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Lunes 24 de agosto de 2020

Pasan las semanas deprisa y ya estamos en la última de agosto. Otros años por estas fechas me llegaba el agobio de la vuelta al trabajo, este, obviamente, no. Y menos mal que me fui, porque el regreso en esta situación de pandemia tiene un riesgo de contagio muy alto. Si alguna vez me ha dado pena, o me he sentido nostálgica o arrepentida, esta crisis ha sido un remedio tajante. Pero no estoy tan lejos emocionalmente como para no tener miedo y preocuparme por alumnos y compañeros.

Termino ya pronto el curso online sobre novela policíaca. Es muy, muy flojito, con una profe que se conecta cada siete o diez días y poca cosa, a veces tonta, que hacer. Me resulta lento y desesperante.

Me debato, por ello, en si apuntarme o no a la convocatoria siguiente. Alguna enseñanza extraigo, es obvio, porque si no lo desecharía sin problemas. Lo que me exaspera es que sea escasa, que se dé con cuentagotas, pretendiendo nuevos enrolamientos, que no explique todo seguido. Me temo que si este curso semanal me crispa, los sucesivos, que son quincenales, me molestarán aún más.

Valoro que la profe es muy buena racionando la información. Que lo hace como en sus novelas. Noto esa misma tensión narrativa. Y comprendo que el problema está en mí. Y me pregunto si yo sería capaz de no tomarme las sesiones tan en serio. Si sería viable integrarlas simplemente, como una fuente de información quizá interesante, mientras sigo a mi bola en paralelo, escribiendo mucho, como a mí me gusta. ¿Quién me lo impide?

Porque, un poco a lo tonto, esperando a ver qué aprendo y si es decisivo para la novela, la tengo en barbecho. Solo he planificado, como disponía el cursito de marras. La cosa finaliza redactando el primer capítulo. Se supone que así la última entrega acaba en lo más alto. Y veo a mis dos compañeros (tampoco es que seamos un grupo grande) encantados con eso mismo que a mí me decepciona.

Admito que hay que planificar previamente para escribir con soltura, pero veo que es más fácil corregir planificaciones que texto narrativo. Y que los cursos están diseñados con esa estrategia dilatoria. También es cierto que están pensados para acompañar a novatos totales y que yo sé escribir y organizar sola. A ver, está claro que yo no pretendía una tutela, sino un aprendizaje de los rudimentos específicos del género.

Por otra parte, tampoco me ha venido mal este descanso escribidor veraniego. De todo hay que reposar para tomarlo luego con más ganas. Estos meses me he dedicado más a los vídeos didácticos, y tanta planificación sin escritura me ha dado tiempo para valorar posibilidades en mi nuevo proyecto narrativo. He conseguido perspectiva. Por ejemplo, dudaba sobre cómo estructurar la novela, sobre todo cómo incluir la trama negra, que no quiero que sea la principal. Y tengo, por fin, ideas nuevas para ello.

No ha sido gracias al curso I, porque la estructura la deja para la el curso II, y he visto en sus foros que es la tópica de planteamiento, nudo y desenlace. Mi novela tiene dos tramas y mantengo la principal tal como la diseñé en junio. Sin embargo, empiezo a ver cómo organizar la segunda trama, la negra y policíaca que me llevó a enrolarme en el cursito de las narices. Todavía estoy valorando cómo entremezclarlas.

Septiembre será la fecha tope para volver a escribir. Como hice en enero para despegarme de mi primera novela y darle distancia. He decidido seguir con mi trama principal, porque pasarán varios capítulos antes de que se cruce la secundaria. Quiero volver pronto a la escritura por mi cuenta, sin tener que esperar a lo que me pidan o al paso de tortuga de los compañeros. Lo único que me preocupa es si sabré desperdigar bien las pistas. Aunque no quiero que eso me detenga ni un minuto más. Supongo que son detalles a los que se les podría dar un retoque más adelante, ya tengo experiencia en eso.

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Martes 18 de agosto de 2020

He dudado al escribir la fecha y he tenido que mirarla en el calendario. Antes tenía más consciencia temporal. Me refiero a cuando anotaba aquí a diario. Era una de las razones para hacerlo.

