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Poco nuevo que contar

Las cosas siguen adelante sin estridencias. Y nosotros continuamos con ellas, en casa, huyendo del calor y de las multitudes.

Dieta cuidada, algún paseo, y todo el tiempo dedicado a conseguir desconexión emocional y física.

Confieso que escribo poco y que leo apenas más que los periódicos. Solo busco relax mirando el jardín. Y compartir con JC comidas sencillas, pelis y series.

Vivimos inmersos en un suave y cómodo estoicismo vital.

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Demasiado tiempo sin apuntar nada aquí

Últimamente escribo cada diez días. Qué barbaridad, es que se me pasan las horas sin sentir, solo descansando. Pero no ha sido mala práctica. Ahora ya me siento mucho más animosa y dispuesta, después de unas semanas de agotamiento total.

Sigo con mi dieta. Bajo de volumen despacio, y muy poco de peso, pero no me agobio. Por mi cuenta, con tranquilidad, me va mejor. Los complementos que me habían recomendado me sentaban horriblemente, pero ahora, a mi aire, estoy encantada. Duermo bien y me levanto plena de energía. Es cierto que no hago demasiada actividad física, solo caminar. Pero también que ha sido un acierto dejar los ejercicios recomendados, que me provocaron dolores y vértigos. Me temo que los médicos mandan las mismas actividades a todos los pacientes siguiendo su protocolo y sanseacabó. Y yo ya no tengo edad para exageraciones. Ha quedado clarísimo.

Compruebo, también, con alegre estupor que estoy tranquila, que por primera vez en años no me resiento de mi estrés. Hasta el punto de que puedo tomar té de desayuno sin que me altere la teína. Me pregunto si podría ser un efecto de esta dieta. Si algo de lo que no como ahora hubiera dejado de afectarme, sería muy fuerte. Tengo que seguir reflexionando sobre esto, no es baladí.

En otro orden de cosas, quiero reseñar que he leído una novela estupenda, Tea rooms. En muy pocos días. Con fruición, como hacía antes. Echaba de menos el gustazo de devorar una historia. Todo el tiempo que había pasado sin hallar una que mereciese la pena. Y como no es la primera vez que me pasa, empiezo a pensar que el asunto no depende de una supuesta incapacidad mía. Que mi aparente y preocupante desgana se debe a que los textos no me enganchan. No es desidia. Simplemente es que no quiero perder el tiempo con memeces. Porque no me sobra vida para tirarla en libros malos. Porque mis filtros internos se han vuelto más selectivos y exigentes.

Y en cuanto a la escritura, qué lástima, no hubo alumnos suficientes para el curso de teatro que me tanto me apetececía. Mecachis. Pero volvió a salir el de Proyectos Narrativos y ya me enrolé, aunque no empiece hasta octubre. Ahora, en verano, continuaré redactando B81. Y me tocará buscarle editorial a B72. Con paciencia. Como vengo haciendo los últimos años.

Jolines. Esto es lo que pasa por tardar tanto en escribir, que se me amontonan las cosas. Pero hasta aquí he llegado hoy. Pongo el punto final.

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He medio perdido el sentido del tiempo

Una de las últimas fotos en mi aula

Hoy se acaba el curso. Es el segundo que ya no ejerzo. Me sigue resultando raro.

Sé, porque les he visto ayer mismo, que mis compañeros tienen el claustro final. Bueno, los compañeros que van quedando, pues cinco ya no empezarán el 2021-22, por jubilación o por traslado.

Y reflexiono. Dentro de poco ya no conoceré a nadie del centro. Incluso el personal no docente tiene una edad y se irán en breves años.

Y si pienso en mis últimos alumnos, constato que les quedan también poquitos cursos. El próximo harán 4° de ESO y 2° de Bachillerato. Salvo algún repetidor, escaso margen habrá ya de chicos que me pudieran conocer 🙂

Pero no me quiero dejar llevar por la melancolía. Esta nueva etapa vital la estoy viviendo con la máxima consciencia. Y la estoy disfrutando, a pesar de la COVID-19 y los confinamientos. Es verdad que sigo tendiendo al estrés, lo sé, y a exigirme en demasía. No me resulta fácil ser más autoindulgente. Pero lo intento. Y a veces, incluso, lo consigo.

