
Pasan las semanas deprisa y ya estamos en la última de agosto. Otros años por estas fechas me llegaba el agobio de la vuelta al trabajo, este, obviamente, no. Y menos mal que me fui, porque el regreso en esta situación de pandemia tiene un riesgo de contagio muy alto. Si alguna vez me ha dado pena, o me he sentido nostálgica o arrepentida, esta crisis ha sido un remedio tajante. Pero no estoy tan lejos emocionalmente como para no tener miedo y preocuparme por alumnos y compañeros.
Termino ya pronto el curso online sobre novela policíaca. Es muy, muy flojito, con una profe que se conecta cada siete o diez días y poca cosa, a veces tonta, que hacer. Me resulta lento y desesperante.
Me debato, por ello, en si apuntarme o no a la convocatoria siguiente. Alguna enseñanza extraigo, es obvio, porque si no lo desecharía sin problemas. Lo que me exaspera es que sea escasa, que se dé con cuentagotas, pretendiendo nuevos enrolamientos, que no explique todo seguido. Me temo que si este curso semanal me crispa, los sucesivos, que son quincenales, me molestarán aún más.
Valoro que la profe es muy buena racionando la información. Que lo hace como en sus novelas. Noto esa misma tensión narrativa. Y comprendo que el problema está en mí. Y me pregunto si yo sería capaz de no tomarme las sesiones tan en serio. Si sería viable integrarlas simplemente, como una fuente de información quizá interesante, mientras sigo a mi bola en paralelo, escribiendo mucho, como a mí me gusta. ¿Quién me lo impide?
Porque, un poco a lo tonto, esperando a ver qué aprendo y si es decisivo para la novela, la tengo en barbecho. Solo he planificado, como disponía el cursito de marras. La cosa finaliza redactando el primer capítulo. Se supone que así la última entrega acaba en lo más alto. Y veo a mis dos compañeros (tampoco es que seamos un grupo grande) encantados con eso mismo que a mí me decepciona.
Admito que hay que planificar previamente para escribir con soltura, pero veo que es más fácil corregir planificaciones que texto narrativo. Y que los cursos están diseñados con esa estrategia dilatoria. También es cierto que están pensados para acompañar a novatos totales y que yo sé escribir y organizar sola. A ver, está claro que yo no pretendía una tutela, sino un aprendizaje de los rudimentos específicos del género.
Por otra parte, tampoco me ha venido mal este descanso escribidor veraniego. De todo hay que reposar para tomarlo luego con más ganas. Estos meses me he dedicado más a los vídeos didácticos, y tanta planificación sin escritura me ha dado tiempo para valorar posibilidades en mi nuevo proyecto narrativo. He conseguido perspectiva. Por ejemplo, dudaba sobre cómo estructurar la novela, sobre todo cómo incluir la trama negra, que no quiero que sea la principal. Y tengo, por fin, ideas nuevas para ello.
No ha sido gracias al curso I, porque la estructura la deja para la el curso II, y he visto en sus foros que es la tópica de planteamiento, nudo y desenlace. Mi novela tiene dos tramas y mantengo la principal tal como la diseñé en junio. Sin embargo, empiezo a ver cómo organizar la segunda trama, la negra y policíaca que me llevó a enrolarme en el cursito de las narices. Todavía estoy valorando cómo entremezclarlas.
Septiembre será la fecha tope para volver a escribir. Como hice en enero para despegarme de mi primera novela y darle distancia. He decidido seguir con mi trama principal, porque pasarán varios capítulos antes de que se cruce la secundaria. Quiero volver pronto a la escritura por mi cuenta, sin tener que esperar a lo que me pidan o al paso de tortuga de los compañeros. Lo único que me preocupa es si sabré desperdigar bien las pistas. Aunque no quiero que eso me detenga ni un minuto más. Supongo que son detalles a los que se les podría dar un retoque más adelante, ya tengo experiencia en eso.