Ahora ando más despistada respecto al día en el que vivo. Y podría recuperar esa costumbre escribidora para paliarlo. El problema estriba en que no tengo demasiado nuevo que contar, precisamente la razón que me llevó a dejar de escribir tan asiduamente. Bonita paradoja.

Han transcurrido seis días sin que me pasara por aquí y tampoco se me ocurren nuevos temas. Estando tan sumergidos en rutina y aislamiento, poco puedo contar. Tampoco habría sido esperable algo muy diferente en años anteriores. Los mediados de agosto en casa no fueron antes, ni son ahora, demasiado interesantes. Más de lo mismo, entonces.

Lo que sí sucedía en veranos previos (la tercera semana, por cierto) eran viajes cortos a localidades cercanas. Así, en años consecutivos, fuimos visitando Ávila, Silos, Burgos, Segovia, Zamora o Palencia.

Este extrañísimo 2020 no tenemos ningún plan. No hace falta aprovechar agosto, como cuando yo estaba en activo. Empezamos a valorar alguna idea difusa para septiembre, pero, demasiado imprecisa todavía.

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Miércoles 12 de agosto de 2020

Hoy, casi a mediados de agosto, cuento cinco meses de pandemia. Qué largo se me ha hecho. Quizá no sea mucho tiempo en cómputo general, pero sí en lo psicológico. Constato, también, que esta nueva etapa de susto, ha llegado con vocabulario técnico incluido: covid19, coronavirus, PCR, pandemia, confinamiento, desescalada y nueva normalidad. Tecleo en el móvil y el predictor reconoce y propone las palabras con diligencia.

Nosotros seguimos en casa, teletrabajando, agradecidos por la bajada de temperaturas, la lluvia y las ventanas abiertas. Algunos vuelven de sus vacaciones y nosotros todavía no las hemos cogido. En general, los amigos y compañeros han sido sensatos y hablan de segundas residencias, excursiones campestres y casas rurales. Alguna reunioncilla familiar o de un puñado de amigos, solo los más cercanos, en grupos muy pequeños. Nada de aglomeraciones.

Ahora andamos con rebrotes de esta enfermedad que no se ha ido, aunque algunos piensen que ya está todo ganado. En Madrid la cosa se agrava, por la densidad de población, porque se hizo poco y mal la desescalada. Mienten y falsean datos y aun así vamos mal. Pero eso no tiene importancia para IDA y los suyos. Siguen recortando lo público y repartiendo el pastel entre los amiguetes, en una política de clientelismo vergonzante.

Mi proyecto narrativo avanza, el canal también. Lo único que tengo parado es el blog de escritora, desde hace tres semanas. Supongo que en pleno parón veraniego tampoco es fundamental mantener el ritmo. No se me ocurre nada interesante que contar.

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Lunes 10 de agosto de 2020

Ha pasado una semana más. Todo sigue como siempre: en casa, teletrabajando, sobreviviendo al calor gracias al aire acondicionado, saliendo poco, preocupados porque las autoridades de Madrid no hacen rastreos ni se preocupan de la pandemia, haciendo rutinas demasiado sedentarias y pensando en que debería ponerme a dieta.

En septiembre tendremos vacaciones y aún no hemos hecho planes. ¿A dónde ir? Siempre podemos pasar unos día en Alicante, pero no nos llama nada la atención. En ocasiones normales, cuando vamos, apenas nos alcanza el ánimo para pasar tres noches y ya nos queremos volver. En estas, nos llega menos todavía. Y me temo que cualquier otro lugar nos causa desasosiego. Quizás algo con rutas al aire libre, se me ocurre, pero está el problema de dónde dormir. O salidas desde aquí a lugares cercanos por los que dar un paseo campestre y regresar luego a casa. Ninguna idea concreta. Y poca ilusión, todo hay que decirlo.

Han caído cuatro gotas y se nota un frescor desconocido desde hace muchas semanas. Tecleo en la buhardilla, pensando si darme un paseo bajo la lluvia o esperar a más adelante. Suena el tráfico de la autopista lejana, lo que significa que ha cambiado el viento y ahora llega del Oeste.

