Publicado en reflexiones

Martes 18 de agosto de 2020

He dudado al escribir la fecha y he tenido que mirarla en el calendario. Antes tenía más consciencia temporal. Me refiero a cuando anotaba aquí a diario. Era una de las razones para hacerlo.

Ahora ando más despistada respecto al día en el que vivo. Y podría recuperar esa costumbre escribidora para paliarlo. El problema estriba en que no tengo demasiado nuevo que contar, precisamente la razón que me llevó a dejar de escribir tan asiduamente. Bonita paradoja.

Han transcurrido seis días sin que me pasara por aquí y tampoco se me ocurren nuevos temas. Estando tan sumergidos en rutina y aislamiento, poco puedo contar. Tampoco habría sido esperable algo muy diferente en años anteriores. Los mediados de agosto en casa no fueron antes, ni son ahora, demasiado interesantes. Más de lo mismo, entonces.

Lo que sí sucedía en veranos previos (la tercera semana, por cierto) eran viajes cortos a localidades cercanas. Así, en años consecutivos, fuimos visitando Ávila, Silos, Burgos, Segovia, Zamora o Palencia.

Este extrañísimo 2020 no tenemos ningún plan. No hace falta aprovechar agosto, como cuando yo estaba en activo. Empezamos a valorar alguna idea difusa para septiembre, pero, demasiado imprecisa todavía.