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Jueves 13 de febrero de 2020

Hoy viene L y como siempre, me incomoda. Aunque debo reconocer que luego, cuando veo todo recogido, me pongo contenta. En fin, provecharé para reubicar trastos en la buhardilla.

Después de una semana de escritura intensiva y de redactar seis finales distintos, creo que he revisado Nina definitivamente. O al menos la dejaré reposar otro rato, a ver si ahora me convence.

Ahora me lanzaré de nuevo a mi segundo proyecto. Para mañana tengo texto más que de sobra, pero hay que seguir avanzando.

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Miércoles 12 de febrero de 2020

Hoy despierto tardísimo, a las once. Después de una noche en blanco he tenido que dormir media mañana. La ansiedad empieza a afectarme. Pero no me amilano, tengo la suerte de poder quedarme durmiendo. Una ventaja más de mi nuevo estado de pensionista.

La dieta avanza despacio, pero va. He escrito cuatro finales distintos para Nina. Y tengo parada la escritura de la siguiente novela por una nueva crisis del síndrome de la impostora. Hoy le daré un nuevo empujón, porque ayer estuve solo viendo vídeos y haciendo compras.

Veo que voy a faltar varias veces a mi Taller en las próximas semanas y me apena el desastre. Pero es lo que hay, que en estas fechas surgen muchas obligaciones que ni puedo ni quiero orillar. Y todo lo hago por la memoria digna de nuestro Rodrigo y la denuncia de lo sucedido.

Ah, y no se nos olvida que hoy hace quince años que murió nuestra Nurya. No llegamos a conocerla pero la llevamos en el corazón ♥

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Martes 11 de febrero de 2020

Llevo tres días rehaciendo el final de mi primera novela. Hoy ya me propongo dejarla reposar otro poco y volver a mi segundo proyecto, que ni siquiera tiene título.

Poca cosa más puedo escribir, bueno, sí, que ayer me hice el carné de la biblioteca municipal y saqué tres libros. Pregunté por el club de lectura, que estaba lleno y hay que solicitar en septiembre, y ando descubriendo cómo bajar pelis online de eFilm ahora que por fin ya tengo ese carné.

A veces siento que mi vida se ha vuelto irrelevante desde que me jubilé. Pero la verdad es no me apetecería nada volver al estrés de las clases. Luego comprendo que estoy mucho menos agobiada, y muchísimo más saludable y feliz. Supongo que todavía no he aterrizado del todo en mi nueva situación.

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Lunes 10 de febrero de 2020

Aquí sigo, preocupada por la brevedad de cada día, sin llegar a una rutina que me convenza emocionalmente. La última semana, sin Taller de Proyectos, me resultó demasiado anodina. Está claro que necesito un poco de actividad y de interacciones para que la vida no se me haya bola.

El efecto aniversario empieza a agobiarme. No sé si me iré por ahí de marcha, para romper el maleficio. Miro unas cuantas cosas y decido.

Por último, apunto que la dieta va regular, que llevo días con el peso estancado. Es que estoy en ese mismo peso que me ha costado siempre rebajar. Pero resisto. No me rindo. Y cuando vayamos a Asturias, ya veremos.

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Domingo 9 de febrero de 2020

Ayer fue otro día sin mucho fuste. Sé que se casaron JC y L, amigos de los chicos, porque nos lo contó G. Nosotros, mientras tanto, nos pasamos por el barrio. Toda la mañana invertida en eso. Por la tarde picoteamos un par de series. Y ya.

Nada del otro mundo. A ver si hoy puedo escribir un poco.

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Sábado 8 de febrero de 2020

Poco tengo que contar hoy, tras un viaje fallido ayer a mis Proyectos Narrativos y una tarde de series con Vota Juan.

Sin mi clase favorita la semana se me vuelve anodina, tristona y plana. Con esa serie recupero el gusto por un buen guión y unos personajes verosímiles.

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Viernes 7 de febrero de 2020

El tiempo sigue galopando deprisa. Cada día me sorprende su marcha rápida, no me acostumbro. Llevo 227 días seguidos anotando cosas aquí. Ya no subo imágenes para no sobrecargar la bitácora. Continúo buscando la serenidad. No sé si la consigo.

L ha venido ya tres veces y estoy contenta porque ha limpiado a fondo el sótano, la cocina y el salón. La cocina sacando los trastos de los armarios, menos mal. Porque para lo común ya nos valemos bien nosotros. La necesito para las limpiezas más duras, ahora que me hago mayor y mi espalda y mis manos no son las de antes.