El curso de novela policiaca me aburre. Hay poquísima interacción (la profe anda desaparecida días enteros), los comentarios que nos hace son flojos (aunque, eso sí, muy optimistas y motivadores), todo es planificación previa al acto de escribir y me resulta tedioso tirarme un mes entero organizando datos. Esta sesión me toca reflexionar sobre las víctimas y los sospechosos y me apetece poquísimo. De hecho, ni he empezado. Me queda otra sesión de planteamientos técnicos y la última será escribir un texto (máximo 3000) palabras, con el asesinato. No sé cómo voy a enfocarlo. Ando muy perdida al respecto, hasta ahora no hay una explicación de cómo pasar de estas tareas previas al hecho mismo de escribir.

Son las ocho y media, ha dejado de lloviznar. Me doy un paseo. Ciao.

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Lunes 3 de agosto de 2020

Por fin ha bajado la temperatura y se acaba la ola de calor recalcitrante. Son las seis y cuarto, sopla viento, hay 20°C y se ha podido dormir bien.

Aprovecho la ocasión de refrescar la casa, con las ventanas abiertas, en medio de la oscuridad. Hace un mes a estas horas ya era de día. Vivo cada vez con más consciencia el ciclo de las estaciones.

Hoy, lunes, empieza una nueva semana, enteramente agosteña. Pero este verano no es como los de antes, la gente sigue en casa. No se ve salir a los vecinos, ni siquiera se marchan a sus pueblos, por lo que parece. A estas alturas, nuestra pequeña calle se solía ver solitaria y vacía. Parece que este año es diferente. Vaya que sí.

Nosotros tampoco nos hemos marchado, ni un solo día. No hemos disfrutado de nuestra salida de julio, cosa rarísima. Quedarnos los primeros quince días de agosto lleva mucho tiempo siendo lo usual. La costumbre de los últimos años era salir tres semanas en julio, un regreso de JC de dos, y de nuevo vacacionar los últimos quince días de agosto.

El año pasado, sin embargo, cambiamos por primera vez en nuestras vidas agosto por septiembre. Ya que no tenía que regresar a las aulas y podíamos salir ese mes, nos fuimos a Portugal. Un gustazo, sin tantas multitudes y sin tanto calor.

Este 2020 está resultando un desastre en todo, también en esto, desde la crisis pandémica. No sabemos muy bien qué hacer. Nos faltan energía y ánimo. Nuestra pretensión es irnos en septiembre. O en octubre, ya veremos. Todavía ni idea e cómo ni adónde. Huyendo de multitudes, aunque sin saber si la enfermedad nos encerrará en casa de nuevo.

De momento, los vecinos fóbicos de «los bichos» esperaban a sus albañiles en este fin de semana de principios de agosto. ¿En serio? ¿Qué profesionales trabajan en agosto y en fin de semana? Miedo me dan. En fin, estaremos expectantes. Van bajando sus pretensiones y ya no piden las murallas de Ávila. Aunque todavía les puede más su obsesión que la realidad. Menos mal que se encarga JC, porque, francamente, yo no les tengo paciencia.

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Domingo 2 de agosto de 2020

Sufrimos una desagradable ola de calor. Menos mal que tenemos aire acondicionado para sobrevivirla. Son casi las siete, ya se nota que el amanecer se retrasa, que los días van perdiendo terreno frente a la noche. He abierto la ventana y me sorprende el silencio. Ni pájaros, ni tráfico. Pura mañanita de domingo.

Por dejarme en evidencia, unos aviones se han puesto a chisporrotear, pero lejos, no en el pruno. Y más lejana aún zurea una paloma. Luego ha regresado el silencio. Qué agradable. Recuerdo nuestras primeras noches en esta casa y cómo nos extrañaba esa ausencia de ruidos. Es un lugar tranquilo todavía, veintinueve años después.

En cuanto vuelvo la vista al pasado, me invade la nostalgia. Echo en falta el animoso optimismo de entonces, a nuestros hijos, tan niños, y muy especialmente a Rodrigo, que solo vivió aquí doce años de los veinte que aquellos malditos canallas le robaron. Lloro su ausencia siempre. Se me saltan las lágrimas mientras lo escribo.

