Publicado en diario del confinamiento, reflexiones

Domingo 14 de junio de 2020

Tres meses llevamos desde que descubrimos que el virus era un peligro y ya estaba extendido entre nosotros. Trece semanas de confinamiento se hacen hoy. Emocionalmente me ha parecido un tiempo larguísimo. Agradezco la desescalada y la liberación paulatina, aunque seguimos en una burbuja todavía, sin ninguna vida social.

Alguna cosa ha cambiado, sin embargo. Ayer comimos juntos, aquí, en casa, con G y B. Me resultó curioso recibir a alguien por primera vez en estos noventa y un días. Desde que fue posible, nos habíamos visto varias veces en la calle. En una ocasión visitamos a G, que estaba solo porque B tenía guardia, en su casa. Y creo que otra salimos de charleta a su jardín. Lo de ayer me ha parecido un hito importante, aunque, qué curioso, me dejó cansada. Como si hubiera perdido cierta capacidad de la interacción social.

Normalizamos las situaciones, pero seguimos viviendo con precaución y no vemos a nadie más. Me temo que el aislamiento a la larga no será bueno, sin embargo es lo que mejor nos sale, somos de poco jaleo ya de natura. Y en estos momentos de pandemia, nos viene bien.

Hoy hago 355 días de escritura continuada. En solo diez más, será un año completo. Y de lo más ajetreado.