Ayer salí a hacer la compra y me pareció que había mucha más gente que otras veces, tanto en la calle como en el hípermercado. También que los precios de los alimentos habían subido unos céntimos más. Lo malo fue que me hice daño en una rodilla. Se me ocurre que por empujar un carro muy pesado, aunque podría ser por caminar deprisa. Hoy todavía me encuentro dolorida. Va a ser largo.
Son las 7:40. Hace sol. Se espera calor de verano para el fin de semana. Y que sea posible salir a hacer deporte. El día de mi cumpleaños ese iba a ser mi regalo, pero ahora me temo que mi rodilla izquierda no estará muy de acuerdo.
Tengo hechas tres presentaciones, no he avanzado nada, toca escribir. Pero tengo más en mente y me ilusiona el proyecto. Tiendo a estresarme y querer ir deprisa, sin embargo debo mantener calma y compostura. Si pretendo que sea mi legado profesional, debe estar pulido y muy meditado. Y perdón por la rima.
En cuanto a la novela, reescribí un capítulo clave. Y avancé dos caras más del siguiente. En estos momentos siento que hago un trabajo aburrido y extenuante, que pico piedra. También que mi texto es una birria que no merece ni existir ni mucho menos ser continuado.
Supongo que es un sistema de autodefensa del yo para no tener que esforzarme más. Supongo que ser escritor supone ser persistente más que otra cosa. Tampoco es que yo me considere una escritora. No todavía. Tal vez más adelante. O nunca. Incluso habiendo conseguido una editorial, ese milagro que no termino de creerme del todo.
Ya hay seis flores de orquídea. Y una cala en la jardinera. El espino, muy podado en febrero, echó sus nuevas ramas y se ve verde y renacido. Me lanzo de nuevo a la tarea. Hoy nada de bici o de bailar. Buenos días.