He perdido fuelle, me siento desganada con tanto calor, pero sigo trabajando la nueva novela. Mandé la segunda a un concurso por darle alguna salida, en un arrebato de supuesta efectividad del mes de junio. Ahora me parece una pretensión ridícula. No tengo nada que hacer. No suena la flauta por casualidad, cuando se presentan cientos de autores y se es solo una doña nadie del montón. En fin, asumo que mis afanes escribidores serán solo el legado de una pariente con ínfulas pretenciosas. Lejana, si no llego a tener nietos. Y poco más.

Quizá sea esta tendencia mía un desahogo existencial, una manera de perpetuar mi consciencia. Reflexiono sobre ello, porque cada vez lo creo más posible. Desde que me jubilé, me parece que se han acentuado esas sensaciones de etapa última. Desde luego, mi canal de YouTube va por ese camino.

Y noto que me vuelvo derrotista, que no me enrolo en cursos complicados porque para qué, si ya no tengo futuro. Ya no necesito másteres, aunque me puedan parecer interesantes. No compensa el esfuerzo personal y económico.

Luego comprendo que ni siquiera pienso en una nueva carrera. Aunque otros lo hayan hecho. María Galiana, por ejemplo, profe jubilada como yo, y que lleva veinte años en una nueva faceta profesional, como actriz, solo es la excepción que confirma la regla.

Además, tampoco es eso lo que me interesa, no quiero volver a trabajar. No pretendo convertirme en autora de éxito, además de que soy demasiado vieja como descubrimiento. Es obvio que ningún editor en su sano juicio me querría publicar teniendo a su disposición tanto joven con toda la vida por delante. Con del libro de Rodrigo asumo que tuve la oportunidad que tantísimos buscan y jamás encuentran. Y que eso es todo. Y no me quejo, que menudo milagro.

Solo escribo. Y lo hago porque necesito contar. Otra cosa es que me lean. Y eso, lamentablemente, lo hacen muy pocos. JC, que es mi fan número uno, tal vez mi hermana, y ya. Tengo poquito público.

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Jueves 30 de julio de 2020

Constato que no escribir en esta bitácora me hace perder el sentido temporal. No sabía si hoy era miércoles o jueves, los días son un continuo y llevar las cuentas me hacía ser más consciente. Ahora ando perdida y disoluta. Y sin nada especialmente interesante que contar. Todo es más de lo mismo: pequeñas cotidianidades simplonas. Escribo poco, hago dos vídeos por semana, veo series con JC, y vuelta a la casilla de salida.

Vivimos laxos. No sabemos dónde ir de vacaciones, si es que para septiembre tenemos esa oportunidad, porque lo de la pandemia está rebrotando alrededor. Nada nos apetece demasiado. Podemos ir a Alicante, a la casa de mis padres, que lleva siendo mía diez años y aún la llamo así. Sería terreno conocido y seguro, pero la idea nos atrae poco. Para más delante, ya veremos si el tedio nos impulsa. Ahora mismo, me temo que ni nos lo planteamos.

El curso de narrativa se me queda pequeñísimo. Es poca cosa, lo sé, pero me da ideas interesantes. Había parado de escribir por darme un respiro, porque no sabía en qué dirección encaminarme y porque me daba miedo avanzar sin rumbo y tener que prescindir luego de mucho texto. Mientras tanto, me puse a corregir Nina. Y ya está. Así que me propongo una vuelta a la tarea diaria de escritura, salga como salga el cursillito. Creo que ahora va todo más encarrilado.

Y hasta aquí puedo llegar. Hemos visto a G, seguimos aisladitos y tranquis en casa, JC teletrabajando y yo entretenida con mis cosas. Lo que pueda suceder más adelante, ya lo veremos.

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Martes 28 de julio de 2020

Ando toda feliz, una vez superada una revisión ginecologica que me daba un poco de respeto. He vuelto a la consulta de la doctora de hace quince años, después de vagar por varios profesionales poco consistentes. Por lo menos, que sea siempre la misma es una tranquilidad.

Todo transcurrió rápida y eficazmente, sin complicaciones. Paz, a falta de los resultados de las pruebas, ya en septiembre. Muchas cautelas, distanciamiento y mascarillas, todo en menos de una hora, está muy bien.

Son las seis. Llevamos dos o tres noches tropicales, durmiendo con el aire acondicionado. Acabo de abrir la ventana y no se nota demasiado fresco. Anoche, a las diez, todavía marcaba 37°C en el exterior nuestro termómetro. Ahora mismo, 27°C, cuando lo normal suele estar entre cinco o seis menos. Ventilo por higiene, nada más.

