos si realmente luego los puedo cumplir.

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Miércoles 17 de junio de 2020

Buenos días, son las siete y cuarto, sopla viento del oeste. Apunto la fecha y me sigue sorprendiendo, incluso agobiando, la rapidez con que pasa el tiempo.

Nada nuevo que contar. Llevo unos días menos productivos, apenas mil palabras en el proyecto nuevo y un vídeo sin terminar. Me reconozco estresada, aunque no le encuentro motivación última. Quizá ya necesito vacaciones. Podría ser.

Me quedan dos sesiones de Narrativa, me da pena y me apetece esa libertad, las dos cosas a la vez. No volveré a EdE de forma presencial mientras siga la pandemia, puede ser que ya no vaya nunca, el tiempo lo dirá. Me invade una cierta nostalgia. Últimamente estoy muy nostálgica, me temo. Tengo otros resortes para la escritura, pero es que no siempre busco apoyo técnico, sino también humano. El tiempo lo dirá.

Leo las noticias, compruebo los mensajes, escribo aquí. JC hoy se acerca al trabajo, yo no tengo nada diferente que hacer. Excepto vivir el presente con consciencia, que no es poco.

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Martes 16 de junio de 2020

Mi rincón

Me invade una cierta nostalgia, un año ya de mis últimas clases. Recuerdo cómo me sentía sabiendo que lo eran, y que las dí con un nudo en la garganta. Explicando el último tema de literatura se me quebraba la voz, con las últimas correcciones de lengua se me inundaba los ojos, y una ternura triste me invadió cuando miré a los alumnos por vez postrera. Eso era algo que ellos no sabían, por lo que esperaban que fuera su profe también el curso siguiente y así, con su energía juvenil, me lo hacían llegar. «Anda, por favor, sí, cógenos el año que viene.»

Han pasado 360 días desde entonces. Me fui encantada de poder descansar por fin, tras 38 cursos. Hoy que habito otro universo laboral y psicológico, me invade una pequeña nostalgia de esa otra vida, aunque soy consciente de que solo es de lo bueno y divertido de ella. Porque no olvido lo malo, lo duro, lo agotador, que además la pandemia y esta gobernación fascistoide y neoliberal han acentuado. Añoro a las personas buenas, compañeros y alumnos. De los impresentables no hago ni mención, siguen ahí, siendo una molestia, pero ya no para mí. Después de lo sucedido con la pandemia, solo puedo felicitarme: ¡de la que me libré, ufffffff!

Empiezo un día nuevo, martes de ir a la compra, de escritura y coser mascarillas de tela suave para los calores que nos esperan. Son las siete. Rula un viento fresco del oeste, con runrún de tráfico y pajarillos.

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Lunes 15 de junio de 2020

Buenos días, son las 8:20 y escribo desde la buhardilla. JC se ha marchado a casa de Ela, porque le ponen hoy el aire acondicionado. Como ha hecho un fresco estupendo, ya estaba protestando ella acerca de la inutilidad de ese aparato innecesario, ni se acordaba de que pocos día antes se quejaba del calor. Es curioso que sienta que ponerlo es una especie de insulto a su casa y a sus condiciones climáticas. Me recuerda a aquella señora que decía que un lavavajillas nunca sería como fregar los platos a mano. La pobre lavó durante años y, cuando por fin se empeñaron sus hijas, terminó reconociendo que era práctico. Luego, se recriminaba a sí misma por haber hecho el tonto durante demasiado tiempo solo por cabezonería. En fin, no es que pida una rectificación formal y un mea culpa, el asunto no es para tanto. Especialmente porque tampoco desecho la idea de que está ya muy mayor y no pone filtros y dice lo primero que se le pasa por la cabeza. En su mano estará, cuando haga calor, pasarlo estoicamente, sin encender el aparatejo. Al menos JC le habrá hecho las cosas más fáciles. Si le gustan extremas, sigue teniendo la posibilidad de elección intacta.

El finde salió poco productivo, estuvimos de la ceca a la meca, de compras el sábado por la mañana, con Gy B por la tarde, y el domingo JC y yo hicimos una incursión laboral. Toda la semana teletrabajando y el domingo tuvo que ira allí, porque una máquina de un ensayo se había parado. En conclusión: tengo un vídeo a medias para el canal (que sigue teniendo visitas, aunque sean pocas) y he revisado la estructura del proyecto 3. Así que esta mañanita tiene que cundirme más.

Con todas las ventanas abiertas se nota que ya no nos visita el frente ártico, del fresquito de otros días no hay ni rastro. En breve cerraré, una vez ventilado todo, pero preparándome para el calor propio de estas fechas.

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Domingo 14 de junio de 2020

Tres meses llevamos desde que descubrimos que el virus era un peligro y ya estaba extendido entre nosotros. Trece semanas de confinamiento se hacen hoy. Emocionalmente me ha parecido un tiempo larguísimo. Agradezco la desescalada y la liberación paulatina, aunque seguimos en una burbuja todavía, sin ninguna vida social.

Alguna cosa ha cambiado, sin embargo. Ayer comimos juntos, aquí, en casa, con G y B. Me resultó curioso recibir a alguien por primera vez en estos noventa y un días. Desde que fue posible, nos habíamos visto varias veces en la calle. En una ocasión visitamos a G, que estaba solo porque B tenía guardia, en su casa. Y creo que otra salimos de charleta a su jardín. Lo de ayer me ha parecido un hito importante, aunque, qué curioso, me dejó cansada. Como si hubiera perdido cierta capacidad de la interacción social.

