Publicado en diario del confinamiento, reflexiones

Jueves 30, último día de abril de 2020

Seguimos confitados, en mitad de la séptima semana. Son las 7:53, así que llevo cincuenta minutos leyendo noticias.

Mi rodilla y mis dolores articulares están mejor debido a la ingesta de antiinflamatorios. Pero llevo dos días sin bici y sin baile. Me preocupa subir de peso. Y más sabiendo que la dieta va rara, basada en los yogures sobre todo, que me arreglan el estómago revuelto y lo protegen un poco de la medicación.

Tengo ya cuatro o cinco presentaciones PowerPoint terminadas. Y planes para las siguientes. Me falta ponerles voz y convertirlas en vídeos. He decidido esperar a tener más visión de conjunto para acometer esa fase. De momento, entonces, sigo elaborando material sin audio.

Tiendo a estresarme y querer que esté todo terminado. Me impongo a mí misma la idea de que el proceso pueda ser divertido y todo lo largo o lento que sea necesario. No hay plazo. No me come la urgencia de antes, cuando tenía que resolver sobre la marcha porque los alumnos debían ser atendidos.

Supongo que en estas circunstancias de confinamiento tendría un público potencial que más tarde puede que no exista, pero no van por ahí mis intenciones. Pretendo algo de más calidad que los vídeos que veo en YouTube, grabaciones de profes escribiendo y explicando ante una pizarra.

Y, sobre todo, quiero algo estructurado y completo. Que parta de lo más sencillo y llegue a la máxima complejidad, que abarque todo el espectro, que permita empezar de cero. Pretendo un método, no unas lecciones sueltas. Mi método. El que fui perfeccionando a lo largo de mi carrera docente y apliqué a mis alumnos con tanto éxito. El que les llevaba a pedirme que lo subiera a las redes porque era fácil y eficaz cuando me decían «Profe, hazte youtuber».

El próximo sábado empezamos desescalada. Para mi cumpleaños. No sé si me convendrá salir con mi lesión, pero acepto el regalo. Son las 8:14, me lanzo al nuevo día.

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Miércoles 29 de abril

Ayer salí a hacer la compra y me pareció que había mucha más gente que otras veces, tanto en la calle como en el hípermercado. También que los precios de los alimentos habían subido unos céntimos más. Lo malo fue que me hice daño en una rodilla. Se me ocurre que por empujar un carro muy pesado, aunque podría ser por caminar deprisa. Hoy todavía me encuentro dolorida. Va a ser largo.

Son las 7:40. Hace sol. Se espera calor de verano para el fin de semana. Y que sea posible salir a hacer deporte. El día de mi cumpleaños ese iba a ser mi regalo, pero ahora me temo que mi rodilla izquierda no estará muy de acuerdo.

Tengo hechas tres presentaciones, no he avanzado nada, toca escribir. Pero tengo más en mente y me ilusiona el proyecto. Tiendo a estresarme y querer ir deprisa, sin embargo debo mantener calma y compostura. Si pretendo que sea mi legado profesional, debe estar pulido y muy meditado. Y perdón por la rima.

En cuanto a la novela, reescribí un capítulo clave. Y avancé dos caras más del siguiente. En estos momentos siento que hago un trabajo aburrido y extenuante, que pico piedra. También que mi texto es una birria que no merece ni existir ni mucho menos ser continuado.

Supongo que es un sistema de autodefensa del yo para no tener que esforzarme más. Supongo que ser escritor supone ser persistente más que otra cosa. Tampoco es que yo me considere una escritora. No todavía. Tal vez más adelante. O nunca. Incluso habiendo conseguido una editorial, ese milagro que no termino de creerme del todo.

Ya hay seis flores de orquídea. Y una cala en la jardinera. El espino, muy podado en febrero, echó sus nuevas ramas y se ve verde y renacido. Me lanzo de nuevo a la tarea. Hoy nada de bici o de bailar. Buenos días.

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Martes 28 de abril de 2020

Llevo más de un mes sin salir a la calle. Todo abril. Qué extraño. Hoy me propongo ir a la compra, que nos queda poca comida, aunque solo si me siento lo suficientemente bien.

Porque ayer comí un preparado de verduras congeladas que me supo riquísimo pero que tenía guisantes. Los suficientes, supongo, para que se activase mi maldita intolerancia a las leguminosas. Me sentó fatal. Amanezco, de resultas, con los ojos inflamados, después de más de doce horas de hinchazones varias.