Ayer entregué la segunda tarea del curso. Sigue consistiendo en organizar, no escribimos. Y yo me escudo en eso, en no perder el tiempo en textos que quizá no funcionen, para seguir vagueando. En medio de este clima tórrido es algo que me puedo permitir, vamos, por supuesto.

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Domingo 26 de julio de 2020

Estos días me obligo a mí misma a no anotar tan asiduamente. Porque no hay mucho que decir y porque ya acabó el experimento.

Seguimos en casa, con el calor esperable de estas fechas, bastante aislados, que es la mejor medida, como los personajes de El Decamerón. Lo único que me preocupa es que nos pase factura de insociabilidad y de sedentarismo exagerados.

Escribo poco, solo lo necesario para el curso, que ciertamente es bastante light. Pero me doy permiso para relajarme en esa materia, después de tantas semanas, meses de trabajo exhaustivo. Y me vuelco más en la elaboración de vídeos.

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Miércoles 22 de julio de 2020

Hoy toca nueva sesión de Novela Policíaca. Los temas y las actividades me siguen pareciendo muy flojos, escasos de información. Pero intentaré resolver las dos realidades que propone el de esta semana.

Reconozco que me está sirviendo para organizar la estructura, una de mis dudas y la razón por la que me enrolé en el curso. Así que, aunque me desespera la lentitud de la propuesta didáctica, creo que le sacaré partido.

He descubierto, también, que la profe tiene su propia página y que oferta cursos online en segmentos aún más pequeños y disponibles en cualquier momento. Me puede interesar. Lo estudiaré. Aquí tengo dos compañeros nada más, tampoco es una gran cosa.

No he contado, por cierto, que EdE nos pasó una encuesta para saber si queríamos seguir de forma presencial, online o por vídeo conferencia, incluso mezclar las dos últimas. Tal vez salga algo que me guste. La experiencia de los últimos meses fue bastante buena. Pero solo de los últimos, los primeros fueron arduos.

Son las seis y veinte. Llueve, suenan truenos, ha refrescado. Voy a darle una vuelta completa a la casa y luego me pongo a escribir.

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Martes 21 de julio de 2020

Creo que ayer no escribí, se me acabó el récord en 390 días seguidos, más que suficiente.

No hay mucho nuevo que contar. Que hice dos vídeos para YouTube, (sobre el atributo y el complemento predicativo), o que hoy me toca compra y regreso a la senda de la narrativa es más de lo mismo. Solo una visita a la peluquería sería noticia, y de un calibre lamentable, vamos, por favor. Y ni eso, pues JC fue ayer y yo no necesité acompañarle porque mi pelo aguanta estupendo.

Reconozco que cuento lo mismo todo el tiempo. Y menos mal, no quiero más sucesos familiares, por favor. Salimos poco de casa. Este año ni siquiera he intentado ir a la piscina, y JC, que no es nunca partidario de mojarse, menos todavía. Y eso que está ahí, a la vuelta de la esquina, a cincuenta metros.

Volví a la bicicleta estática un día, porque hace demasiado calor para paseos y siento que me pesa el culo cuando llevo un rato sentada ante el pc y que me redondeo. Pero no tengo el ritmo del confinamiento y se me vuelve a olvidar.

Como poquísimo, intentando no engordar, pero todo lo aprovecha este organismo mío tan ahorrativo. Un día o dos de la semana pasada comí un poco de pan, o un plato de arroz. Lo corriente es que solo sea verdura, ensalada y algo de proteína. Pero apenas consigo mantener el peso, adelgazar me resulta imposible.

Ah, bueno, espera, no, hay una novedad. Un nuevo capítulo en la fobia a los bichos (no sé si solo insectos y arácnidos o también pájaros) de la vecina de al lado. La valla medianera necesaria un arreglo y propone levantar un muro de mampostería de metro y medio. Así, sin anestesia. Pero, en fin, ni caso. Repararlo, por supuesto que sí. Hacer las murallas de Ávila, no está entre nuestras prioridades.

En conclusión, nada, nah, problemas de primer mundo. Banalidades de importancia escasa. Por lo demás, estamos bien. Seguimos el día a día.