Publicado en diario del confinamiento, reflexiones

Lunes 15 de junio de 2020

Buenos días, son las 8:20 y escribo desde la buhardilla. JC se ha marchado a casa de Ela, porque le ponen hoy el aire acondicionado. Como ha hecho un fresco estupendo, ya estaba protestando ella acerca de la inutilidad de ese aparato innecesario, ni se acordaba de que pocos día antes se quejaba del calor. Es curioso que sienta que ponerlo es una especie de insulto a su casa y a sus condiciones climáticas. Me recuerda a aquella señora que decía que un lavavajillas nunca sería como fregar los platos a mano. La pobre lavó durante años y, cuando por fin se empeñaron sus hijas, terminó reconociendo que era práctico. Luego, se recriminaba a sí misma por haber hecho el tonto durante demasiado tiempo solo por cabezonería. En fin, no es que pida una rectificación formal y un mea culpa, el asunto no es para tanto. Especialmente porque tampoco desecho la idea de que está ya muy mayor y no pone filtros y dice lo primero que se le pasa por la cabeza. En su mano estará, cuando haga calor, pasarlo estoicamente, sin encender el aparatejo. Al menos JC le habrá hecho las cosas más fáciles. Si le gustan extremas, sigue teniendo la posibilidad de elección intacta.

El finde salió poco productivo, estuvimos de la ceca a la meca, de compras el sábado por la mañana, con Gy B por la tarde, y el domingo JC y yo hicimos una incursión laboral. Toda la semana teletrabajando y el domingo tuvo que ira allí, porque una máquina de un ensayo se había parado. En conclusión: tengo un vídeo a medias para el canal (que sigue teniendo visitas, aunque sean pocas) y he revisado la estructura del proyecto 3. Así que esta mañanita tiene que cundirme más.

Con todas las ventanas abiertas se nota que ya no nos visita el frente ártico, del fresquito de otros días no hay ni rastro. En breve cerraré, una vez ventilado todo, pero preparándome para el calor propio de estas fechas.