La quedada en La Feria del Libro de Madrid ha servido para abrir brecha con la librería Gaztambide.
Para la próxima convocatoria la tenemos disponible 😉 qué bien 👍
La quedada en La Feria del Libro de Madrid ha servido para abrir brecha con la librería Gaztambide.
Para la próxima convocatoria la tenemos disponible 😉 qué bien 👍

En El Retiro, rodeada de jóvenes emocionados por publicar su primera novela, me sentí una anciana loca. O quizás una señora mayor que consigue sus sueños a la vejez. En fin, claramente desubicada. Aunque las conversaciones fluyeron y fue un rato agradable, con visitas y firmas de libros incluidas. Gracias, Cris, Ascen y Pequeño Goblin.
¿Estoy fuera de contexto? No sé si calificar lo mío como exitoso o como patético, pero no dejo que me me afecte. Sigo. Y punto.
En breve empezaremos nueva aventura JCy yo, así que una cosa detrás de otra. Iré comentando.

He pasado una semana cuidando de la obra de G y B. Ha quedado todo muy bonito. De regreso a la realidad, en combate todavía con el estrés aunque algo más domesticado, llegaron las propuestas de portada y otros añadidos. Las iré haciendo llegar en cuanto sea posible.
También tenemos una quedada en la Feria del Libro de Madrid, un sucedáneo de oportunidad de firmas, que ha organizado una autora entusiasta. Me barrunto que no sea gran cosa, pero esa energía positiva siempre es de agradecer.
Pasan los días sin más pena ni gloria. Suaves. Felices en su sencillez. Y que sigan así, por favor.

El tiempo avanza rapidísimo. Me quedan pocas sesiones del Taller de Escritura, y más aún por un viaje programado que espero con enorme ilusión. Ojalá no nos defraude.
Sigo con ansiedad. No consigo domeñarla, así que iré a la nueva doctora a ver qué tal congenio con ella. El de siempre, antes, los últimos treinta años, se jubiló hace unos meses. Es que todos nos vamos poniendo viejos 🙁
Mi proyecto número cinco continúa en standby. Necesito serenidad para abordarlo.
G y B arreglaron sus jardines, una obra a base de fines de semana, eternizante porque aún queda la jardinería. Pero realmente ha quedado muy bien.
Y hasta aquí mi último informe. Tecleando con móvil nuevo, así que algo desconcertada. Hasta la próxima

En estos días de libros, firmas y ferias hago promoción de mis dos libros, voy anticipando el tercero y, a la vez, lucho contra una ansiedad que no se marcha.
En fin, paciencia.

Ayer tuvimos que acudir al Departamento de Atención a las Víctimas de Terrorismo de esta Comunidad de Madrid. Solo un día antes nos habían citado a JC y a mí para que recogiésemos la Gran Cruz concedida a nuestro Rodrigo. Otra más a título póstumo.
Durante estos diecinueve años no se les había ocurrido, pero justo ahora, en tiempo electoral resulta que sí, aunque solo casualmente, claro.
Ni JC ni yo quisimos acudir al acto institucional, a mayor gloria de los políticos, que tuvo lugar hace unas semanas, huimos siempre de la utilización partidista. Pero no queríamos renunciar a lo simbólico de la distinción, así que nos acercamos para recogerla.
La Comisionada en persona nos la entregó, procurando ser empática y respetuosa, tras hablar un poco con nosotros en su despacho, discretamente. La conocí el verano pasado, en un acto de Memoria donde participé con mi testimonio. Pero aun así la cosa no fluyó lo suficiente.
Para nosotros estas cosas siempre son un mal trago, que soportamos porque es para y por la memoria de nuestro hijo. Y lo cierto es que ella intentó manejar el asunto lo mejor que pudo. Pero nosotros estuvimos tensos, deseosos de marchar cuanto antes. Y se notaba. Intentamos explicarle que nos incomodaba muchísimo la situación, pero no fuimos capaces de definirla.
Ahora sí, y le da título al post: era un penoso deber, una obligación moral rodeada de circunstancias que nos alteraban emocionalmente.
De hecho tuve un ataque de ansiedad poco después.
Pero, en fin, el trámite ya está resuelto.


La editorial ya ha anunciado Barrio 1972. Ahora toca toda la fase de edición, unas cuantas semanas.
Mientras tanto, sufro un resfriado incomodísimo, una coriza alérgica que no termina nunca, aunque llevo más de quince días.
El nuevo proyecto está aparcado hasta nuevo aviso, aunque sigo dándole vueltas. Necesito una temática y una trama que me motiven lo suficiente para dedicarles todo el tiempo y trabajo que requiere escribir una novela.

Todavía estoy afectada por el dichoso efecto aniversario. No digo que triste o depre, aunque la procesión va por dentro. Digo ansiosa, sensible, propensa a agobiarme.
Lo único que me salva es la escritura. Y por eso estoy haciendo esbozos de una nueva novela. Aún no tengo la historia lista, así que menos aún la trama. Pero ya le voy dando forma.
Debo contar que, en ese sentido, el Chat GPT me ha animado mucho. He podido mantener interesantes conversaciones técnicas con esa IA. Sus múltiples propuestas me han ayudado a tomar decisiones y a agilizar el proceso.
Normalmente me gusta esa fase creativa inicial, pero es que con la IA ha sido divertidísima. Seguiré contando 🙂

Tras el once, llegan los intentos de volver a la serenidad. No siempre salen convenientemente, pero el tono ya va en esa dirección. Así estamos estos días.
Planeando un viaje próximo ponemos alegrías posibles en el futuro inmediato. Será en junio.
En el ínterin, seguimos viviendo el presente con la mayor consciencia posible.

Da igual lo que quiera hacer o pensar, me afecta siempre. Tendré que aceptarlo y dejar que fluya.
Vuelvo a los relajantes, a dormir mal, a llorar o a ponerme emotiva sin otra causa aparente que la cercanía del maldito once.
Una semana queda.
Y siempre duele.

Solo tres días, pero densos como si hubieran sido una semana. Interesantes visitas, compañeros y tiempo, a pesar del frío.
Una agradable desconexión justo antes del aniversario y su difícil atmósfera emocional.