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Lunes 24 de febrero de 2020

Son las siete y cuarto. Oigo el tictac del reloj de la entrada mientras pienso cómo solventar algunos problemas cronológicos de mi nuevo proyecto narrativo.

El sábado estuvimos hablando de nuevo con nuestros jóvenes amigos sobre una posible quedada para celebrar mi jubilación. Para el otoño. Con eventos cortos. En una casa rural. Todavía está todo muy en mantillas, pero me ilusiona.

He olvidado la prudencia y comí de todo en el finde. Hoy me toca compensar el desaguisado. Porque los próximos días van a ser difíciles. Me temo que hasta el doce será un caos, pero no quiero tirar la toalla. Tengo que seguir esta lucha. Aunque a veces la pierda.

Ahora que han empezado los síntomas de alergia, supongo que los pólenes de cupresaceas se han disparado. Y está claro que algunos antihistamínicos me provocan hambre ansiosa. Lo que es bueno para el bazo es malo para el espinazo, ya lo dice el refrán. Me pasaré a otro producto. Y volveré a la dieta en cuanto me sea posible.

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Domingo 23 de febrero de 2020

Vaya, hoy es un 23F de infausta memoria. Tecleo medio grogui, necesitada de sueño, porque nos acostamos tarde anoche y apenas dormí cinco horas. Soy de despertares tempranos, mi organismo no sabe salirse de sus horarios establecidos. Aunque se quede corto de descanso.

Llevo tres días sin avanzar en mi novela. Hoy tampoco se presenta viable y supongo que mañana será el único en que pueda. Los siguientes prácticamente hasta el once estarán plagados de actividades. Y hasta ahí puedo anticipar.

Mi primer proyecto está terminado después de siete finales distintos. Lo retoqué con las aportaciones de una única lectora cero y la profesional. Ahora necesitaría otra vuelta, pero ¿a quién dirigirme con otra novela mediocre más?

Síndrome del impostor o comparaciones odiosas, nada me parece tan defendible como el libro de Rodrigo. Así que no sé si mi humilde primera novela merece ser luchada o es mejor dejar que se pudra en el olvido. Me digo a mí misma que al menos intentarlo un poco, por rentabilizar las horas de trabajo. Pero, lo reconozco, me faltan ambición y me inunda una pereza infinita.

Tengo ya una edad en la que desde luego ni voy a ser descubierta como autora, ni podría ponerse en mí la esperanza de una carrera con tiempo por delante. Solo es una afición que tuve que posponer hasta estas alturas jubilatorias por exceso de trabajo. Y que intento aprovechar mientras me duren unos pocos años de lucidez.

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Los dos patitos de febrero de 2020

Escribo tres bitácoras e intento avanzar con la novela nueva, leo, hago domesticidades y las horas no me alcanzan para mucho más. Siento que la ineficacia ha colonizado mi nueva vida. ¿O es que me ataca de nuevo el síndrome del impostor?

Paso revista a lo que he hecho estos meses sin obligaciones laborales sintiendo que no es suficiente.

  • Semana negra de Gijón
  • Vacaciones de verano
  • Terminar Nina
  • Acompañamiento de J y su enfermedad
  • Viaje a Portugal
  • Crear y escribir periódicamente en nueva página web de escritora
  • Tres meses de clases de corte y costura en Leganés
  • Dos meses de clases de Photoshop
  • Taller Proyectos Narrativos
  • Revisión de relatos para posible libro recopilatorio
  • Gestión y luego anulación viaje Venecia
  • Navidad y añadidos
  • Hacerle un abrigo a G
  • Médicos y gestiones Ela
  • Viaje Sevilla
  • Nuevo proyecto novela
  • Nueva situación doméstica con L
  • Gestiones y papeleos varios

Sin embargo, cuanto más anoto, más me congracio con lo que ha sucedido. No he estado ociosa. En realidad lo que me falta es iniciar mis prácticas de vídeo, mi otro gran proyecto.

Quizá debería hacer una planificación y encontrarle un tiempo para lanzarme a ello. Pero también es verdad que no lo he hecho todavía porque no quiero una chapucilla. Sé demasiado bien que para algo con cierta calidad se necesitan unas horas que no tengo si se las dedico a la escritura.