Normalizamos las situaciones, pero seguimos viviendo con precaución y no vemos a nadie más. Me temo que el aislamiento a la larga no será bueno, sin embargo es lo que mejor nos sale, somos de poco jaleo ya de natura. Y en estos momentos de pandemia, nos viene bien.

Hoy hago 355 días de escritura continuada. En solo diez más, será un año completo. Y de lo más ajetreado.

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Sábado 13 de junio de 2020

Son las 7:25. Llevo dos horas despierta. Cerré las ventanas y ahora tengo calor. Las abro de nuevo y vuelvo a estos apuntes. Buenos días.

Presenté mi nuevo proyecto narrativo a mis compañeros de escritura y les pareció bien, aun incluso siendo solo un boceto burdo. Se me ocurren más concreciones después de sus propuestas. Y me quedan dos sesiones todavía para testarlas. A ver qué sale.

Sigo comiendo poco y de dieta, pero no solo no bajo de peso, sino que voy aumentando. Muy despacio, pero aumentando. Supongo que es porque no me muevo gran cosa. Me resulta muy frustrante. Tengo que dedicarle tiempo a buscar un buen endocrino, alguien que no sea un gordólogo que solo se dedica a poner dietas de adelgazamiento. Pero estas fechas preveraniegas son malísimas y además quiero evitar los centros sanitarios. Ufffffff. Necesitaría, también, recuperar los chequeos habituales, pero me da grima. Dejaré pasar el verano y en septiembre ya veremos.

Hoy vienen G y B a comer, qué bueno esto de regresar a una cierta normalidad. Y, como los fines de semana previos, elaborar nuevos vídeos para el canal. Sin prisas, porque a estas alturas ya no tengo público estudiantil que lo necesite.

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Viernes 12 de junio de 2020

Si no escribo nada más despertarme, se me va el santo al cielo. Son las diez. Dentro de una hora tengo mi videoconferencia y no había anotado nada aquí todavía. Qué horror.

Llevo dos días completos enfangada en mi primera novela, cargándola de otras emociones y dándole nuevas perspectivas. Y por eso, hoy, de pronto, siento ajenos mis textos para la nueva, la que quiero proponerle a mi grupo. Acabo de comprobar por mí misma, entonces, que se me da mal escribir dos historias simultáneamente. A no ser, como hago respecto a los vídeos, que les adjudique tiempos diferentes y me ciña a los horarios. De momento me concederé un poco más de margen y lo voy a intentar.

Todo esto sucede porque quiero dales contenido a las sesiones del taller que me quedan, la verdad sea dicha. Si no fuese por esa obligación, estaría de lleno con Nina y nada más. Sin embargo, hagamos del defecto virtud, puedo buscar más propuestas de creación y someterlas a su escrutinio y así darme a mí misma más posibilidades. ¿O será una locura? He de reflexionar sobre el asunto un poco más. Me quedan tres sesiones, tampoco es cosa de dispersarme mucho. Será suficiente con bosquejar el nuevo proyecto.

La ola ártica que nos deja a 10ºC por las noches todavía nos acompaña. Es un clima agradable, nada habitual en estas fechas, que dicen las previsiones que no durará más allá del domingo. Qué lástima, con lo bien que se duerme con esas temperaturas. En fin, tampoco hay que extrañarse si llega el calor, porque la próxima semana será el solsticio de verano y eso es lo esperable. Mientras tanto, disfruto de esta buhardilla fresquita.

Me pongo a repasar mis textos, que hace días que no los miro. Hasta mañana.

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Jueves 11 de junio de 2020

Escribo la fecha y constato que además de once hoy también es jueves, como aquel maldito de marzo que arrancó a Rodrigo de nuestras vidas. Ya le he escrito en su bitácora, ahora anoto en esta unos párrafos y enseguida seguiré corrigiendo más textos. Parece que escribir es mi ocupación predominante.

Seguimos teniendo temperaturas bajas por la noche, lo que refresca mucho el ambiente, además, claro, de la casa, cuando la ventilo cada mañana. Llevamos ya muchos días así, pero no me quejo, son de lo más agradables. Salimos poco, JC teletrabaja, y yo dedico sus mismas horas a la tarea que me he autoimpuesto, pero que, claramente, hago porque me gusta.

Poco más se me ocurre hoy, que tecleo desde la buhardilla, sintiendo la brisa que corre desde aquí hasta los confines de la casa, escaleras abajo, y que me está haciendo dudar si debo ponerme algo de manga larga.

El canal de YouTube tiene pocas visitas, pero, poquito a poco, avanza. Yo sigo elaborando vídeos y subiéndolos cada cuatro días. Los hago con bastante soltura, voy mejorando el tiempo y optimizando esfuerzos. Sé que técnicamente son muy sencillos, pero lo que cuento de sintaxis me parece que está bastante bien, que es práctico, claro y ajustado a la ciencia lingüística. Por eso continúo el experimento. Lo haré mientras tenga ganas y algo que contar. Siempre de mis materias, claro. Yo soy de los youtubers de la rama educativa, no de los que narran sus vidas 😉

Y repecto a las novelas, estoy revisando el primer proyecto con las aportaciones que me hizo el corrector, que me parecen muy sensatas y válidas. Ayer estuve toda la mañana, hoy me propongo hacer lo mismo, porque para el viernes ya tengo texto y estructura preparados. Lo que no sé es si seré capaz de llevar a la vez correcciones en la uno y escritura creativa en la tres. Voy a probarlo. Hay a quien le funciona la alternancia. Yo, en principio, creo que preferiría centrarme en una tarea y no acometer la siguiente hasta haberla acabado, pero quiero intentarlo. Puede que sea eficaz tener alternativa cuando una trama o un texto me sature.