Son las 7:17 y ya no tengo lectura pendiente. Me leí una trilogía en esta última semana. Un bestseller mediocre, creo que ya lo apunté algún día de estos, pero que ha conseguido distraerme y tenerme bastante entretenida: La villa de las telas. Es una cierta imitación de Downton Abbey, ambientada en la Alemania de la IGM, entre 1914 y 1925.

Muestra una familia más industrial y burguesa que noble, con menos líos y más previsibles que la serie imitada, y que resulta bastante blanca, mullida y convencional. Por supuesto narra en paralelo la vida de los señores y de la servidumbre, con cocinera de carácter, ama de llaves, lacayo, ayudante de cocina, doncellas y jardinero.

Las tres novelas tienen un fondo romántico soso, tendente a chiklit, de mujeres con cierta tendencia a un empoderamiento discreto. Madre y dos hermanas, como la serie británica, y una cuñada procedente de un orfanato hacen el elenco femenino. Todas sus cuitas son siempre amorosas, con tendencia a escandalizar a una sociedad puritana de provincia, pero poca cosa para la mentalidad actual. Padre e hijo basculan entre los problemas conyugales y los de dirigir una empresa que los absorbe demasiado. Solo durante la guerra las mujeres asumen algunas obligaciones de gestión masculina, que pierden en cuanto los hombres regresan del frente.

Como tantas trilogías últimamente, lo interesante y de cierta originalidad está en la primera novela. Tiene una gran carga narrativa, con un amor imposible, el estallido de la I guerra mundial y sus consecuencias sociales y personales. La segunda novela aprovecha que los personajes, el ambiente podían dan de sí para unos años más de conflictos personales muy parecidos. Pero ya la tercera tiene que tirar de los niños y hasta de una leve trama negra para rellenar la trama.

El final, casi anodino, es al estilo comedia del siglo de oro, ubicando a cada oveja con su pareja y haciéndonos intuir que los años siguientes hubo más de lo mismo, una cotidianidad feliz que ya no se merece ser reseñada.

Llevo 308 días seguidos escribiendo este diario y he decidido que la reseña hoy puede servirme como artículo para mi bitácora literaria. Son ya las ocho. Buenos días.

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Lunes 27 de abril de 2020

Ayer fue el primer día en que los niños pudieron salir a la calle. Por lo que cuentan las noticias del comportamiento poco cívico de algunos ciudadanos, el confinamiento estricto fue una medida más que necesaria. Mucho compararnos con otros países para criticar a los que mandan, pero poco para imitar la disciplina de sus habitantes.

Aunque el ministro de Sanidad, Salvador Illa, ha dicho que en general el comportamiento estaba siendo bueno y que, en todo caso, tomarían medidas si se comprueba que no es así, son muchos los que han mostrado su indignación. En fin, esperemos que no haya que volver a empezar. Lo explica bien una sanitaria:

Twitter (@dharmadue): QUE PUTA VERGÜENZA! No me mato a trabajar en la Uci para cuidaros para que el primer día q podais salir seais unos IRRESPONSABLES. Si os dierais un paseo x la uci, no estariais con vuestros hijos tan tranquilamente en la calle mil horas sin distancias”.

Nosotros, sin embargo, seguimos enclaustrados. En mi caso llevo cuatro semanas, desde el 23 de marzo. Iré a la compra mañana. Y es posible que nos dejen dar paseos para primeros de mayo. Con un poco de suerte para mi cumple.

Leo, hago presentaciones, y volveré a escribir en un rato. Son las nueve. Hay sol entre nubes. Ha florecido una cala y las orquídeas tienen ya cuatro, dos púrpura y dos leonadas.

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Domingo 26 de abril de 2020

Son las ocho. Escribo la fecha y compruebo que se acaba abril a marchas forzadas. No creo que este confinamiento llegue mucho más allá de mediados de mayo. Aunque la desescalada sea paulatina, espero que podamos dar una vuelta, que es lo que más echo de menos.

Hace un mes que no salgo de casa, ni a la compra, ni siquiera a tirar la basura. Siento inquietud. No quiero seguir confinada, pero tampoco que se acabe esta situación tan curiosa. La casa me ha arropado y es un lugar seguro. ¿Qué me espera ahí fuera? Son sensaciones contradictorias.

He empezado a trabajar en PowerPoints sobre mi asignatura. Por fin tengo una idea técnica que puedo controlar medianamente. No sé cuánto tardaré, no tengo prisa y sí toda mi jubilación por delante para dejar mi modesto legado profesional. Voy solventando detalles sobre la marcha lo mejor que puedo, disfrutando del trayecto, además.