Por otro lado, ambos medios, el escrito y el audiovisual podían apoyarse mutuamente. El problema es que no sé si sería capaz de abarcar ambos sin excesivos agobios.

Conclusión final: haré pequeñas pruebas los lunes por la tarde. Mientras JC tiene reunión. A ver qué sale.

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Viernes 21 de febrero de 2020

Caigo en la cuenta de que esta mañana toca Taller de Proyectos Narrativos y me pongo contentísima. Qué pánfila, no me di percaté realmente hasta anoche, aunque llevo toda la semana escribiendo y corrigiendo. Pero, claro, es que ha sido entre otros mil asuntos y andaba yo con la cabeza menos centrada.

Las próximas jornadas tampoco serán aburridas. Estoy organizándome para varios eventos que me ilusionan y también me angustian. Ni que decir tengo que, de resultas, el estrés, ya alto por el efecto aniversario, ha subido más.

Dura lección aprendida es que si lo dejo sin control se vuelve ingobernable, así que lo combato y punto. Y como eso ya sé cómo sobrellevarlo, me preocupa más la dieta que no hago y subir de peso por tanta ansiedad.

Es que con todo este jaleo vital me falta la determinación última necesaria. Y saber que no es fácil seguirla de forma estricta en las actividades de los siguientes quince o veinte días no ayuda nada.

En fin, buscaré minimizar los daños. Luego, ya veremos.

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Jueves 20 de febrero de 2020

Hace un año de la primera presentación del libro de Rodrigo. Jolines cómo pasa el tiempo. Han sucedido tantas cosas entre medias… Y no todas bonitas…Pero, en fin, vamos caminando.

Hoy viene L. Qué pereza me da siempre. Tocan cristales. Y me da miedo siempre que se pueda caer porque es muy pequeñita. Más aún después de que se cayera M en el jardín.

Fui a la peluquería y me arreglé el corte, que tengo muchos eventos en las tres próximas semanas. No sé si está un poco corto, comparado con mi estilo, pero queda bien y las melenas largas a mi edad ya no son buena idea.

Creo que he terminado de corregir Nina. Y que avanzo bastante con la siguiente, que no sé todavía cómo titular. Seguiré escribiendo lo que pueda en estos próximos tiempos de aniversario. Espero lanzarme luego a la búsqueda de editorial. Un horror. Y si no surge nada, la autopublico.

Es meterse en embolados que me dan muchísima pereza. A mi edad no tengo ningún afán de hacerme un nombre como autora. Pero tampoco es sensato derrochar tanto tiempo invertido dejando el texto en un cajón.

Lo intentaré al menos.

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Miércoles 19 de febrero de 2020

Ayer hizo un año de la publicación del libro de Rodrigo. Mañana, de la primera presentación, en el Centro de Poesía José Hierro

Ayer tuve que echar mano de la química cuando me agobié con la caída de un operario que vino a podar los árboles. Todavía estoy ansiosa, son las cinco. Me angustia también la burocracia que hay que resolver para acudir a un evento al que nos invitaron, previo al aniversario. Y luego los de siempre del día once, que me afectan de igual manera, pase el tiempo que pase. En el fondo, todo aumenta el estrés.

Menos mal que los actos de la próxima semana los siento como estar entre amigos. En los siguientes, desde luego no tan acogedores, ya veremos. Paso a paso.

En cuanto a mi segunda novela, voy despacio, pero avanzo. Espero darle hoy un nuevo empujón. Aunque tengo para la próxima entrega, necesito más material, no quiero dormirme. Tengo la sensación de que será un texto no muy largo, aunque, en el fragor de la batalla creativa, todo puede pasar.

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Martes 18 de febrero de 2020

Hoy va a ser mi día semanal. Lo voy a dedicar a leer sin interrupciones y ver MdlT. La única obligación que me impongo es hacer una compra. Y porque el frigo está medio vacío. Reflexiono sobre la conveniencia de ir a la peluquería, pero lo pospongo a la próxima semana.

Anoche me tomé unas valerianas y dormí bien. Pero ahora ya noto que dejaron de hacer efecto porque sigue la ansiedad conmigo, la muy puñetera.