En todo caso, me encuentro mucho menos cansada que en mi anterior apunte. Me he enrolado en un par de actividades veraniegas y estoy animosa y feliz.

En cuanto a NINA se sigue vendiendo bastante bien, la editorial está contenta. El verano será un parón, pero para el otoño intentaré presentarla en sociedad. Ojalá todo vaya bien 😉

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Una crítica a NINA que me llega al corazón

Añado aquí la PRIMERA CRÍTICA de mi humilde novela, que me llega en Instagram. Mil gracias a Victoria, una amable lectora desconocida, joven, acostumbrada a tochos mucho más largos (por lo que dice y por las fotos de sus otras publicaciones).

🖼️ Nina es uno de los libros que más he disfrutado leyendo este año. Terminé la novela esta madrugada y aún sigo pensando en ella.La historia de Nina y Sofía (y Alma) te atrapa desde la primera escena. La prosa de Marisol es tan bonita que es una maravilla leer cada página. La vida de Nina es muy dura, transcurre durante la Transición. Sus diarios te transportan hasta aquellos años y a través de las palabras de Nina es como si estuvieras allí con ella. Porque Nina te atrapa y no te suelta, es uno de esos personajes en los que sigues pensando después de haber cerrado el libro. La forma en la que Sofía, la melliza de Nina, va descubriendo la verdad sobre su hermana (y su familia) es desgarradora. Me ha gustado mucho cómo se han ido intercalando las historias de las dos hermanas en diferentes épocas. La novela también nos recuerda la importancia de la memoria histórica. En definitiva Nina es una novela que merece muchísimo la pena, que te atrapa y no te suelta. Es cortita, se lee en un suspiro y te acaba dejando con ganas de leer todo lo que escriba la autora.

Lo que cuenta tranquiliza un poco mi agobio, pero no se va tan fácilmente el síndrome del impostor. Además, se añade a cierta sensación de vacío existencial, supongo que también típico de los escritores. Tantas horas dedicadas a escribir un texto de (50.000 palabras, que tampoco es que sea novela corta), y ya, se ha publicado. Punto.

No sé si es un éxito o es un plof. Además, que ahora todos me esten diciendo que se lo leyeron muy deprisa me desconcierta. Espero que sea más porque resulta ameno que por ser demasiado breve.

En fin, que aquí sigo, a dieta, descolocada, un poco triste… Menos mal que hoy se pasa mi hermanita a buscar sus libros y eso me alegra el día.

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Sensaciones de incomodidad

De pronto se me acabaron los cursos de narrativa, la preventa y la presión de la novela. JC y yo no tenemos viajes previstos, ni vacaciones. Quizá alguna salida esporádica. Vivimos en una rutina de aislamiento. Y me asalta un desánimo raro.

Avanzo poco en la escritura. Apenas llevo 22.000 palabras y me queda bastante por hacer. He parado de subir vídeos de Sintaxis y también se han congelado las suscripciones en 338. Tengo en lontananza apenas una actividad social, que es la jubilación de unas compañeras. ¿Y luego? Me da un poco de miedito lo que queda por delante.

Así que me planteo planificar de nuevo el tiempo, incorporando ejercicios físicos y de meditación. Para mejora de cuerpo y del espíritu. La dieta me deja alicaída, de esta forma pretendo ponerle remedio. Simple y, espero, también eficaz.

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Preventa acabada

Con otros libros de la editorial

El martes tuve mi presentación online y se acabó la preventa. El mismo martes acabé las dedicatorias y el jueves se llevaron los libros los de Correos Express. En teoría debieran haberlo hecho el miércoles, pero no acudieron. Esta oficina va sobrepasada. Los pobres tienen poquito personal.