Por dejarle un espacio y por cambiar de actividad, he decidido escribir de lunes a viernes. Hago, en cambio, las presentaciones durante el fin de semana. De momento es picar piedra. Hasta que no tenga una buena cantidad de material no sabré cómo articularlo todo junto. Y entonces entraré en las cuestiones de sonido. Eso también tendrá sus dificultades, así que voy a estar de lo más entretenida.

Como siempre, leo noticias. También ando enganchada a una trilogía de novelas de calidad bastante mediocre, aunque entretenida. Me hacía falta sumergirme en otros textos además del mío. Después de varias novelas de los cincuenta y sesenta, de autores muy reconocidos, me viene bien la levedad de un bestseller. Incluso con sus defectillos de traducción.

Sigo bien mis entrenamientos y la dieta. Empiezo a vislumbrar la salida de este encierro y me apena que JC tenga que regresar al trabajo, me apetecía compartir ya con el tiempo todo el rato. Será pronto, esperamos, en cuanto él también se jubile. Este confinamiento nos ha servido para hacernos una idea de lo que podría ser. Y nos gusta. Excepto el encierro, claro.

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Sábado 25 de abril de 2020

La monotonía se ha apoderado de nuestras vidas. Entretenemos los días con lectura, películas, charla y actividades variopintas. Parece que uno se puede acostumbrar a todo. Aunque subyace un miedo subconsciente, vivimos en una jaula de oro.

Pienso en Ana Frank y su diario, que tanto me impresionó en la adolescencia. Hoy entiendo más vivamente, por mis propias sensaciones, lo que pudo significar para ella. Qué horror. Y qué mal desenlace.

Aquí estamos. Seguimos.

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Viernes 24 de abril de 2020

Hoy tengo Taller de Proyectos Narrativos. Yupi. Sigo adelante con la novela. He terminado un capítulo difícil, a ver qué les parece a los compañeros. Y se me ocurren nuevas tramas con los mismos personajes y ambientación, aunque cambiando la época. Estoy animada al respecto.

Además he descubierto una youtuber que explica cómo hacer vídeos didácticos con elementos con los que me siento cómoda. Ha surgido con el confinamiento, pero es algo que llevaba yo buscando y me viene fenomenal. Tengo que dedicarle tiempo este finde, a ver si me cuadra con todos los materiales que tengo yo ya elaborados.

Leo. Hago bici. Lo que se va quedando atrás es el baile. Después de dos días en blanco, apenas alcanzamos los quince minutos. Pero, bueno, vamos investigando nuevos pasos que finalmente darán lugar a más movimiento en adelante. O eso espero.

Ayer grabé un vídeo hablando sobre El Quijote para el Día del Libro. No me pareció gran cosa, pero el hecho de que algunos amigos me hayan imitado supone que lo han considerado una buena idea. Y accesible para todos.

Empieza un nuevo día. Son las ocho. Leeré el diario. Hasta mañana.

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Jueves 23 de abril de 2020

Hoy es el día del libro. No olvido que tenía dos presentaciones para el de Rodrigo por estas fechas. A saber cuándo se podrán volver a hacer presentaciones.

Son las 7:40, he vuelto a mi costumbre madrugadora. Tal vez haga alguna cosa para celebrar el día. O solo me ponga a escribir. No lo sé.

Mañana tengo Taller y solo he escrito un capítulo, menos de dos hojas. Debería avanzar. Y leer el periódico.

Hace un día bonito. De momento no llueve, aunque las previsiones son que lo haga. Ayer eran de sol y estuvo nublado a rachas. Tenemos buena temperatura, en todo caso.

Supongo que nos dejarán salir un poco a partir del día 10. Este domingo los niños y sus padres podrán dar paseos, por eso creo que ya pronto nos dejarán también a los adultos. Es lo único que echo especialmente de menos.

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Miércoles 22 de abril de 2020

Son las 9:29, me dormí tarde, enganchada a los primeros capítulos de Stargate Atlantis. Todavía no he leído el periódico. Se me acumula el trabajo. Jajajajaja 🤣

Sigo con la dieta. La llevo bien, con tranquilidad. Sigo escribiendo. Ando ahora en un capítulo complicado, porque no me gusta matar a un personaje, pero es lo que toca. También continuamos los entrenamientos físicos de bici y bailes. Se notan ya los resultados, nos sentimos más ágiles y resistentes.