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Lunes 17 de febrero de 2020

Última semana tranquila la que empieza hoy. Porque la siguiente tengo presentaciones y en marzo será un no parar hasta fin de mes.

Tendría que pasar por la pelu ya pronto. Qué fatiga. Pero ahora mismo lo único que me apetece es quedarme en casa escribiendo. Mi mejor terapia.

Mi último post en mi página de autora va sobre el efecto aniversario. Y tiene un éxito que no alcanzan los más técnicos. No sé si es porque mi pequeña parcela de público son otros dolientes. O amigos solidarios. Prefiero pensar eso a que el morbo tiene tirón. Me pongo más triste.

Llevo muchos días escribiendo aquí. Me siento sola. A la vez privilegiada por poder disfrutar de la vida sin obligaciones, y agobiada porque ya no tengo los estímulos de antes. Paradojas existenciales.

Echo de menos a Rodrigo, pienso en estos días de febrero de 2004, en lo que él hacía, en todo lo que le fue robado. Quisiera tener la absoluta certeza de que nos volveremos a encontrar. Pero solo tengo mi llamita de esperanza.

Son las siete y media. JC me llamará en un rato. Tecleo arropada, entre las sábanas, qué lujo de mañanas sin prisas, de tiempo por delante para lo que me apetece y me gusta. Me tomo un té y subo a la buhardilla. Hasta luego.

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Domingo 16 de febrero de 2020

Después de una reunión técnica por la mañana, comimos con G. Charlamos. Vimos una serie. Dimos un paseo. Me salté la dieta y comí un poco de pan. Fue un sábado tranquilo, pero esta mañana he vuelto a despertarme entre sueños angustiosos.

Leo las noticias. Escribo. Me tomo una valeriana e intento volverme a dormir, aunque sean las siete. Buenas noches.

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Sábado 15 de febrero de 2020

Me despierto temprano como cada día, pero en los últimos además, me acompaña un runrún de ansiedad demasiado conocido. Ya está presente en mi vida el odioso efecto aniversario. De aquí al once maldito tendré que echar mano de las tisanas mientras sean eficaces, y de las pildoritas de hierbas de farmacia luego, y de la química que receta el médico si finalmente no consigo acallarla.

Cada año encuentro actividades para engatusar la angustia y mantener mi mente concentrada en otra cosa. No me sirve razonar conmigo misma que eso de organizar el tiempo en horas, días, meses y años es una construcción humana, que es ilógico que me duelan más unos momentos que otros, que no deberían afectarme los aniversarios.

Pero van y me afectan.

Aunque este sea el decimosexto.

Y no puedo esconderme tras artículos sobre literatura, o gramática, o usos lingüísticos. Me toca escribir aquí lo que hago a escondidas en otros cuadernos vitales. Que me falta Rodrigo. Que nos lo robaron unos canallas asesinos y hemos tenido que reconstruir nuestras vidas sin él. Y que a veces hasta podemos pasar por una familia corriente. Pero no. Que éramos cuatro y desde hace dieciséis años somos tres.

Durante quince cursos he tenido mucho que corregir y preparar. Este acallo el dolor y el miedo escribiendo. O haciendo presentaciones (gracias, Moncho, de corazón).

También tendremos que ir a actos institucionales que nos agotan emocionalmente, que nos sacan de nuestra zona de confort pero consideramos indispensables para mantener la memoria de lo sucedido. Y para devolver el afecto que se nos muestra.

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Viernes 14 de febrero de 2020

Empiezo el día de San Valentín, festividad comercial a la que nunca hice caso, recordando a mis padres, que siempre lo celebraban, y a mi querido Rodrigo que le compró un detalle a su novia el único febrero que unos desalmados le permitieron vivir con ella.

Ando triste y ansiosa, como siempre por estas fechas que rondan el aniversario. Sin obligaciones laborales que me distraigan, y además con retos que me sacan de mi zona de confort, pero dispuesta a todo con voluntad clara y firme.

Hoy por fin vuelvo a mi Taller de Proyectos, pocas sesiones voy a poder seguir estas próximas semanas, sin embargo me motiva y consuelan esas sesiones. Por eso persevero, ay, con rima interna incluida.