Tengo varios asuntos en marcha, el estrés de coordinarlos y el enfado por los obstáculos que provocan los estúpidos.
Ya lo dice el refrán: De los tontos líbreme Dios, que de los listos me libro yo.
En fin, es triste, pero intentar explicarles el porqué de las cosas es como darles margaritas a los cerdos. Los bobos no entienden razonamientos, de ninguna índole, solo les suenan a disculpas.
Conclusión: no hay que gastar saliva en ellos. Órdenes simples para sus mentes simples. Y punto.
Así me veo últimamente, haciendo equilibrios y con el tiempo medido. Menos mal que voy cerrando pendientes. Ya tengo casi todo organizado: bitácoras y sus PHP, actualizaciones, viajes, salidas, quedadas, comidas, exposiciones y jornadas… uff. Pero ¡¡qué estrés!!
Volvimos a casa en plena ola de calor, con 42°C en la calle y 31 en nuestro dormitorio. Sólo pudimos soportarla escondidos dentro y con el a/a.
Sigo trabajando la exposición de la Aso. Me está llevando muchas horas, aunque finalmente creo haber dado con el formato necesario y por fin veo luz al final del túnel.
Hoy es el cumpleaños de G y comeremos juntos. El pobre ha estado pachucho, con un resfriado veraniego desagradable y áspero. Ojalá hoy esté medianamente recuperado.
Han bajado la temperaturas, por fin, y puedo reorganizar las múltiples tareas pospuestas. A ver si dura la tregua lo suficiente.
Y a ver si en septiembre me llaman de alguna editorial. Cruzo los dedos.
Es duro asumir que ni siquiera en estos pagos, perdidos en los valles más al oeste de Asturias, nos podemos sustraer a las olas de calor.
Aunque vinimos aquí con esas pretensiones, me temo que no hay ya refugio climático posible en nuestro país. Los días han sido más tórridos de lo que creíamos. Y menos mal que por las noches refrescó lo suficiente como para poder dormir serenamente.
Mañana regresamos a casa, si los múltiples incendios no lo impiden. De momento, parece que nuestro camino de vuelta está libre.
Es nuestra costumbre evitar las multitudes del verano y viajar en las otras estaciones. Con la Aso, al menos hasta que nos organicemos bien, los viajes se han reducido al mínimo. Cachislamar.
Ahora mismo, resistimos gracias al a/a. Volveremos a salir brevemente, aprovechando el cierre total. Pero nos cuesta no poder disponer de los días, como antes. Y mucho más si hay gilesdeloscandiles protestando de todo. Mis maldiciones.
Seguimos por responsabilidad. Si alguien no lo entiende, es su problema. Si cree que nos mueve afán de poder o de gloria, porque no entiende la filantropía, solo retrata su mezquindad y su pobreza de espíritu.
Hace calor, elaboro un trabajo denso. Mientras me alcance la fuerza.
Ya estamos en casa, y hoy, qué suerte, puedo teclear en mi PC de la buhardilla, aprovechando los últimos minutos de fresco. Este finde descansaremos, pero luego, todavía, quedan varias jornadas de trabajos variopintos. Hasta que llegue la desconexión absoluta, que nos vendrá estupendamente, de una quincena de agosto.
Hace un calor denso, que ralentiza mis neuronas y me pone la cabeza como un bombo. Ahora mismo me rondan ya los malestares de falta de concentración, espesor mental y pocas ganas de moverme. Así que me voy.
Cerraré las persianas y me refugiaré en el salón, donde, espero, todavía podré disfrutar del airecillo agradable que se ha levantado hoy.
Se desplomó un calor sofocante de verano y 35 grados después de las lluvias. Estuvimos tres días de Memoria Histórica y Jerte. Y, entre tanto, el flemón que ya anuncié, (una vieja endodoncia medio destruida), tuvo que ser combatido a lo grande. Con una operación compleja, plasma para recuperar hueso y dos puntos de sutura. Lo más curioso y emocionante: que la dentista que me operó es una antigua alumna y que coincidí con ella de pura casualidad, porque justo cambiaba de trabajo en ese entonces. Una serendipia luminosa en medio de la locura vital de los últimos meses que agradezco, aunque no sepa a quién atribuírsela.
Eso sí, tendré la encía dolorosa y sensible durante semanas, y el hueco del premolar desaparecido seguirá a la vista más tiempo de lo que me gustaría. Qué horror. Porque es que no me acostumbro. Ni al tacto incómodo del paladar, ni al aspecto desaliñado que produce. Si sonrío se ve mucho, así que tendré que estar seria y circunspecta, sin remedio.
Y en esa crisis estética en que me hallo, tampoco ayuda mi pelo. Porque está en plena transición a canas, con unos centímetros blancuzcos que maquillo cada día, y los medios y puntas de color rojizo. Me esperan tres o cuatro reuniones y actividades de esta guisa. Menos mal que, finalmente, tengo cita para un grey blending en diez días y le veo solución a una parte de este espantoso berenjenal.
Y que conste, finalmente, que ojalá los problemas fuesen siempre de esa índole, incómodos, pero banales. Que no me estoy quejando. Que solo reflexionaba en voz alta.
Han pasado muchas cosas, incluido un apagón de doce horas. Hemos gestionado papeles y asumido obligaciones. Por responsabilidad, pero no por afán de poder o de gloria. Todo lo contrario, nos resulta una carga.
Y entonces ha sucedido lo peor: que se nos ha marchado Ela. Así. Rápidamente.
No lo termino de asimilar.
Intento distraerme con otros asuntos. Por ejemplo: que no tengo noticias de la editorial que pareció interesarse por mi manuscrito. Parecía encantarle, pero no sé nada de ellos. ¿Será que no les ha gustado tanto como creyeron al leer la sinopsis? ¿O es que están muy ocupados leyendo cientos de manuscritos una vez acabado el plazo de presentación? Vaya usted a saber.
Luego regresa la terrible inevitabilidad de la muerte. Y un cansancio sicológico intenso. Y hasta un flemón (creo que es la primera vez en mi vida, debe ser que con la dieta estoy especialmente floja).
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