En la jardinera de delante la camelia ya no tiene sus hermosas flores de color rojo. Fueron muchas, duraron seis semanas, pero ya terminó. Sigue hermosa, sin embargo, con el brillo de los verdes porque está echando hojas nuevas. En cambio, en el porche, las orquídeas empiezan a florecer. Ayer tenía dos nuevas, una leonada y otra púrpura. Habrá que verlas hoy. Llevan semanas de retraso, como ya dije en as alguna entrada anterior, esta primavera está resultando más lluviosa.

Hoy amanece soleado, ya veremos si no termina lloviendo, como en tantos días previos. Por cierto, funciona el arreglo del tejado que hizo JC. Una maravilla. Aunque no puede ser muy permanente, aguantará hasta que lo hagan profesionales. Otra cosa es que finalmente podamos hacer la obra que tenemos apalabrada para julio. No solo porque sea permitida para entonces, sino porque los mismos operarios puedan. Se me ocurre que algunas obras anteriores o a medias puedan tener prevalencia.

En fin. Nueva jornada vital. En una jaula de oro. Confinados, sí, pero también contentos de estar juntos. Me lanzo a la vorágine. Buenos días.

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Martes 21 de abril de 2020

Son las 7:29 y llevo despierta más de una hora, con dolor de cuello y de hombros. Me he tomado un ibuprofeno con un té para calmarlos, así que, como efecto secundario, me entrará una somnolencia incómoda. Pero no creo que pueda dormir el rato más que me vendría bien para rematar el descanso nocturno.

Ayer hubo un problema con la entrega de comestibles que encargamos para Ela. Se solucionó solo porque se basaba en un malentendido inicial, porque los intentos de contactar con el servicio de atención al cliente fueron inútiles. Lo peor para mí, personalmente, estuvo en la impotencia, y en que me alteré un montón.

Y es que estoy bien en apariencia, tranquila, hasta contenta de tener a JC a mi lado todo el tiempo. Pero este estado de alarma es un estresor subterráneo. Y la ansiedad y la frustración saltan a la mínima. Por detalles nimios, que en otras circunstancias serían anecdóticos y solo dignos de chanza.

Menos mal que JC es paciente, y amable.

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Lunes 20 de abril de 2020

8:12 de otra mañana en confinamiento. He dormido más horas esta vez. Anoche me tomé un ibuprofeno para la espalda y la artrosis de los dedos, que me viene bien además para dormir, porque me da sueño. Luce un bonito sol. Va a ser un día precioso.

Ayer acabamos Siete vidas y me dio pena. Como si despidiera a unos amigos. Es verdad que llevábamos meses viéndolo cada noche, justo para pillar el sueño. También que era una serie que veía Rodrigo y siempre me lo recuerda. Por último, que en el aislamiento de estas últimas semanas estamos más sensibles y hasta nos parece que esos personajes nos han hecho compañía y que se habían colado en nuestra casa. Es que trece temporadas de trece capítulos cada una dan para muchas noches…

Sin embargo no nos arrugamos. Volvemos a Stargate Atlantis. Es lo suficientemente entretenida como para empezar de nuevo, pero también la tenemos ya bastante vista como para que no nos atrape el argumento y nos permita dormir.

Empieza nueva semana. Sábado y domingo los marcamos de forma diferente viendo sendas películas de los últimos tiempos, Terminator: Dark Fate el sábado y 1917 el domingo. Los días corrientes hacemos otras actividades, bailamos boleros (por eso tengo música de Los Panchos en la cabeza todo el rato) y vemos Cámera café. Lo que nunca dejamos, excepto lesión, es la bicicleta estática.

Otro asunto del que no he escrito son los malos pelos que se nos están poniendo después de tanto tiempo sin peluquería. Fuimos justo antes del viaje a Asturias, así que hace dos meses ya. En mi caso estoy acostumbrada a teñirme sola, así que no tengo problema en el color. Otra cosa es que la forma de la melena se esté descompensando porque las capas han crecido, y que el flequillo se vea también un poco raro. Pero gracias a que mi pelo se riza, el conjunto no queda mal.

Respecto a JC, tuve el valor de recortarle el pelo. Muy levemente, solo la capa de debajo del flequillo, y las patillas, que estaban patibularias. Para mi sorpresa, ha quedado bien. Está muy abundante, parece la melena de hace treinta años, pero da un aspecto aseado, que era lo que pretendíamos. Va a ser un cuadro cuando todos nos veamos en la calle con estas pintas. Jajajajaja.

Hoy, me avisa WordPress, número redondo de escritura continuada: 300 días anotando en esta bitácora. Nuevo récord personal.