Supongo que llegaría el viernes a la editorial, aunque vaya ud a saber. Puede que no sea hasta hoy. O el lunes, si no hacen reparto los sábados. Lo de Express es una intención más que una realidad. Pero, en todo caso, la próxima semana mis amigos y lectores la tendrán ya en sus manos.

Amigos, más bien.

Revisadas las listas de compradores, todos son gente cercana. Menos otra autora de la editorial, sé quiénes son todos y cada uno. Excepto una C de última hora, que quizás sea la mujer de M, de Asturias. Los demás son mi círculo.

Espero colocar alguno más entre mis compañeros. Mañana, en la asamblea, no creo que gran cosa, excepto darle la reservada a A en mano. Pero en la jubilación del día 22 ya tengo cinco comprometidos.

Ahora lo que me agobia es que no les guste. Desilusionarlos.

Y escribo. He vuelto a sentir el empuje, después de un tiempo encallada. Y de haberle dado un par de vueltas al punto de vista y al narrador. Con 19.000 palabras, empiezo el segundo día de tempo interno. Contenta porque no se me diluye el tono social, expectante por ver cómo encajará lo más detectivesco.

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Con los libros en casa

Llegaron las novelas en cuatro cajas. Voy redactando dedicatorias, quedo con unos y otros para entregar el libro en mano a los que así lo eligieron. Así llevo desde el cumpleaños de Rodrigo, que me hizo ese regalo al estilo hobbit. Y no me quejo. Es una experiencia curiosa. Por supuesto, también interesante.

Mando por WhatsApp un último llamado a la compra de Nina, porque solo quedan cinco días de preventa. La editorial me envía la lista de los compradores. Y me sorprende leer nombres de antiguos compañeros. Y también la ausencia de algunos que creí que participarían pero no están. Y que me duele que falten.

Varios han respondido que se habían despistado y que agradecen el recordatorio. Otros me desean suerte como fórmula de negativa cortés. Y yo no quiero spamearles más. Cinco amables mujeres del grupo de escritura de la FCPJH, a las que conozco de pocos meses, se sumaron a la causa. Uno del Taller de Personajes. Nadie del de lectura de la Biblioteca. Al final responden aquellos con los que se tiene el contacto más cercano, qué curioso.

Veo pocos amigos de Asturias y solo uno del instituto, aunque habían mostrado interés previo. Supongo, quiero suponer, que esperan a que se los lleve en persona, que prefieren la librería de la esquina, que hacen pereza… La vida del escritor es así. Y yo ni siquiera llego a ser escritora del todo. Me siento como una vendedora de crecepelos, o de fasciculos. Ardua tarea. Y de pronto sé que cada título será más difícil de vender que el anterior. Si es que consigo publicarlos, que esa es otra. Menos mal que no he de vivir de ello.

En medio, todavía, de restricciones de aforo, tengo una humilde presentación on-line. Será a través de Instagram, ni siquiera un Zoom. El próximo martes, justo el último día de preventa. En las que he estado nunca ha habido demasiada gente. No creo que haya tampoco en la mía. La capacidad de publicidad y de distribución de la editorial es muy pequeña. Como imaginaba, se nutre de los amigos, conocidos y familiares que cada autor puede movilizar. Un par de instagramers y dos bloggeras no son tampoco grandes altavoces de los títulos.

A ver si la siguiente autora es algo mejor, porque lo visto hasta el momento me hace sentir fuera de lugar. Qué pinto yo aquí, con mis años y mi técnica. En las dos últimas pasé vergüenza ajena, y comprendí que yo no encajaba, que estoy a años luz de los dos caballeros escritores con los que comparto esta segunda tanda de títulos. En demasiadas cosas.

Y cuento, también, que me quedé perpleja cuando el editor, en confianza y en privado, me agradeció el trato cortés y la profesionalidad. Pero, entonces, ¿cómo se habían comportado los otros? ¿Quizá me equivoqué al firmar con esta editorial incipiente?