Escribo mucho. Me doy márgenes de entretenimiento, pero es lo que más hago. Llevo unas 6000 palabras, tampoco es que avance muy rápido. Voy a a mi estilo, revisando y puliendo los previos cada vez que me pongo.

La dieta va muy estancada, así que me he dado un margen de proteínas naturales, a ver qué tal, si se hace más llevadera. Y con vistas a los días en Asturias.

Ya dentro de poco. Tres presentaciones. Este Monchu, que me las ha conseguido, qué majo es.

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Jueves 6 de febrero de 2020

Otro día más y otra mañana de limpieza, con lo poco que me gusta. Aunque solo superviso lo que hace L y es bastante discreta, me incomoda siempre tener alguien ajeno en la casa. Da igual los años que pasen, no me gusta. Manías mías, supongo con rima interna.

Son las siete menos cinco. Tengo cosas que hacer y que escribir. También que reubicar, aprovechando el ambiente limpiador de todos los jueves. Pero antes de nada, un bañito agradable, para empezar con nuevas energías.

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Miércoles 5 de febrero de 2020

A estas alturas de calendario es cuando más me agobia comprobar el tempus fugit. Son las odiosas aproximaciones al 11 de marzo. Da igual que sean ya dieciséis años, los aniversarios siempre duelen. Siempre cortan hasta las entrañas con su filo hondo.

Este año vuelvo a tener presentaciones en estas fechas difíciles, gracias a mi amigo Moncho. Ha sido tan amable y eficiente como para concertar tres seguidas, en Gijón, Avilés y Oviedo. Serán en la última semana de este mes de febrero.

Así que, en ese sentido, menos mal, tendré la mente ocupada. La ausencia de obligaciones laborales que disfruto ahora podría dejar más espacio a las ideas obsesivas, al dolor y a la pena. Intentaré que no sea así. Pero es un riesgo. Me mantengo alerta, para que no me pille de sorpresa.

Ayer no salí a pasear y esta noche se ha notado la ausencia de ejercicio. Me duele más la espalda y he dormido peor. Hoy será lo primero que haga.

El asunto es que me quedé en casa esperando a que vinieran a recoger unos muebles viejos y luego se me fue el santo al cielo. Los del ayuntamiento llegaron antes de lo previsto, menos mal que no me había ido, y como JC ya los había dejado fuera, fue cuestión de un minuto. Pero aun así tuvo su saborcillo amargo.

Me dio nostalgia. Y hasta un poco de miedo. Porque desechar el dormitorio de nuestros últimos treinta años, la mitad de nuestras vidas no se hace todos los días. Es otro ejemplo de tempus fugit, de la ausencia de nuestros hijos, del envejecimiento que nos acecha, de cambio, de que nada dura…

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Martes 4 de febrero de 2020

Otro día, otra oportunidad de seguir haciendo cosas. No me pesa el tiempo, al contrario, se me va demasiado deprisa. Ayer, por ejemplo, escribí mañana y tarde, con unos pocos paréntesis de obligaciones domésticas, y esas horas me parecieron un suspiro.

Escribí poco más de dos mil palabras, no mucho, a pesar de mi esfuerzo. Y me pregunto si lo suficientemente interesantes como para que un lector quisiera seguir leyendo. Esa es la incógnita de la tarea escritora, la apuesta de esfuerzo y tiempo por un buen resultado posible.

Me planteo también si merece la pena el esfuerzo de redactar un artículo a la semana para que lo lean cuatro amigos. De momento, aunque tengo temas posibles en la cabeza, no me apetece escribir nada más para esa bitácora. Dejaré que mis sensaciones fluyan. A ver qué tal.

En fin, son las seis y media, JC se prepara para el trabajo y yo ya me leí los periódicos. Se espera un día agradable de hasta 18°C.

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Lunes 3 de febrero

Empieza otra semana y mi objetivo está puesto en escribir. La dieta sigue estancada, incluso después de dos noches sin antiinflamatorios. Tengo por delante todavía largas horas de recolocar trastos en la buhardilla, ir a la peluquería y a la compra, leer… Demasiadas cosas. También me he propuesto escribir a mano una página cada día, con una técnica bastante surrealista, sin revisar, sin pensar, solo dejando que fluya el subconsciente.

Total, que ando escasa de tiempo para todo.