En fin, me digo. Es pequeña, sencilla, poca cosa, vale. Pero es lo que pude encontrar. Tampoco yo soy la nueva Isabel Allende. Otros se conformarían aun con menos. Cualquiera de los amigos y compañeros escritores que he ido haciendo en los últimos años. Y, desde luego, ni se me sube el pavo, ni me creo superior, ni menos aún se me ocurre que pueda yo convertirme en una bestseller. A mi edad. En mis circunstancias…

Hago estos pinitos y punto.

ACTUALIZACIÓN: Vaya si sirvió mi último llamado 🙂 Ha sido estupendo. Casi todos los que me faltaban, en mi lista imagianaria, y alguno más que ni llegué a intuir.

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En impresión

Cerré la semana con la noticia de que la novela estaba ya produciéndose. En breve la tendré entre las manos. Me muevo entre la alegría, el estupor y la responsabilidad.

Anoche me comunique con C, alumna excelente, en segundo de Medicina, que la ha comprado. De mi última promoción. También sé de otros amigos que no han podido, por múltiples razones. Por ejemplo, mis queridos amigos Escribidores que viven fuera de España.

Espero que el otoño permita regresar a las presentaciones. Para este título y para el libro de Rodrigo. Ay, ojalá.

Mientras tanto, el canal alcanza los 319 suscriptores y he remozado B72 y lo envié a un concurso. El Taller de Personajes me está resultando muy entretenido. No solo me anima, también me empuja con B81. Y me ha dado la clave de los últimos matices técnicos respecto al punto de vista de ambos. Arriesgado, pero interesante si se consigue hacer bien, creo que más que la equisciencia, me viene bien una tercera persona omnisciente que se tiñe con estilos indirectos libres. Ahí está mi estilo. Por él apuesto. A ver si funciona.

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Mi novela NINA en preventa

Ya estamos en ello, en esa preventa con que la editorial se cubre las espaldas y, a la vez, explora las posibilidades de cada manuscrito editado. Espero no ir mal. Los amigos y la familia se portan, qué majos. Ya veremos cuánto da de sí este sistema. Tampoco es que me vayan a poner en la cúspide de nada, pobres de nosotros. Eso solo pueden hacerlo las muy grandes editoras. Yo me conformo con haber pasado el filtro de dos y con seguir escribiendo.

He enviado B72 a un concurso. Sigo trabajando B81. Mi canal de Sintaxis ronda los 300 suscriptores. No me puedo quejar. Y hoy, por fin, han citado a JC para la vacuna, en el Wanda 🙂

Seguimos. La derechona mentirosa y corrupta ha ganado las elecciones que convocó a su conveniencia. Más leña al fuego. Son los dos años que ya tenían, pero ahora con más facilidades de movimiento para seguir desmantelando lo público con su trumpismo vergonzante. Seguimos, sí. Como podemos.

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Hoy es mi cumpleaños

Hago 62, ya una cifra contundente. Y veinte meses de jubilauta, cómo se pasa el tiempo, qué barbaridad. En fechas como la de hoy me acuerdo de la frase de la bisabuela Estefanía sobre hacerse mayor: «Ay, cariño, hasta aquí llegarás, o la vida te ha de costar».

A la bisa no llegué a conocerla, la anécdota es solo de oídas, pero ha formado parte de mi experiencia vital desde siempre. Es curiosa esa capacidad de transcender más allá de los coetáneos. Y muy breve, supongo.

En los días de cumpleaños, los señaladitos, es cuando más se notan las ausencias. G y B pasarán la tarde con nosotros, en el jardín, al aire libre, por este cumple. Y disfrutaremos de su compañía. Pero siempre nos va a faltar Rodrigo.

Menos mal que él también me hace regalos desde su dimensión. A ver si no es coincidencia curiosa que mi novela salga en preventa justo mañana.

Y con esa lucecita de esperanza continúo el camino. A por otro año y otro libro. Con todas las ganas.